Archivo de Marzo, 2007

Puerto de Alicante. 2007. La Comision Cívica para la Recuperación de la Memoria Histórica convoca una marcha desde el puerto a La Goteta. 11h. Domingo, 1 de abril, 2007.
Celebremos que vivimos en libertad.
Manuel Azaña, presidente del la República, Barcelona, 1938. Discurso en el Salón de Cent del Ayuntamiento de Barcelona:
“Es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que se acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordaran, si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres, que han caído embravecidos en la batalla luchando magnánimamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a sus hijos: Paz, Piedad y Perdón”.
Veo en Azaña a mi abuelo Alberto Hernánez Giménez. Siento que se le parecía, aunque no fuera un hombre de estado, ni mucho menos. Solo un maestro metalúrgico; un artesano que defendió su casa y su familia como pudo, un hombre bueno, modesto, enamorado de por vida de mi abuela. Lo imagino a él diciendo lo que dijo Azaña, deseando paz a los que vinieran después, una paz posible, donde los ideales grandiosos no existieran a costa de la vida de los otros. Murió en 1968, había nacido en Argelia, hijo de la emigración que acerca las orillas del mediterráneo. Casó con mi abuela Encarna Estebe en 1923. Se fueron a vivir a la calle San Ildelfonso, donde también tenía su taller que luego, acabada la guerra, pasó a la calle Bazán, 36. En el mismo lugar que fuera la sede de la logia masónica de la ciudad, ilegalizada en los años de la dictadura. El taller de mi abuelo se llamaba: Alberto Hernández Cromados, niquelados, bronceados y baños de plata.

Esta es mi abuela materna: Encarna Esteve Benito, nacida en la partida del Barcarot, el 2 de agosto de 1902.

De mis abuelos, nacieron Encarna Hernández Estebe, mi madre, y mi tío, Alberto Hernández Estebe, además de un primer varón que murió con pocos días. Ninguno de ellos me habló de lo sucedido en el puerto, ni de los terrores de la guerra entre hermanos. Ahora sé que con su silencio nos protegieron, alejando el dolor de nuestra infancia todo lo que estuvo de su mano.
Que la memoria nos ayude a aceptar lo que somos y de dónde venimos. Que valoremos el precio que pagaron por nuestra paz presente los hombres y mujeres que nos han dado la vida.
Faltan Juana Plaza y Vicente Quiñonero, mi abuela y abuelo paternos, de quienes no tengo apenas información. El fue herrero en Nador, Marruecos, cuando era territorio del protectorado español y murió antes de que naciera mi padre. Ella, murió en Alicante.
Mis padres se casaron el 29 de septiembre de 1951, en la iglesia de San Nicolás. Mi padre era entonces ferroviario, interventor en RENFE pero pasó a buscarse la vida con otros proyectos empresariales. Encarna, mi madre, había trabajado desde que acabara la guerra, ayudando al abuelo e el taller mientras estudiaba algunas nociones de contabiliad en la Academia Coch.
Mi madre dió a luz a cinco hijos: Pedro, Mari Luz, que soy yo, Adela, Marián y Silvia.
Mis abuelos tenían huerto entre el Plà y el Barrio Obrero, cerca de la Goteta, en una zona que se llamaba Fondo Roenes, cerca del Campo de los Almendros, como Max Aub titulo el libro donde narró su paso por el puerto de Alicante. Yo pasé mi infancia en ese paisaje.


Esta foto donde aparecen mis abuelos, mi hermana Adela y yo misma, camuflada detrás de mi abuela. Solo asomo la mano y la pierna.
Las imagenes están tomadas en el huerto, en 1961 y 1964. El encargado de las fotos era Vicente, el hermano de Vicenta, la vecina, que eran de Orcheta. Tenía su pequeño estudio de fotografía en la calle San Francisco, casi esquina Castaños; era manco.

Llum Quiñonero en la Escuela Nacional Unitaria. Barrio Obrero. Alicante. 1961.
Hasta llegar a nuestro presente, en el que los hombres y las mujeres que nacimos de aquellos podemos atrevernos a mirar el pasado y respetar su memoria, su dolor, su valor, su resistencia. También su silencio.
