Colombia la guerra que no existe

Colombia, la guerra que no existe

La cápsula del tiempo

La magia de la mirada, la chispa de la comunicación 2.0.

En Buenos Aires,  Julian Gallo, un tipo extraordinario cuyo blog sigo desde hace años mirà, ha ingeniado para el MALBA de Buenos Aires,  La cápsula del tiempo.  Una propuesta, vinculada a las celebraciones del bicentenario de la independencia política argentina, que invita a la gente a responder a una entrevista interactiva sobre su propia vida. Un mensaje ante la cámara y el micrófono en el que cada cual dice de sí lo que quiere,  de corazón, para  que dentro de doscientos años, otros seres humanos sepan quienes fuimos. Una especie de mensaje en la botella, de SOS, que mira hacia el futuro con la esperanza de que este poblado de semejantes.

Preguntas sencillas que abren respuestas  profundas, transcendentales y abiertas, con la mirada, el timbre de voz y las palabras justas de cada quien.

Os invito a ver a la escritora María Kodama al periodista Jorge Lanata. Cualquiera puede contestar a las preguntas y dejar su propio testimonio: Crea tu propia cápsula.

Genial, Julián Gallo. Enhorabuena.

Colombia, la guerra que no existe

El documental Colombia, la guerra que no existe –20´38¨– fue presentado ante los medios de comunicación el pasado día 22 de julio, en Valencia, en la sede de la Universidad Internacional  Menandez Pelayo.  Es mi último trabajo como guionista y directora;  para su realización, conté con la colaboración Latitud Producciones en Colombia y Videogenic, en España . Colombia, la guerra que no existe surge como respuesta a una propuesta de la Mesa de Apoyo por los derechos de la Mujeres  la Paz en Colombia, cuya dirección técnica está a cargo de la ONGD Atelier.

Pelicula producida en españa por Videogenic

De izquierda a derecha, Leonora Castaño, Consuelo Vidal y Llum Quiñonero, el pasado 2 de julio, en la sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Valencia.

Colombia vive una guerra civil sorda y muda que se nombra con otras palabras: conflicto, actores armados, terrorismo, falsos positivos, narco tráfico, seguridad;  no hay generaciones vivas en Colombia que conozcan la paz… todos los días hay muertos en combate y todos los días mueren líderes campesinos, periodistas, defensoras de derechos humanos, sindicalistas… en un goteo inacabable… Los combates y las ocupaciones de los territorios por unos u otros combatientes –guerrillas, paramilitares, ejército colombiano…—desplazan  a miles de personas a diario, generalmente gentes del campo que se quedan sin medio para sobrevivir y huyen para buscar techo en las ciudades: Son más de cuatro millones de desplazados, en su mayoría mujeres que tienen a su cargo a las personas mayores y a los niños y niñas. Ellas son las protagonistas de esta película y la calle, la voz que nos transmite la información de lo que hay. Que cada cual saque sus conclusiones.

Recogimos los testimonios de cuatro mujeres luchadoras, desplazadas, amenazadas de muerte y nos contaron sus esfuerzos en resistir y construir la paz en situaciones de alto riesgo.  Salimos  a la calle en Bogotá a preguntar sobre la guerra: las imágenes y las palabras de quienes contestaron a las preguntan reflejan la confusión en la que vive una parte de la sociedad colombiana que niega la guerra a la vez que considera que la guerra no se va a terminar nunca.  La opinión de la gente no es casual; es el resultado de muchos factores, entre ellos, los éxitos del gobierno colombiano en el frente de la comunicación.

En Colombia, la  palabra guerra no existe.

No lo digo yo, lo dice Uribe, el presidente de Colombia. Lo dice en los medios, lo dice ante los dirigentes de los paises fronterizos, lo dice por la radio, por la televisión; no se cansa de afirmarlo. No hay guerra en Colombia, ni dentro ni con los paises fronterizos… No hay guerra en Colombia. Sin embargo, por doquier se encuentran las víctimas de la guerra que no existe; en cualquier esquina de Bogotá –yo lo pude comprobar– hay testigos de la guerra, víctimas,  defensoras de la paz en los territorios, gentes desplazadas de sus tierras por la guerra que no existe…

Su sucesor, a punto de tomar posesión de su cargo ¿dirá lo mismo? Probablemente sí, porque Juan Manuel  Santos, miembro de una familia de la oligarquía colombiana — propietaria de buena parte de los medios de comunicación en ese país– ha sido hasta la fecha, el ministro de Defensa de Uribe, el ejecutor de las política llamada de Seguridad Democrática, esa política que incentivó económicamente la entrega de guerrilleros vivos o muertos y que produjo –entre otras perversiones– las reiteradas denuncias de los llamados falsos positivos, una contradicción in terminis, una paradoja más de la perversión del lenguaje y de la vida en la sociedad colombiana.

Este documental pretende ser una herramienta más para el debate, una mirada a la realidad colombiana desde el otro lado del poder.

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Freno al delirio de los financieros, reclama Daniel Cohn-Bendit, aquel que en el 68 agitaba por las calles de París hoy levanta su voz en el parlamento Europeo.

Merece la pena escucharle.

