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El algarrobo que todo lo sabía

Cuentan quienes visitan el árbol predilecto del pueblo, que  en  una  noche de luna intensa al algarrobo le atravesó  un mal sueño con final feliz.  Cuentan, que desde entonces,   grandes y pequeños   sienten una atracción especial por estar cerca de él  y dicen que quienes van con el corazón abierto reciben allí mismo el regalo de una historia y las ganas de contarla.  Yo estuve  allí y este es mi relato.

Dicen que aquella fue una noche especial, tanto que el algarrobo sintió la cercanía de la luna. Grande, llena, clarísima, tal vez  su tibia luz intensa fuera la razón de su desasosiego.¿O era otra cosa?  Se encontraba  débil, flojo, desganado.

Hasta el cri cri de los grillos  le sonaban distintos: había perdido las ganas de contar historias. Estaba triste, no quería acordarse de nada; tengo miedo, pensó.

Un algarrobo con miedo, eso no es posible.

Soy fuerte, soy grande, se dijo orgulloso, soy viejo–. No supo qué pensar.

Se dejo arrullar por la brisa y con su inercia se estiró hacia la luz.

¡Qué placer dibujar su propia silueta sin el sol.  No cabía duda, estaba sensible , notó un cosquilleo de las lagartijas  en su tronco, una familia reptil y diminuta que se había instalado  el verano anterior entre sus nudos y que ahora,  salía tan animosa del letargo.

Vivía en mitad de un bancal  enorme y respiraba por cada poro de su corteza, por cada partícula de sus hojas,  por cada uno de sus nudos, de su piel encrespada.  Le gustaba la compañía de las hormigas, de los gorriones, de los zorzales; le fascinaban los caracoles tan animados siempre después de la lluvia  y  había aprendido a esperar cada primavera que a su alrededor crecieran algunas amapolas. Hacía tiempo que no veía  por allí ni liebres, ni jabalíes. Pero había conocido montones de gatos, de perros,  de gallinas, de pavos,  rebaños de ovejas y de cabras que él hubiera podido identificar una a una de tantas y tantas tardes que habían pastado a su sombra, deleitadas por sus frutos  dulcísimos. De cada ser vivo, que hubiera atravesado la geografía de su bancal, el algarrobo guardaba una historia. Una historia que devolvía a quienes se acercaban a su zona de influencia. Historias verídicas, con finales tristes, con finales dulces, ácidos, chispeantes, finales amarillos, azules, con finales felices y alargados, llegado el caso.

Una memoria  de historias que esta noche le pesaban al ritmo de aquellas palabras raras: es el más viejo de todos. Deteriorado.

 

Los demás pasan y  yo aquí me quedo, se había dicho  tantas veces. Pero ahora sabía que él también podía pasar. Su historia estaba hecha con la vida de tantos otros seres, todos más pequeños que él, algunos casi invisibles de vidas fugaces para un algarrobo. Amigos siempre de paso. Pero su corazón recio y grande de algarrobo los amaba a todos. A las perdices y a las tórtolas que de generación en generación lo visitaban. A los gorriones que cada atardecer, especialmente en verano, se  arremolinaban  en su copa con toda su familia. Comenzó a pensar en tantas y tantas familias de hormigas que había cobijado. ¡Cúantas!

De pronto,el aire cambio de dirección y todas sus hojas se agitaron en un silbido suave.  En los últimos días había recibido muchas visitas. Un grupo de hombres le habían tomado medidas de alto, de ancho, del perímetro de sus troncos, del número de sus ramas, del estado de su corteza y de sus frutos.

Incluso una joven de aspecto lánguido  había pasado una mañana entera  haciéndole fotos: una y otra y otra sin cansarse.

A los árboles nadie les pregunta la edad pero a quienes llegaban a verlo en las últimas semanas  oyó decir

 

–No hay duda, es el más viejo. Y tiene su copa un tanto deteriorada.

 

Se asustó.  Había visto con sus ojos de árbol muchas cosas. Había contemplado  incluso cómo el paisaje cambiaba no solo por la llegada del invierno  o de la primavera. El algarrobo era testigo de muchas vidas. Recordaba los días de fiesta del verano, cuando colgaron de su rama aquel columpio que a tantas  niñas y niños  había mecido.  Recordó también los malos tiempos, las penas de la guerra, los lamentos y las lágrimas de quienes se habían hecho confidencias  en su sombra. Recordó las tormentas de otoño y los días de sol inacabables con las cigarras apretadas contra su tronco. Recordó los años de hambre cuando las gentes del campo la distraían con su fruto.