Y la historia sigue mientras pienso en Azaña, en sus palabras, paz, piedad, perdón, y me acuerdo también de mi abuelo, muerto en l968 y de mi padre, Pedro Quiñonero Ramírez que murió en 1981, sin que pudiera decirle lo mucho que siempre le he querido.
28 Marzo 2007
Cada mujer tiene ante sí la responsabilidad de desplegar sus alas y volar llevando consigo sus raíces; su ser entero, su mente y su cuerpo que son una misma cosa.Como decía María Zambrano, “debemos aspirar a la totalidad, adentrarnos en la libertad sin aniquilar la vida de las entrañas“.No podremos ser quienes somos si no nos colocarnos al frente de la vida, de nuestra existencia, cada día, en el presente continuo que es la historia, en su devenir. Venciendo cada momento el miedo a equivocarnos, dejándonos sentir lo que somos, aprendiendo de lo que sentimos.Primero una propuesta: desprendamos de rigores académicos, tratemos de mirarnos y mirar lo que sucede: escuchemos, veamos, desaprendamos, deshagámonos en la medida de lo posible de los prejuicios que nos dañan, que nos limitan. Vosotras tan cerca de la vida también por vuestro compromiso profesional, mirad más allá de los textos. Vuestra experiencia está repleta de vida. Sabeis mucho más de lo aprendido en los libros.Para convertirnos así en vividoras, buscadoras de sueños, dueñas del presente inacabable. Para buscar un espacio propio, una mirada, una palabra, una emoción, una acción elegidas desde la propia vida., venciendo el miedo a la oscuridad, el temor al paso del tiempo, localizando claridad entre la confusión en la que sin cesar, se convierte nuestra vida. Empezar por el principio, por érase una vez, una mujer que reparó en ella misma. No importa que estuviera aterrada, perdida en la humedad de una selva, en la soledad de un patio abandonado, en la sala metálica, brillante y fria de un paritorio, escuchando los gritos de las otras, sola entre una multitud arrodillada, si no has renunciado a vivir, estás, estamos en el camino, no rechaces lo que sientas. Trata de escucharlo. Se trata de ti misma. Atrévete.
Eráse una vez: miremos la historia, nuestra historia. La escrita y la impresa en esa memoria que es nuestro propio cuerpo que también es mente, nuestro particular modo de pensar, de sentir, sin que ningún libro haya tomado cuenta de ello. Porque está marcado en nuestra forma de ser mujeres, de ser seres humanos. Somos nuestra propia semejante.
La vida entera en el único universo que nos ha sido concedido, el de nuestro propio cuerpo desde el que tratamos de entender todas las cosas. En el se encuentra el infinito, la eternidad, lo horrible y lo precioso, lo grande y lo más diminuto. El placer, la luz y también la oscuridad. Nuestro cuerpo es el cosmos mismo.
28 Marzo 2007
Este texto es un regalo, yo así lo sentí cuando di con él, en este territorio cibernético que hace posible tantos encuentros. Por eso lo traigo a mi página. espero que os resulte tan estimulante y provocador como me pareció a mi. Una llamada a la acción desde la responsabilidad, un sueño posible; el de buscar el modo de ser nosotr@s mism@s.
Elogio de la dificultad. La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiesta de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas, países de cucaña. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y, por tanto, también sin carencias y sin deseo: un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes.
Todas estas fantasías serían inocentes e inocuas, sino fuera porque constituyen el modelo de nuestros anhelos en la vida práctica.
Aquí mismo en los proyectos de la existencia cotidiana, más acá del reino de las mentiras eternas, introducimos también el ideal tonto de la seguridad garantizada; de las reconciliaciones totales; de las soluciones definitivas.
Puede decirse que nuestro problema no consiste solamente ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos: que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal.
En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor, y por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo. En vez de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de satisfacción, una monstruosa sala-cuna de abundancia pasivamente recibida.
En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas abiertas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente sí han existido.
Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso, nuestro pecado es que anhelamos regresar a él.
