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Gloria Cuartas. Por la paz, por la vida.

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Gloria Cuartas durante su intervenció en el acto público que convocó el pasado 9 de febrero en Polo Democrático Alternativo en Bogotá, 2007. Más abajo, imágenes tomadas durante la presentación de Nosotras que perdimos la paz en Bogotá. Colombia.

La vida nos regala oportunidades únicas. Una de esas ocasiones ha sido para mi el encuentro con Gloria Cuartas y mi reciente viaje a Bogotá. Colombia vive una guerra, sorda y ensordecida, que dura décadas. Las armas siguen en pie, la de los militares, las de los paramilitares, las de la guerrilla. Pero también hay miles de personas involucradas en construir un camino para la paz. Una de esas personas es esta mujer pequeña y grande a la vez, que ha ideado y puesto en pie propuestas de paz tan excepcionales como luminosas, porque involcra a todos: a las mujeres y a los niños, a los militares y a los políticos, a los armados y a los desarmados, artistas y campesinos… Gloria ha logrado tejer una red de solidaridad internacional a través de las grandes instituciones, el Parlamento Europeo y la Unesco, y a través de las pequeñas organizaciones no gubernamentales que se han unido a muchas de sus iniciativas desde los más dispares lugares del mundo. Pese a todo ello, o precisamente por ello, Gloria está amenazada de muerte en su país. Pero su fuerza está también en su resistencia, en su capacidad de ver lo mejor de cada uno, en su convicción de que a pesar de tanto dolor, de tantas pérdidas, de tantas muertes, la paz justa es posible. Lo que sigue es parte deuna entrevista de A. Ortiz de Urbina y L.Iglesias Kuntz, publicada en la página de la UNESCO sobre Gloria Cuartas, cuyo link viene a continuación.

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“La pasionaria de Apartadó”, “la Madre Coraje de Urabá”, “la alcaldesa de la paz” fueron algunos de los calificativos con los que la prensa colombiana e internacional saludaron a Gloria Cuartas Montoya — al concluir su mandato (1995-1997) como alcaldesa de la ciudad de Apartadó, Colombia. Ella se presenta sencillamente como una trabajadora social que desde el colegio de las Carmelitas donde se educó y la Universidad donde estudió sociología se interesó por el trabajo comunitario en su Antioquia natal, “impulsada por la necesidad de saber lo que la muerte y la sangre muchas veces ocultan, lo que sucede en la familia, en la calle, en el campo, y de comprender las razones sociales y humanas que existen detrás del conflicto”.

Lo cierto es que, con una fe inquebrantable en Dios y una confianza lúcida en el hombre por únicas armas, Gloria Cuartas consiguió en sólo tres años que una ciudad que figuraba entre las más violentas del mundo empezara a ser conocida como un ejemplo de movilización civil por la paz. Decepcionó sin duda a los que esperaban que la alcaldesa inaugurara parques públicos o pavimentara carreteras, porque a su juicio “los caminos que había que construir en Apartadó eran los de la solidaridad, y los jardines por cultivar, los de la tolerancia.”

En una región donde una palabra mal interpretada puede pagarse con una bala decidió abrir el diálogo con todos los grupos armados y reivindicó “derecho al riesgo”, a exponer su vida rechazando toda protección especial para demostrar “que las armas no pueden seguir siendo un símbolo de poder o de autoridad”.

Convencida de que la política sólo es válida si tiene una “misión social”, movilizó a universitarios, profesionales y artistas de Colombia para desarrollar actividades educativas y culturales (“el corredor educativo”, “la aldea del arte”) a fin de que los niños de Apartadó crecieran en un ambiente de tolerancia y los adultos reaprendieran la convivencia pacífica. En una ciudad de inmigrantes recientes que no tienen con el lugar lazos afectivos ni culturales, apostó por proyectos que desarrollaran sentimientos de identidad colectiva y de responsabilidad cívica.