Recordó su niñez,  la suya propia. ¡Cuánto sufrió al descubrir el amor en aquella mariposa de alas casi transparentes que él mismo vio nacer de una crisálida! Quiso volar con ella y lloró al perderla de vista. Ella tan leve, él tan enraizado. ¡Cuantos más deseos tenía de marchar más le crecían sus raíces! Pasó muchos meses lamentándose por ser árbol. Lloraba tanto que no se daba cuenta de la cantidad de mirlos que anidaban en sus ramas.

Ahora, en esta noche de nostalgia, el algarrobo recordó el día que descubrió en su pequeña copa, un nido de gorriones en el que tres polluelos piaban con desesperación.  En un suspiro se transformaron y cómo su mariposa, volaron lejos.

Aquella noche de luna intensa el algarrobo  estaba nervioso; algo tramaban para él y no sabía cómo tomárselo. Estaba perdiendo las ganas de contar historias, por eso tenía la copa deteriorada. ¿O era al revés?

 

Trescientos años– habían dicho aquellos tipos con pinta de expertos. Y se referían a él que nunca, nunca había pensado en el paso del tiempo.

 

Trescientos otoños, trescientos inviernos, trescientas primaveras, trescientos veranos—Y el algarrobo reflexionó sobre el mapa de su vida, convertido en cientos de círculos  dibujados día a día, mes a mes en su propio  tronco. Historias dentro de otras historias y dentro de otras historias.

Sintió que se mareaba,como encandilado por la luz de la luna, también redonda.

 

Le vinieron los peores pensamientos. Se vió así mismo arrancado de cuajo, como le había pasado a los almendros, a los olivos, incluso a la viñas que durante décadas lo había acompañado. Nunca pensó que le pudiera pasar a él.

– El más viejo, habían dicho aquello tipos.

Y el algarrobo  en aquel preciso momento no estaba seguro de qué significaba eso de viejo.

Tal vez  era la luna, esa luz intensa en plena noche. Había algo raro. ¿Pero qué podía hacer él por defenderse? Era un árbol, sólo un árbol.  De haber tenido voz hubiera agitado sus ramas para espantar a aquellos tipos que hablaban de él sin apenas saber nada. ¿Acaso les molestaba?¿ Acaso les pedía algo?

 

— Uh, uh –hubiera dicho aprovechando el aire; quería defenderse de ellos, que se largaran.

 

Un golpe de aire le agitó tanto que cayeron al suelo un puñado de  algarrobas. Las lagartijas llamaron a las hormigas y un montón de familias enormes de insectos que vivían entre sus troncos se despertaron  en plena noche. Convocaron una asamblea urgente y decidieron ponerse en acción: si el algarrobo se asustaba, aumentaría su deterioro y a saber qué vendría después, ellas no podían permitir quedarse sin su algarrobo, su cuna, su geografía.  Lo necesitaban mucho y lo necesitaban  sano. Los pájaros opinaron de la misma manera.  Había que acompañarlo, sosegar su tendencia a la nostalgia.  Avisaron a la luna que prometió esperar quieta a que llegara el sol. Todos se pusieron manos a la obra. Tenían que ayudarlo a ser el mismo de siempre.

Las lagartijas con su lengua vivaz le lamieron; las tórtolas y las palomas con sus arrullos, le cantaron;  los saltamontes con sus patas, las moscas, los mosquitos, las hormigas, las mariquitas, los gusanos, los cienpies, las cucarachas, incluso las arañas–que dejaron por un rato de tejer–  salieron a desfilar por todos sus rincones. La corteza toda del algarrobo se estremeció y su savia comenzó de nuevo a viajar desde  raíces largas y profundas a la copa.

 

La luna estuvo muy atenta a los acontecimientos, dedicada sólo a él en todo el planeta.

Había que animarlo, ayudarle a atravesar el miedo que todo lo confunde. Desde lo alto, puso su energía en contrarrestar la gravedad y ayudarlo a mantenerse erguido como él sabia estar, bien firme.