Desconfiemos de las mañanas radiantes en las que se inicia un reino milenario. Son muy conocidos en la historia, desde la Antigüedad hasta hoy, los horrores a los que pueden y suelen entregarse los partidos provistos de una verdad y de una meta absolutas, las iglesias cuyos miembros han sido alcanzados por la gracia –por la desgracia– de alguna revelación. El estudio de la vida social y de la vida personal nos enseña cuán próximos se encuentran una de otro la idealización y el terror. La idealización del fin, de la meta y el terror de los medios que procurarán su conquista. Quienes de esta manera tratan de someter la realidad al ideal, entran inevitablemente en una concepción paranoide de la verdad; en un sistema de pensamiento tal, que los que se atreverían a objetar algo quedan inmediatamente sometidos a la interpretación totalitaria: sus argumentos, no son argumentos, sino solamente síntomas de una naturaleza dañada o bien máscaras de malignos propósitos.
En lugar de discutir un razonamiento se le reduce a un juicio de pertenencia al otro –y el otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo–, o se procede a un juicio de intenciones. Y este sistema se desarrolla peligrosamente hasta el punto en que ya no solamente rechaza toda oposición, sino también toda diferencia: el que no está conmigo, está contra mí, y el que no está completamente conmigo, no está conmigo. Así como hay, según Kant, un verdadero abismo de la acción, que consiste en la exigencia de una entrega total a la “causa” absoluta y concibe toda duda y toda crítica como traición o como agresión.
Ahora sabemos, por una amarga experiencia, que este abismo de la acción, con sus guerras santas y sus orgías de fraternidad no es una característica exclusiva de ciertas épocas del pasado o de civilizaciones atrasadas en el desarrollo científico y técnico; que puede funcionar muy bien y desplegar todos sus efectos sin abolir una gran capacidad de inventiva y una eficacia macabra. Sabemos que ningún origen filosóficamente elevado o supuestamente divino, inmuniza a una doctrina contra el riesgo de caer en la interpretación propia de la lógica paranoide que afirma un discurso particular –todos lo son– como la designación misma de la realidad y los otros como ceguera o mentira.
El atractivo terrible que poseen las formaciones colectivas que se embriagan con la promesa de una comunidad humana no problemática, basada en una palabra infalible, consiste en que suprimen la indecisión y la duda, la necesidad de pensar por sí mismo, otorgan a sus miembros una identidad exaltada por la participación, separan un interior bueno –el grupo– y un exterior amenazador. Así como se ahorra sin duda la angustia, se distribuye mágicamente la ambivalencia en un amor por lo propio y un odio por lo extraño y se produce la más grande simplificación de la vida, la más espantosa facilidad. Y cuando digo aquí facilidad, no ignoro ni olvido que precisamente este tipo de formaciones colectivas, se caracterizan por una inaudita capacidad de entrega y sacrificios; que sus miembros aceptan y desean el heroísmo, cuando no aspiran a la palma del martirio. Facilidad, sin embargo, porque lo que el hombre teme por encima de todo no es la muerte y el sufrimiento, en los que tantas veces se refugia, sino la angustia que genera la necesidad de ponerse en cuestión, de combinar el entusiasmo y la crítica, el amor y el respeto.
Un síntoma inequívoco de la dominación de las ideologías proféticas y de los grupos que las generan o que someten a su lógica doctrinas que les fueron extrañas en su origen, es el descrédito en que cae el concepto de respeto.
No se quiere saber nada del respeto, ni de la reciprocidad, ni de la vigencia de normas universales. Estos valores aparecen más bien como males menores propios de un resignado escepticismo, como signos de que se ha abdicado a las más caras esperanzas. Porque el respeto y las normas sólo adquieren vigencia allí donde el amor, el entusiasmo, la entrega total a la gran misión, ya no pueden aspirar a determinar las relaciones humanas. Y como el respeto es siempre el respeto a la diferencia, sólo puede afirmarse allí donde ya no se cree que la diferencia pueda disolverse en una comunidad exaltada, transparente y espontánea, o en una fusión amorosa. No se puede respetar el pensamiento del otro, tomarlo seriamente en consideración, someterlo a sus consecuencias, ejercer sobre él una critica, válida también en principio para el pensamiento propio, cuando se habla desde la verdad misma, cuando creemos que la verdad habla por nuestra boca; porque entonces el pensamiento del otro sólo puede ser error o mala fe; y el hecho mismo de su diferencia con nuestra verdad es prueba contundente de su falsedad, sin que se requiera ninguna otra. Nuestro saber es el mapa de la realidad y toda línea que se separe de él sólo puede ser imaginaria o algo peor: voluntariamente torcida por inconfesables intereses. Desde la concepción apocalíptica de la historia las normas y las leyes de cualquier tipo, son vistas como algo demasiado abstracto y mezquino frente a la gran tarea de realizar el ideal y de encarnar la promesa; y por lo tanto sólo se reclaman y se valoran cuando ya no se cree en la misión incondicionada.
