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Euclides Guzmán, poeta

Estoy en Caracas, en pleno centro donde la multitud se gana la vida a diario vendiendo cualquier cosa. Ruido, humo, sol y vida. Indolencia en el caminar, en lo hecho y en lo dicho. El sol se acaba de velar detrás de una nube densa que ha venido de los cerros y la temperatura ha bajado. Entre el Guarataro, atestado de ranchitos y el Avila que aun conserva cierta independencia bulle esta ciudad que parece vestida con un traje que no le corresponde; como si fuera una aristocrata española de esas que ya no recuerda cuanto tiempo hace que dejo de estar a la altura de sus predios, y que vive por la fuerza el trabajo y la voluntad de sus sirvientes. Sea como fuere, hasta el castellano se le mejora a una al escucharles hablar, tan dulces, tan educados, tan sonrientes.

Entre las maravilla con las que me he topado está Euclides Guzmán, poeta desde que aprendio a escribir hace apenas 4 años. La cosa es que tiene 82. Es colombiano y se quedó sin mamá a los 8 años, una campesina que ganaba su diario en el cafetal. Así se convirtio en un niño de la calle:

–Y en la calle dormi no una semana ni un mes, ni un año que fueron muchos los que pasé como una animalito. Porque yo no sabia pensar ni relacionaba una cosa con la otra, no sacaba conclusiones, ahora que se leer me doy cuenta de muchas cosas que antes no entendia.

— “Al principio, ni pedir sabia, dice Euiclides, me daba pena”.

Chaves con su plan Robinson le dio las luces que le faltaban para ponerle palabras a su sensibilidad. Ahora no se despega de sus libros, de su lapiz, de su papel en blanco.

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Os lo presento:

Tiene 82 años, es colombiano y vive en Caracas. Desde que aprendio a leer y a escribir le parece que sus pensamientos bailan por sus manos y se quedan quietos en el papel.
Quiere morirse contento y con un lapiz en la mano. Es sordo, flaquito y sonriente.

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