La máquina toda de la vida que generaba el algarrobo funcionó a la perfección y cuando llegó el sol  hasta su tronco  estaba entretenido con una ardilla y unos ratoncitos de campo.

 

Mientras tanto, las autoridades se habían reunido en el Ayuntamiento para nombrarlo árbol predilecto de la villa.   Desde su bancal, arropado de toda su gente,  escuchó la música y al poco vio llegar  la comitiva con la banda, seguida de montones de niños y de niñas que  no sólo no pasaron de largo, sino que se detuvieron a su alrededor.

 

Ni él ni  ninguno de los suyos –que eran multitud–  sabía qué estaba ocurriendo hasta que leyeron con claridad lo que decía aquella pancarta: 300 años de historia, nuestro algarrobo.

 

La banda al completo, incluido el timbal, tocó con energía  mientras  la gente  bailaba alrededor de su tronco.

 

–“Vecinos y vecinas– dijo la alcaldesa , que se subió a un taburete para que todos le vieran y le escucharan con claridad –este viejo algarrobo es parte de nuestro patrimonio,  de nuestra memoria viva. Por eso lo nombramos– dijo  emocionada, alzando aún más la voz-- árbol predilecto de la villa. Desde su copa, desde cada una de sus ramas, desde la enérgica presencia de su tronco trescientos años de historia nos contemplan.

¡Viva el algarrobo más viejo del pueblo! — gritó la alcaldesa.

–¡¡Viva, viva,!! — contestaron todos, también quienes habían pasado la noche desfilando por sus ramas y que a estas horas estaban agotados y felices.

 

Hubo aplausos, el encargado de la pólvora prendió la mecha de una traca y la banda siguió tocando un buen rato.

 

Mientras,  por el pueblo ya se había corrido la voz de que el viejo algarrobo, en una sola noche, había recuperado su copa de manera misteriosa; decían que estaba hermoso, frondoso y otras palabras terminadas en oso, que le gustaban mucho al algarrobo.


Ahora más que nunca, iba a dar gusto sentarse tomar el fresco  a su sombra.

Sant Joan d’Alacant, 2011

Benidorm, 1960

Y fue así, buscando el paraíso, como lo perdimos.

Y fue así,  buscando el paraíso, como lo perdimos. 

 

 

Ha llegado nuestro turno

Asamblea Popular Blog

Escrito en Alicante, Julio de 2011. Cuatro años después, lo reitero.

¿Qué dirán los diarios la próxima semana? Qué muerte anunciarán? Qué desastres traerán de nuevo  a sus portadas? ¿De dónde saldrán las noticias que serán titulares en los informativos y en los diarios?

¿Podemos fiarnos de la realidad que recrean esos medios que inundan nuestras vidas?

El periodismo de agencia, las noticias que ocupan las secciones de los diarios son información precocinada. Se cuecen en los despachos, se titulan en las antesalas de las redacciones, en los previos de los consejos de ministros, en las servicios de comunicación de las grandes corporaciones y de sus consejos.  Los medios distan mucho de ser independientes del poder; son sus servidores y a la vez dueños de sus propios intereses. Los Berlusconi y los Murdoch del mundo controlan buena parte de lo que escupen los medios, los noticiarios, los canales televisivos.  Ellos, especialmente ellos viejos zorros, faustos, resultan pésimos galanes de dramas maquillados, negociados previamente, actores que dirigen sus empresas con el propósito firme de ampliar la rentabilidad, de ganar más audiencias para seguir inventando verdades de colores.

Apenas despierto y los abismos amenzan devorar a todo bicho viviente, emigrantes, mujeres que apenas cotizaron, gente sin trabajo fijo, con renta de mindundi o pensionistas o viudas de medio pelo.  La prima de riesgo, los atentados de Oslo, la privatización de la banca depredadora, los suelos multimillonarios de los nuevos consejeros de Bankia, la cara dura del exhonorable Camps,  escenificando un sacrificio patético y horripilante ante una ciudadanía –incluida la gente que les vota– que sabe que mienten más que hablan.

Lo llaman democracia y no lo es.

¿Podremos poner en pie una moral social, una ética pública que tenga como razón de ser el bien común?

Me siento más viva y más muerta que nunca.