Pero lo que ocurre cuando sobreviene la gran desidealización no es generalmente que se aprenda a valorar positivamente lo que tan alegremente se había desechado, estimado sólo negativamente; lo que se produce entonces, casi siempre, es una verdadera ola de pesimismo, escepticismo y realismo cínico. Se olvida entonces que la crítica a una sociedad injusta, basada en la explotación y en la dominación de clase, era fundamentalmente correcta y que el combate por una organización social racional e igualitaria sigue siendo necesario y urgente. A la desidealización sucede el arribismo individualista que además piensa que ha superado toda moral por el sólo hecho de que ha abandonado toda esperanza de una vida cualitativamente superior.
Lo más difícil, lo más importante. Lo más necesario, lo que a todos modos hay que intentar, es conservar la voluntad de luchar por una sociedad diferente sin caer en la interpretación paranoide de la lucha. Lo difícil, pero también lo esencial es valorar positivamente el respeto y la diferencia, no como un mal menor y un hecho inevitable, sino como lo que enriquece la vida e impulsa la creación y el pensamiento, como aquello sin lo cual una imaginaria comunidad de los justos cantaría el eterno hosanna del aburrimiento satisfecho. Hay que poner un gran signo de interrogación sobre el valor de lo fácil; no solamente sobre sus consecuencias, sino sobre la cosa misma, sobre la predilección por todo aquello que no exige de nosotros ninguna superación, ni nos pone en cuestión, ni nos obliga a desplegar nuestras posibilidades.
Hay que observar con cuánta desgraciada frecuencia nos otorgamos a nosotros mismos, en la vida personal y colectiva, la triste facilidad de ejercer lo que llamaré una no reciprocidad lógica: Es decir, el empleo de un método explicativo completamente diferente cuando se trata de dar cuenta de los problemas, los fracasaos y los errores propios y los del otro cuando es adversario o cuando disputamos con él. En el caso del otro aplicamos el esencialismo: lo que ha hecho, lo que le ha pasado es una manifestación de su ser más profundo; en nuestro caso aplicamos el circunstancialismo, de manera que aún los mismos fenómenos se explican por las circunstancias adversas, por alguna desgraciada coyuntura. Él es así; yo me vi obligado. Él cosechó lo que había sembrado; yo no pude evitar este resultado. El discurso del otro no es más que de su neurosis, de sus intereses egoístas; el mío es una simple constatación de los hechos y una deducción lógica de sus consecuencias. Preferiríamos que nuestra causa se juzgue por los propósitos y la adversaria por los resultados.
Y cuando de este modo nos empeñamos en ejercer esa no reciprocidad lógica que es siempre una doble falsificación, no sólo irrespetamos al otro, sino también a nosotros mismos, puesto que nos negamos a pensar efectivamente el proceso que estamos viviendo.
La difícil tarea de aplicar un mismo método explicativo y crítico a nuestra posición y a la opuesta no significa desde luego que consideremos equivalentes las doctrinas, las metas y los intereses de las personas, los partidos, las clases y las naciones en conflicto. Significa por el contrario que tenemos suficiente confianza en la superioridad de la causa que defendemos, como para estar seguros de que no necesita, ni le conviene esa doble falsificación con la cual, en verdad, podría defenderse cualquier cosa.
En el carnaval de miseria y derroche propios del capitalismo tardío se oye a la vez lejana y urgente la voz de Goethe y Marx que nos convocaron a un trabajo creador, difícil, capaz de situar al individuo concreto a la altura de las conquistas de la humanidad.