El mercado de Valencia

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12 ºC. Soleado. Viento a 3 km/h. Humedad: 86%
Hace unos meses vi un video en you tube  semejante pero con bailarines, en una estación de metro, no recuerdo el país. Hoy, compruebo que las buenas ideas también cunden. Ópera en el mercado de Valencia: descontextualizar, sorprender, enternecer, disfrutar.  Buen día!! Y que la voz nos salga de ese lugar q nos hace grandes.

De puntillas ante la crisis

Alicante, 14ºC. Sol, despejado. Viento NO. Humedad: 29%

Leo en El País, la noticia nada sorprendente de que los altos directivos de las más altas empresas españolas — las empresas del IBEX– han pasado de puntillas sobre la crisis. ¿De puntillas? ¿Han pasado llevándose los cuartos, porque como le ocurría a los monarcas absolutistas, a los tiranos, viven en otro mundo, que para ellos, sí es posible.

Me temo que no hay modo de reformar este sistema que facilita el blindaje de los que más tienen y que son los que determinan, al fin y al cabo, los destinos del resto. Mientras se reclama solidaridad a costa del estado de bienestar, ninguna reforma alcanza a rascarles el bolsillo.  ¿Alguien tiene las gafas de ver cómo va a terminar esto?

Aquí va un video del 2008 que repasa el mecanismo de la crisis. Y es excelente.

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Confesiones

–Soy  Crisis. Nací en tiempo inmemorial, que viene a ser algo parecido a ayer o a mañana. He venido para echar una mano donde haga falta.

Oí sus palabras a pesar de no escucharla. Algo que resonó en mi estómago, me obligó a mirarla y entonces me entró un hormigueo por el tuétano: crisis se apoderó de mi. Lo hizo,  ocurrío.

Ahora, la tengo dentro y me levanto cada día con la boca seca y la sensación de que una fuerza invisible me rodea el cuello y me oprime el torax. No puedo moverme.

Hoy, elecciones generales en Colombia

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En Colombia, el país con más de cuatro millones de personas desplazadas por la guerra, hoy están convocados a votar 29.530.415 personas. Una vez más, la inmensa mayoría de los votantes son pobres de solemnidad, llamados a las urnas, transformadas en un mercado de votos, sobre el que apunta la violencia paramilitar y el narcotráfico. No es nuevo, ni eminentemente colombiano, el sistema del clientelismo político. El sociedades como la española, donde la miseria mayoritaria fue desterrada tras el franquismo, el clientelismo sigue vivo. Pero ¡caray! aquí la presión por el voto es manu militari. Y no solo sufragan con dineros del narcotráfico las campañas, también compran pueblo a pueblo, vereda a vereda a las colectividades y a sus líderes a cambio de un puñado de pesos. Pocos, pero para muchas familias, suficientes para quitarse el hambre de encima un par de días.
Según la Misión de Observación Electoral, MOE, en estas elecciones hay 546 poblaciones en riesgo de fraude.
La periodista, directora de MOE, Claudia López dijo que el mayor riesgo lo presenta la zona norte y suroccidental de Colombia; allí se presentan varias con investigaciones por nexos con paramilitares.
En el norte, en el departamento de Córdoba, el PIN, partido formado por excongresistas encarcelados por sus vinculos con paramilitares se atreve con la amenaza pública Quien no vote PIN recibirá balín, un pareado que no tiene ninguna gracia en un país en el que se mata a la gente, sin escrúpulos.
En fin, la sociedad colombiana se enfrenta a unas elecciones que son el fin de un presidente manchado tan carismático como salpicado por sus vínculos con el paramilitarismo. Nuevas voces podrían llegar al parlamento, desde los innovadores, posmodernos y valiente Verdes, a la carismática Gloria Cuartas, del Polo Democrático. Dicen, que se avecina unas cámaras divididas en multiples grupos. Pues no me parece mal en un país donde la democracia ha estado siempre secuestrada por la violencia.

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Detalle de la fachada del Capitolio, en la plaza Bolivar de Bogotá. Mil hormigas gigantes toman el edificio en un homenaje del artista Rafael Gómez Barros a los millones de personas desplazadas por la guerra en Colombia.

Adios y gracias, Milana bonita

Ayer murio Miguel Delibes, a los 90 años. Castellano, escritor y periodista que construyó historias que nos ayudan a recordar la miseria y el dolor que hemos atravesado. En plena dictadura, se casó con Angeles de Castro con quien tuvo siete hijos y se mantuvo a su lado mientras él desarrolló su carrera profesional y artística. Su castellano recio, ausero y poderoso queda en boca de sus personajes, antiheroes que forman parte de nuestro mapa emocional y biográfico. De entre todas sus obras, recuerdo Las guerra de nuestros antepasados , una reflexión profunda sobre las guerras como herencia, una llamada a la libertad, a la responsabilidad de cada humano, de cada generación frente a las oportunidades de afrontar su presente, sin aceptar la envenenada herencia de la venganza. “La violencia es simple, las alternativas a la violencia son complejas”, afirmaba Delibes.
En su recuerdo, recupero fragmentos de Los Santos Inocentes que llevó al cine Mario Camús, en 1984, que refleja una sociedad en la que los poderosos no consideran semejantes a sus sirvientes. La historia transcurre en un cortijo de Extremadura, allá por los años 60.Imagen de previsualización de YouTube

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