Más madera, se escuchan los gritos desde los mercados. Quieren reconducir los fondos allá donde el hambre voraz del mundo financiero la reclama. En ello andan. Mientras, las cadenas de televisión mantienen su audiencia con basura de colores y entretiene el susto con princesas de narices toxicas y noticias de cartón piedra. En estados Unidos Obama ha perdido el color.

¿En qué urna depositamos el desconcierto, la rabia, la propuesta?  ¿A qué guerra nos avocan?

Vemos salir por la puerta  grande camino del oasis a quienes nos trajeron a este desierto. Esta es una vieja película en la que nos había tocado ser  extras zarrapatrosos.

Pero ya ha llegado nuestro turno. Vamos ahora a contar nuestra propia Historia. Somos mayoría.

Miguel Grau, treinta y ocho años después

Ayer, durante la celebración del primer pleno ordinario de la nueva corporación municipal, en Alicante y por unanimidad se aprobó las propuestas del grupo Compromís de concederle a Miguel Grau la Medalla de Oro de la ciudad y  la colocación en la plaza de Los Luceros, el lugar donde Panadero Sandoval atentó contra su vida,  de una placa informativa de los hechos. pleno

 

 

 

 

 

 

Además, el pleno, por unanimidad, acordó elevar al Consell la propuesta de que le sea concedida la Alta distinción de la Generalitat

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En la sala de plenos, Jose Ramón y Fina Grau, hermanos de Miguel con sus hijos. A mi lado, Llanos Frias.

 

 

 

 

 

 

 

Por fin, Miguel Grau recibirá la medalla de oro de la ciudad a título póstumo

Manifestación en Valencia, 9 d'Octubre de 1977

Manifestación en Valencia, 9 d’Octubre de 1977

 

Hoy, 30 de julio de 2015, el pleno del Ajuntament d’Alacant, apropuesta de Compromís, decidira otorgar a Miguel Grau la medalla de oro de la ciiuxdad. Por fin el reconocimiento a la lucha por la libertad. Gracias a este gobierno tripartito que lo hará posible.

Han pasado 38 años desde aquel 5 de octubre de 1977 que Miguel Grau, soldado de permiso, se sumara a un grupo de militantes del entonces Moviment Comunista del País Valencia, para pegar los carteles que convocaban la primera manifestación unitaria de todas las fuerzas democráticas, tras la muerte de Franco.

Fue en la plaza de Los Luceros, parte de lo que entonces, la propia policía y los sectores de ultraderecha, llamaban zona nacional.

Apenas  cuatro jóvenes, Miguel, Javier, Juan Ángel y yo misma para llenar la plaza con la cuatribarrada apoyada por todas las organizaciones. Seria la primera manifestación unitaria en defensa de las libertades nacionales, de la lengua valenciana, del autogobierno. Pero la accion de la extrema derecha convirtió la jornada en un acto de duelo. Miguel cayo abatido por un enorme trozo de muro que Miguel Angel Panadero Sandoval lazó desde el balcón de su propia casa y que vino a estrellarse en la cabeza de Miguel.

En coma paso diez días, sin posibilidad de recuperación. La ciudad entera convirtió su entierro en un duelo contra quienes seguian sembrando el terror frente a las libertades que apenas asomaba.

Todos, en todas las comarcas valenciana, desde la Vega Baja al Maestrat,  fuimos Miguel Grau durante aquella nuestra Transición. Todos supimos, desde su muerte, que aquel ladrillo seguía amenazando nuestra cabeza.

Miguel Grau, su familia, sus compañeros, sus amigos de entonces, la gente que le quiso y los miles de personas que sintieron que la vida de todos, que las libertades de todos, estaban  en juego, sabemos el significado que tiene  que un pleno de l’Ajuntament de la ciudad, por fin,   ponga su nombre a una calle. Han sido necesarias casi cuatro décadas. Es tiempo ya de contar nuestra Historia. De sacarla del armario y darle vuelos, aire, libertad.

Abajo: Miguel Grau el 26 de diciembre de 1976. A la derecha, 16 de octubre de 1977. La policía detiene el cortejo de duelo. Despues, arrebataría a la gente el ataud. Abajo, el cartel que aquella noche pegábamos en la plaza de los Luceros y que le costó la vida a Miguel.

 

Este es el cartel que le costó la vida a Miguel Grau.

Este es el cartel que le costó la vida a Miguel Grau.