Dostoievski nos enseño a mirar hasta donde van las tentaciones de tener una fácil relación interhumana: van sólo en el sentido de buscar el poder, ya que si no se puede lograr una amistad respetuosa en una empresa común se produce lo que Bahro llama intereses compensatorios: la búsqueda de amos, el deseo de ser vasallos, el anhelo de encontrar a alguien que nos libere de una vez por todas del cuidado de que nuestra vida tenga un sentido. Dostoievski entendió, hace más de un siglo, que la dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor a las cadenas. Amamos las cadenas, los amos, las seguridades porque nos evitan la angustia de la razón.
Pero en medio del pesimismo de nuestra época se sigue desarrollando el pensamiento histórico, el psicoanálisis, la antropología, el marxismo, el arte y la literatura. En medio del pesimismo de nuestra época surge la lucha de los proletarios que ya saben que un trabajo insensato no se paga con nada, ni con automóviles ni con televisores; surge la rebelión magnífica de las mujeres que no aceptan una situación de inferioridad a cambio de halagos y protecciones; surge la insurrección desesperada de los jóvenes que no pueden aceptar el destino que se les ha fabricado.
Este enfoque nuevo nos permite decir como Fausto:
“También esta noche, tierra, permaneciste firme.
Y ahora renaces de nuevo a mi alrededor.
Y alientas otra vez en mi la aspiración de luchar sin descanso por una altísima existencia”.
ESTANISLAO ZULETA
Nació en Medellín en 1935 y murió en Cali en febrero de 1990. Fue profesor de las universidades Libre de Bogotá, Santiago de Cali, U. de Antioquia, y, en los últimos años de su vida, de la Universidad del Valle, la cual le confirió el Doctorado Honiris Causa en Psicología en 1980. En 1988 trabajó como asesor en la Consejería de Derechos Humanos de la Presidencia de la República.
Además de numerosos artículos publicados en revistas y de textos aún inéditos, Estanislao Zuleta es el autor de los siguientes libros:
Introducción a la Historia Económica de Colombia (1970); Thomas Mann, La Montaña Mágica y la Llanura prosáica (1977); Teoría de Freud al final de su vida (1978); Comentarios a la ‘Introducción general a la crítica de la economía política’ de Carlos Marx (1974); Comentarios a ‘Así habló Zaratustra’ de F. Nietzsche” (1981); Lógia y crítica (1977); La propiedad, el matrimonio y la muerte en Tolstoi (1979); Sobre la idealización en la vida personal y colectiva y otros ensayos (1985); El pensamiento psicoanalítico (1985); Psicoanálisis y Criminología (1986); Arte y Filosofía (1986); Ensayos sobre Marx (1987); La poesía de Luis Carlos López (1988). Como obras póstumas han sido publicadas: Estudios sobre la osicosis (1990) y Colombia: violencia, democracia y derechos humanos (1991).
Tomado del texto: Estanislao Zuleta, Ensayos Selectos.Esta caricatura es todo lo que he encontrado de él en Internet. Así que también os lo presento.
12 Marzo 2007
Cristina Piris se fue, desapareció hace ya cuatro años y nos dejó desconcertados, como deja siempre la muerte a los vivos. Ahora, nos vuelve a reunir para celebrar su nombre y su fuerza en un homenaje de reconocimiento hecho a través del Parlamento Valenciano. Me pidieron que asistiera a la entrega de premios en nombre de Ca Revolta y de Cristina y eso hice. Este es el texto que leí en su memoria. Gracias al Gato, a Teresa, a Carles y a Carolina su hermana.
Valencia, 8 de marzo de 2007. Manifestación.

Sr. Presidente de les Corts Valencianes. Señoras y señores diputados, señoras y señores. Buenas tardes.
Ayer me acosté pensando qué narices podía decir en este acto, para el que la gente de Ca Revola me ha propuesto como su portavoz para recibir el nombramiento de Cristina Piris, como Valenciana del año 2007.
Inquieta, desconcertada, me sumergí en un sueño no demasiado plácido, he de reconocerlo.
Cristina Piris, corrosiva, feminista y revoltosa, amante de la vida, divertida, efervescente y amiga mía no se me iba de la cabeza.