Gloria Cuartas supo también hacer oir su voz fuera de su país y encontrar internacionales. Participó en foros mundiales para dar a conocer el trabajo de la mujer en zonas de conflicto, presentó denuncias de violaciones al derecho internacional ante el Parlamento Europeo, convocó un encuentro mundial de mujeres en su ciudad. Obtuvo, en fin, el seguimiento de su experiencia municipal por la UNESCO, así como la colaboración de numerosas ong y de voluntarios anónimos.

Todas esas actividades le valieron las amenazas de la guerrilla y de los grupos paramilitares y hasta una demanda legal del Ejército colombiano, pero también el reconocimiento nacional (Mujer del Año en 1995, y Medalla Simón Bolívar del Ministerio de Educación) e internacional, con el Premio Alcaldes por la Paz que el Director General de la UNESCO le otorgó en 1996.

Fuego cruzado en Urabá

La región del Urabá, sumamente fértil pero poco poblada, está situada en el extremo noroeste de Colombia, cerca de la frontera con Panamá, a orillas del mar Caribe. Desde los años sesenta el Urabá vive casi exclusivamente de sus explotaciones bananeras, propiedad de grandes hacendados que en su mayoría viven hoy en el extranjero.

El Urabá se extiende por tres departamentos colombianos (Choco, Antioquia y Córdoba) y ha sido desde siempre el coto privado de los contrabandistas. También es cuna de varias organizaciones guerrilleras, que ejercen un poder sin cortapisas en una región donde la autoridad del Estado es casi inexistente. Pero Urabá es sobre todo la región más violenta de un país donde la criminalidad bate ya todos los récords. (En Colombia —38 millones de habitantes—, el nivel de muertes violentas es tres veces superior al del Brasil y diez veces mayor que el de Estados Unidos.)

Centro económico del Urabá, Apartadó es una ciudad de casi cien mil habitantes, con más de mil viudas, la mayoría menores de treinta años, y 4.500 huérfanos. Durante los tres años en que Gloria Cuartas fue alcaldesa de Apartadó, de 1995 a 1997, fueron asesinados 1.200 habitantes de esa ciudad, de los cuales 17 eran funcionarios de su administración municipal. ¿Cómo explicar semejante grado de violencia?

Secuestrados y extorsionados por la guerrilla, que cobraba su “impuesto revolucionario” (llamado “la vacuna”), los grandes hacendados organizaron grupos de autodefensa, muy pronto verdaderas milicias “paramilitares” que actuaban con beneplácito del Ejército. Abandonada desde hace más de diez años por el gobierno colombiano, la región sufre hoy las consecuencias de una guerra sin cuartel entre las diversas facciones de la guerrilla y los paramilitares. A ello se han sumado los traficantes de droga, cada vez más numerosos, que se alían a veces con los guerrilleros, a veces con los paramilitares, para hacer huir a los campesinos y apropiarse de sus tierras. La población civil paga trágicamente el precio de estas luchas por el poder político y territorial de la región. Acusados sistemáticamente de ayudar al Ejército, a la guerrilla o a los paramilitares, los campesinos, los obreros agrícolas y sus familias perecen a manos de uno u otro de esos grupos. La espiral de violencia se ha vuelto infernal.

El pasado mes de octubre, el nuevo presidente, Andrés Pastrana, que asumió sus funciones el 7 de agosto de 1998, inició negociaciones de paz con las FARC (Fuerzas Revolucionarias de Colombia) y el ELN (Ejército de Liberación Nacional), los dos principales movimientos guerrilleros todavía activos en Colombia.

En Urabá, como en otras regiones, las mujeres han alzado la voz para intentar acallar el ruido de la metralla. En 1996, durante una manifestación bautizada “Ruta para la paz”, colombianas de todo el país reunidas en el pueblo de Mutata (Urabá) lanzaron una terrible consigna: “Nos negamos a seguir engendrando hijos e hijas para la muerte.”

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Golfo de l’Urabá

2 Comentarios a “Gloria Cuartas. Por la paz, por la vida.”

  1. hola soy jose . yo soy sordo como te va?

  2. ivan alvarez dice:

    creo que es super lo que esta mujer esta haciendo y lo unico que puedo decir es que siga haci.

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