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El día de la madre y los cambios que vienen

 

Vivimos malos tiempos para la maternidad. Y eso tiene que cambiar.

Malos para quienes desean ser madres, duros para quienes lo son, durísimos para las abuelas que atravesaron una biografía repleta de esfuerzos y que al fin se les requiere de nuevo, no sólo el cuidado de los pequeños sino, en tantas ocasiones, el reparto de su exigua pensión para ayudar a pasar el mes a los más jóvenes, miles de ellos en paro o con trabajos tan precarios que difícilmente pueden cubrir sus gastos más elementales.

¿Cómo ser madre en mitad de una sociedad austericida que expulsa a las mujeres del mercado laboral o que las conduce a la economía sumergida, a la precariedad, a la pobreza?  ¿Cómo afrontar la maternidad cuando a las mujeres se  las retribuye por debajo del salario de los hombres por trabajos iguales y se deja en sus manos las tareas del cuidado?  ¿De qué madres, de qué maternidad estamos hablando en este Dia de la Madre de 2015?

El quid de la pertinaz desigualdad ¿dónde reside?

Ser madre dejó de ser una obligación incuestionable cuando este país salió de la dictadura y la maternidad pasó a convertirse en una opción cuando se reconocieron sus derechos sobre su cuerpo y su sexualidad. Hubo un salto cualitativo cuando se aceptó socialmente que  ser mujer y ser madre son  asuntos diferentes. Aquello de “la mujer, la pata quebrada y en casa” que sirvió de base para las políticas franquistas, se vio diluido con el paso de las décadas, por la necesidad del sistema de incorporar  a las mujeres al mercado asalariado y por la propia movilización de quienes reclaman presencia en los espacios públicos e independencia económica para su propia vida.

Libres e iguales, dijeron las mujeres. Libres e iguales. Y durante décadas, desde las organizaciones de mujeres, también desde las instituciones internacionales, con la ONU a la cabeza, se ha hecho un esfuerzo ingente por mejorar la situación de las mujeres, de las niñas, de las ancianas. Su acceso al trabajo, a la sanidad, a la educación. Pero, siempre hay un pero. Nunca es bastante el esfuerzo desatado ni las altas tasas de éxito en los estudios conquistados por las mujeres rompen las diferencias de género. Desde la mañana a la noche, desde la infancia a la ancianidad, las mujeres en estas décadas de cambio, han afrontado el reto de ser iguales sin que desde las políticas públicas se volviera la mirada a repartir las múltiples tareas que ellas han seguido haciendo dentro  de sus casas: cuidando a los suyos, perdiendo opciones laborales o aceptando trabajos precarios que al cabo de las décadas las convierten a ellas mismas en personas dependientes, con pensiones paupérrimas.

Para que la igualdad sea efectiva hay  que dar un giro de 180º; se trata de hacer visible el papel de las mujeres, no para repetir una relamida e interesada loa a su  eterna abnegación  si no para Hay que ponerle fin empezar a considerar que lo que llamamos doméstico, que las tareas de cuidados, son una parte intrínseca de nuestra organización económica y social que debe cuantificarse y que es susceptible de cambiar nuestras maneras de relacionarnos. La maternidad no puede ser el freno a la independencia económica de las mujeres ni un parapeto frente a su  carrera profesional, la maternidad no puede ser el inicio de un camino hacia la precariedad y la pobreza para tantas.

Por sentido común, la maternidad  y los cuidados deben estar en el centro de nuestra economía de la misma manera que están   en el centro de nuestras vidas. De las vidas de las mujeres y de la vida de los hombres, como madres y como padres.  los hombres se les regatea, se les usurpa el  ejercicio de la paternidad responsable, se les aleja del hogar y de la crianza, se les ahuyenta de las tareas del cuidado de su gente con horarios imposibles, horarios inacabables y sin derechos ni permisos de paternidad en igualdad de condiciones.

 Empecemos a tomar medidas desde abajo para apoyar la igualdad y la equidad entre hombres y mujeres. Se trata de implementar horarios laborales compatibles con la vida y los cuidados. Se trata de generar servicios públicos que además de crear puestos de trabajo, ayuden a los hombres y a las mujeres en el cuidado de los más pequeños, se trata de tomar medidas tan  sencillas  como la equiparación efectiva de permisos y prestaciones  de paternidad y maternidad.  La sociedad saldrá ganando y la igualdad habrá dado un salto cualitativo cuando los hombres puedan ocuparse también del cuidado de la gente a la que quieren. Ser madre, como ser padre, será un ejercicio real de co-rresponsabilidad que ponga los cuidados en el centro de nuestra existencia.  El lugar en el que, en realidad, están.