Cristina Piris, valenciana del año 2007. Ahí es nada, un reconocimiento institucional a su perseverancia, a su fortaleza, también a su tozudez en vencer dificultades y sacar adelante imposibles.
Una valenciana del año 2007, que era cántabra; una valenciana del año 2007, que aprendió valenciano para enseñarlo en las escuelas y defender su normalización.
Una valenciana del año, 2007, que allá por los setenta dejó la Facultad y su buena cuna – que expresión tan desafortunada ¿acaso hay malas cunas?– y se convirtió en trabajadora textil en Valencia, para organizar las comisiones obreras, para defender las libertades ante una patronal crecida en tiempos de dictadura, para ganar la democracia desde fábricas.
Una valenciana del año 2007 que peleó durante décadas por los derechos de las mujeres. Una valenciana del año que se empeñó en poner en pie, llegada la democracia Ca Revolta, una casa con espíritu independiente, como el de ella misma, abierta al debate político y cultural, abierta a la creación artística.
Una valenciana del año 2007 que se murió de un cáncer más testarudo que ella, que ya es decir, en el 2003, cuando todavía no había cumplido los años.
Aunque ustedes no lo crean, Cristina vino anoche a verme. Tal vez podría decir que lo soñé, pero no estoy segura. Sea como sea, lo cierto es que Cristina estaba allí, sentada junto a mi cama, con sus ojos enormes, brillantes, mirándome fijamente.
–¡Che Cristina–, le dije– te van a dar un premio! Imagínate, el Parlament Valencia…¡Quien nos lo iba a decir!
¡Cosas veredes Mio Cid, que faran fablar las piedras…
–No te enrolles demasiado–, me dijo. –Ve al grano.
Di que la democracia tiene el más alto valor para quienes amamos la libertad. Di que significa pluralidad y que requiere transparencia.
Di que una sociedad libre debe alentar sus espacios para la creación, para la oposición, para el debate.
Di que resulta imprescindible vencer el miedo a la controversia, a estar en minoría.
Di que la vida política requiere de un amplio espectro de opiniones que reflejen la variedad de intereses de tantos como convivimos en una sociedad próspera como la nuestra; una sociedad que tanto hubieran deseados millones de hombres y mujeres que nos antecedieron, y a quienes tanto debemos.
Diles que recuerden que somos hijos y nietos de quienes se vieron abocados a una guerra terriblemy a vivir bajo una dictadura que trató de eliminar la disidencia.
Di que somos cada cual responsables en defender nuestro lugar en una sociedad libre.
¡Caray Cristina! - le dije–, si lo tienes tan claro, ¿Por qué no vas tú?
–No puedo ir, me dijo. No insistas. Pero ni se te ocurra explicar mi vida fue un camino de esfuerzos, sacrificios ni renuncias. Di que viví a conciencia y disfruté cada minuto porque la vida es riesgo y asumirlos ayuda a crecer, a entender también lo que somos cuando estamos vivos.
El sueño se estaba convirtiendo en una pesadilla, porque no daba abasto a anotar el torrente de sus palabras.
El caso es que cuando me desperté esta mañana, mis notas habían desaparecido y ya no recordaba bien si las había escrito o no. Así que sólo puedo decirles que Cristina fue una mujer feliz que vivió comprometida con la gente con la que decidió compartir su vida,. Que hizo política desde ese lugar en el que militan los ciudadanos que están conectados con sus semejantes, desde el corazón.
Y de que quienes la conocimos, muchos la quisimos, otros probablemente solo pudieron admirar su energía para poner en marcha sus proyectos, que siguen tan vivos, como su espíritu.
Por Cristina Piris.
En nombre de sus amigos, de su familia, de Ca Revolta, muchas gracias.
Muchas gracias a quienes propusieron su nombre entre las candidatas. Muchas gracias a quienes la incluyeron entre esas mujeres imprescindibles en nuestra historia.
Una historia construida con la fuerza, la resistencia y la alegría de millones de mujeres anónimas creadoras y recreadoras de la vida.
Gracias.
