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Aspiremos a la totalidad

Cada mujer tiene ante sí la responsabilidad de desplegar sus alas y volar llevando consigo sus raíces; su ser entero, su mente y su cuerpo que son una misma cosa.Como decía María Zambrano, “debemos aspirar a la totalidad, adentrarnos en la libertad sin aniquilar la vida de las entrañas“.No podremos ser quienes somos si no nos colocarnos al frente de la vida, de nuestra existencia, cada día, en el presente continuo que es la historia, en su devenir. Venciendo cada momento el miedo a equivocarnos, dejándonos sentir lo que somos, aprendiendo de lo que sentimos.Primero una propuesta: desprendamos de rigores académicos, tratemos de mirarnos y mirar lo que sucede: escuchemos, veamos, desaprendamos, deshagámonos en la medida de lo posible de los prejuicios que nos dañan, que nos limitan. Vosotras tan cerca de la vida también por vuestro compromiso profesional, mirad más allá de los textos. Vuestra experiencia está repleta de vida. Sabeis mucho más de lo aprendido en los libros.Para convertirnos así en vividoras, buscadoras de sueños, dueñas del presente inacabable. Para buscar un espacio propio, una mirada, una palabra, una emoción, una acción elegidas desde la propia vida., venciendo el miedo a la oscuridad, el temor al paso del tiempo, localizando claridad entre la confusión en la que sin cesar, se convierte nuestra vida. Empezar por el principio, por érase una vez, una mujer que reparó en ella misma. No importa que estuviera aterrada, perdida en la humedad de una selva, en la soledad de un patio abandonado, en la sala metálica, brillante y fria de un paritorio, escuchando los gritos de las otras, sola entre una multitud arrodillada, si no has renunciado a vivir, estás, estamos en el camino, no rechaces lo que sientas. Trata de escucharlo. Se trata de ti misma. Atrévete.

Eráse una vez: miremos la historia, nuestra historia. La escrita y la impresa en esa memoria que es nuestro propio cuerpo que también es mente, nuestro particular modo de pensar, de sentir, sin que ningún libro haya tomado cuenta de ello. Porque está marcado en nuestra forma de ser mujeres, de ser seres humanos. Somos nuestra propia semejante.

La vida entera en el único universo que nos ha sido concedido, el de nuestro propio cuerpo desde el que tratamos de entender todas las cosas. En el se encuentra el infinito, la eternidad, lo horrible y lo precioso, lo grande y lo más diminuto. El placer, la luz y también la oscuridad. Nuestro cuerpo es el cosmos mismo.

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