Femen. El cuerpo, el primer poder

LP,Otoño, nº 80: Femen

Revista Libre Pensamiento, Otoño, 2014, nº 80  http://librepensamiento.org/

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Madres robadas, bebés secuestrados

El robo de bebés es un delito de lesa humanidad, de profundo calado, que afecta, a la vida de varias generaciones vivas, a nuestra memoria del pasado y del presente, a las políticas de género y de exaltación de la maternidad obligatoria, a la exclusión de las mujeres de su propio cuerpo. Evidencia la mezquina apariencia de democracia que sucedió al dictador y en la que se tapan los crímenes y avalan las redes de tráfico de bebés. El Estado sigue cerrando la puerta a la Justicia que reclaman las madres que fueron robadas.

Publicado el 7 de enero de 2015 3n Pikara Magazine

Hay varios cientos de miles de personas en este país—cantidad sin cuantificar oficialmente, dado el silencio, las negativas y continuas puertas cerradas con las que se responde en archivos, cementerios, clínicas y juzgados – que desconocen que fueron secuestradas al poco de nacer y dadas en adopción. Hay varios cientos de miles que constan como hijas e hijos biológicos de madres que no lo son, tras un trasiego de habitaciones, de simulacros de parto y de documentos. Hay decenas de miles de mujeres a quienes les robaron sus bebés nada más parirlos, en las clínicas y en los hospitales públicos y privados, tras decirles que habían muerto, sin mostrarles siquiera su cadáver.

El secuestro de bebés fue parte de una política diseñada para erradicar la oposición al fascismo desde dentro de las familias y para domesticar a las mujeres desmandadas

Algunas eran presas, otras jóvenes solteras con escasos recursos, otras casadas, madres de otros hijos e hijas, algunas asalariadas, otras, amas de casa; todas, mujeres a las que les arrebataron sus bebés, desde las instituciones del Estado y desde clínicas y centros sanitarios y religiosos.

El robo de bebés es un delito de lesa Humanidad que no prescribe.

Se contabilizan 2000 demandas ante los Tribunales de Justicia españoles, muchas de ellas archivadas y otras miles que no han sido aceptadas a trámite, ya que los juzgados consideran que carecen de documentación que les acredite. A las madres, a las hermanas, a los padres y hermanos que buscan les cierran las puertas en archivos de parroquias, clínicas, maternidades  y hospitales. Un manto de silencio cómplice cubre a médicos, funcionarios y sanitarios, comadronas, monjas y curas, profesionales de la más diversa índole, incluidos los encargados de enterramientos, notarios y/o abogados. Hay un cálculo aproximado de más de 300 000 madres robadas, o sea, 300 000 personas que fueron secuestradas al nacer y que desconocen que fueron dados en adopción contra la voluntad de su madre biológica y desconocen su verdadera filiación. La querella argentina contra el franquismo aceptó a trámite la denuncia de algunos médicos y en este momento, sobre un ginecólogo de Cádiz, ya jubilado, pesa una orden de detención, la misma que pesa sobre  Martin Villa y otros 19 responsables de la dictadura. Por primera vez, la Justicia señala a un culpable y reclama su detención.

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Vientres robados ¿Dónde están las feministas?

Publicado por Asamblea Feminista de Madrid

Como ninguna otra causa, el robo de bebés ejemplifica el anonadante desprecio de la dictadura hacia las mujeres —y de entre ellas a las disidentes y a las indefensas.