Llum Quiñonero. Valencia, 8 de marzo de 2007
12 Marzo 2007
El taller tuvo lugar en la Escuela de Empoderamiento de la Concejalía de Igualdad, del Ayuntamiento de Basauri, el pasado fin de semana. Un pequeño grupo de veinte mujeres trabajamos a los largo del fin de semana sobre Historia y Memoria. Dedicamos un espacio a la palabra y otro, merecido, al silencio: a indagar su significado en nuestra biografía, sustancia que construye la historia colectiva. Mujeres, hijas, nietas y bisnietas de un linaje inacabable de resistentes.


Nuestra biografía nutre la experiencia de la historia individual y colectiva. Lo que somos, nuestra resistencias, nuestras capacidades están almacenadas en esa despensa de la vida que es la memoria: Allí fuimos y compartimos relatos y silencios y tratamos de comprender también con los sentidos el significado de la vida de las mujeres que nos antecedieron, de nuestra íntima conexión con ellas. Fuimos del pasado al presente en un viaje que nos convoca a encontrar nuestra fuerza en nuestra propia historia. Aceptar lo que somos, a reconocernos en ese torrente de energía que llega de tan lejos, desde tan hondo.

Nuevos talleres en Ermua, el próximo 17 de marzo, y en Ondarroa 30 de marzo.
Para más información e inscripciones conectar con las escuelas de Empoderamiento de Ermua y Ondarroa.
5 Marzo 2007

Ismael Gutiérrez, el tutor de este grupo, del Instituto De Enseñanza Secundaria Leonardo da Vinci, en el barrio de La Virgen del Remedio, en Alicante, me invitó a dar un breve taller sobre la Memoria Histórica,a este curso al que él imparte clases.
Repasamos el enunciado de nuestras historias, de nuestras memorias por la historia de España del siglo XX; las de cada uno de este pequeño grupo. Sin tener que ir muy lejos hablamos de la experiencia de la guerra y del exilio, de las tiranías, de la falta de libertad, del miedo, de hambre, de la vida en democracia y de la paz, del papel de las mujeres en la resistencia cotidiana. El viaje por tantas emociones fue a través de las historias familiares, de los recuerdos que ya están gravados en sus memorias con palabras y también descubrimos la importancia de los silencios que tan grandes huellas dejan en la vida de la gente cuando se vive en dictadura. De eso también nos habló Ana, que hace solo dos años vino con su madre a Alicante dejando atrás su propio país, Rumania, salida de una tiranía comunista.
El viaje no solo fue en el tiempo del presente al pasado y vuelta al hoy, también viajamos en el espacio, salimos al exilio y volvimos, y comprobamos cómo a veces la historia, la guerra, la pobreza nos coloca alejados de los nuestros. También fuimos hasta Colombia, de la mano de un chico y una chica que hace apenas cuatro y dos años que vinieron de allá con sus familias. Hablamos entonces de la experiencia de la guerra y de cómo afecta a la gente. De la importancia de ponerse en la piel del otro para darle valor a lo que tenemos, lo que perdemos, para ver la realidad desde otra perspectiva. Supimos que el abuelo de uno de ellos había llegado a Colombia precisamente huyendo de la represión de Franco, cuando el bisabuelo fue detenido y fusilado por ser republicano. Hablamos de metáforas, de soledades, de solidaridades, de Historia y de Literatura.

Convertimos las memorias en relatos y los sentimientos en metáforas. Lejos de dejar las incógnitas zanjadas, salimos con la certeza de que hay muchas preguntas para las que tal vez no encontremos las respuestas, pero que lo más importante es que el miedo paralice nuestro acercamiento a descubrir quienes somos en realidad, siendo capaces de mirar de frente nuestra historia aceptando a los nuestros tal cuual son, tal cual fueron y dejando así con ellos sus conflictos.
Se nos hizo demasiado corto. A mí al menos.
Esta nota va dirigida a ellos. Les invito a que incluyan sus nombres y apellidos, que no anoté y no puedo enunciar, (casualmente por falta de memoria), en esta página, y se identifiquen en la foto. Y les mando a todos y cada uno de ellos un abrazo y mis mejores deseos para que se atrevan a vivir en libertad y a defender la sociedad en paz que les corresponde.
1 Marzo 2007