Mil veces negadas, desposeídas del derecho al propio cuerpo, del derecho incluso a la maternidad. Durante décadas, miles de mujeres en el Estado español sufrieron el secuestro de sus bebés y su dolor, su lucha, su búsqueda quedaron reiteradamente desoídas, negadas, silenciadas, y como mucho, arrumbadas en las páginas de sucesos o como material de programas televisivos de mucha audiencia y escasas consecuencias. Les arrebataron los bebés que parieron –en las cárceles de Franco, en maternidades del Patronato de la Mujer, en clínicas públicas y privadas—y durante décadas les han dado una y otra vez con la puerta en las narices en hospitales, maternidades, parroquias, orfanatos, juzgados. Hasta hace apenas unos años, ningún juzgado admitía a trámite las denuncias de quienes podían y se atrevían a llegar a tan altas instancias. Ahora, una de las querellantes ha logrado que sea la Justicia argentina la que tome partido. Y por primera vez en la historia de la lucha de las mujeres robadas –de las familias—la Justicia internacional reclama la detención de un médico ginecólogo, actualmente jubilado, de La Línea de la Concepción, Cádiz que fue denunciado por Flor Díaz, presidenta de la asociación SOS Bebes robado Euskadi, que busca a su hermano nacido en La Línea, en el Hospital Municipal en 1967. Es un paso, un pequeño y esencial paso hacia el reconocimiento de la lucha de estas mujeres, tan próximas a la historia de todas.

En la Puerta del Sol, el 8 de diciembre de 2014.

En la Puerta del Sol, el 8 de diciembre de 2014.


He conocido a mujeres que pasaron por el Patronato de Protección a la Mujer, por las Adoratrices, por Peña Grande, a presas comunistas que fueron testigos y víctimas de los robos, a nietas de rojas a las que –sin ir más lejos—el prestigioso ginecólogo del OPUS Botella Llusià les robó su bebé, a jóvenes activistas, amigas mías, que han descubierto que sus papeles de adopción son un cúmulo de falsedades y a mujeres que parieron en los años setenta y buscan entre la paciencia y la desesperación que alguien comience a responder el paradero del niño o niña que dieron a luz. ¿Podemos vivir por más tiempo ajenas a tantos y tan brutales delitos? ¿Nos concierne a todas lo que a ellas les ocurre?

¿Puede el movimiento feminista mantenerse al margen de esta lucha? Continuar leyendo »

Contra la impunidad del franquismo, las víctimas en el Congreso de los Diputados

El pasado martes, 9 de diciembre, ni el PSOE ni el PP apoyaron ni organizaron ni facilitaron la presencia de las victimas del franquismo en el Congreso de los Diputados, tampoco estaba alli UPyD. Sin embargo, con el apoyo de los grupos parlamentarios  de la izquierda plural, del Grupo Vasco,  de diputados del Grupo Mixto, alli estuvimos, denunciando una vez mas que los culpables de delitos de lesa Humanidad deben dar cuenta de sus crimenes, reclamando al Gobierno español que ponga fin a la impunidad del franquismo, afirmando,que las victimas, sus hijxs, sus nietxs, no se rinden.

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Un médico, dos policias acusados de tortura, diecinueve responsables de gobiernos franquistas son reclamados por la Justicia internacional, tras la querella abierta en Argentina. Una vez mas, el gobierno español hace oidos sordos a las reclamaciones de las mas altas instancias internacionales  que denuncian su pasividad, por ende, su complicidad,  con aquellos crimenes. La pagina oficial de victimas del franquismo tiene pendiente su apertura. Pero, a pesar de todas las barricadas interpuestas por los herederos de las dictadura, del atado y bien atado durante decadas, miles de personas y cientos de asociaciones han reunido fuerzas, testimonios y documentación suficiente para que la verdad ocupe su lugar en la sociedad, en la politica y en la Historia españolas. La Coordinadora Estatal de Asociaciones de la Querella Argentina ha logrado un gran paso adelante. La Justicia internacional ha intervenido a través de la Justicia argentina. En la sala Perez Llorca del Congreso de los Diputados, representantes de las más diversas asociaciones de lucha contra el franquismo y de víctimas, del exilio, de las cárceles, de las instituciones para reclusión de lxs menores, de las asociaciones de bebés robados, respiraban un aire de esperanza.

Tal vez, hoy mas que nunca, estemos cerca de lograr lo elemental en una democracia: la condena oficial de la tirania, de la dictadura, del franquismo y el reconocimiento de sus millones de víctimas. Mas cerca de la verdad, de la Justicia y de la reparación. Como recordó en la sala Elsa Osaba, representante del colectivo de victimas del exilio y deportación, “hemos de lograr el Nunca Mas, consigna que por primera vez gritaron los españoles supervivientes en Mauthausen”.

Mas Informacion sobre la querella