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Clara Campoamor ya no navega por las añoranzas

Clara_campoamor.jpg 10 de abril de 2007. Un buque del Ministerio de Fomento dedicado a Salvamento Marítimo, recibe en Alicante el nombre de Clara Campoamor y fue botado a la mar en un acto presidido por la ministra Magdalena Alvarez Arza y otras autoridades, entre ellas el capitán del buque y toda su tripulación, entre quienes se cuenta a dos mujeres.

Texto de mi discurso introductorio del acto, en la botadura del buque Clara Campoamor:

Señora ministra. Auroridades, señoras y señores. Buenas tardes.

Este martes de Pascua, Clara Campoamor nos convoca en este puerto, puerta de tantos exílios también frustrados, a través de la Ministra de Fomento, Magdalena Alvarez Arza. Y nos reúne para la botadura de un buque que enseñoreará el nombre de Doña Clara por los puertos del mundo. Un buque que luce ya el nombre de una mujer valiente, de una republicana tenaz y luminosa.

En 1957 y después de intentos vanos por lograr que las autoridades franquistas le autorizaran su regreso a España, Clara Campoamor se despedía en una carta dirigida a su amiga Consuelo Berges desde Suiza y le decía:

“…recibe un profundo y fraternal abrazo de esta exiliada descontenta que navega en las añoranzas”.

Queda lejos, muy lejos, aquel septiembre de 1936 en el que embarcó desde este mismo puerto camino del exilio. Entonces ella no sabía que su vuelta quedaba cerrada para siempre. Tras el golpe militar de julio de 1936, en España la paz estaba definitivamente enferma, la vida se jugaba al precio de las ideas y Clara Campoamor, liberal y republicana, defensora testaruda de los derechos de las mujeres, prefirió poner su seguridad personal y la de su madre, que contaba entonces 80 años, a buen recaudo. Detestó la guerra y la violencia y tomó el camino del exilio mientras las aguas volvían a su cauce. Pero la paz no fue posible con el final de la contienda y las fronteras quedaron cerradas para ella.

Y es precisamente por ese mismo Mediterránero de su partida, por el que ahora retorna. Estamos aquí para honrar su recuerdo, su fuerza, para defender también su derecho a disentir de la guerra. El puerto de Alicante se convierte hoy en un cruce de caminos de la Historia. Y ahora Clara Campoamor regresa de su exilio, entre Suiza y Buenos Aires, por la puerta grande, para darle nombre a un barco libre que surcará los mares de la tierra que tanto extrañó.

En algún lugar, entre nuestro cuerpos y nuestras almas, Clara Campoamor despierta una sonrisa. Bienvenida doña Clara. Gracias por sus esfuerzos en defensa de la dignidad y la libertad de las mujeres. Gracias a usted que entendió que no hay democracia sin la participación de la mitad de la ciudadanía. Gracias doña Clara Campoamor: que como una mujer de trapío reunió en su propia biografía buena parte de las habilidades y profesiones que le eran permitidas a una madrileña nacida en 1888.

Murió en 1972 sin que las autoridades franquistas autorizaran su regreso. Soñaba con volver a Madrid, pasearse por Malasaña, colarse por la biblioteca del Ateneo, sumergirse en discusiones sobre lo divino y lo humano con sus colegas, hombres y mujeres. Año tras año anheló su retorno.

Y la hora llegó en una España en la que la igualdad legal comienza a ser un hecho. Donde las mujeres ocupan escaños en el parlamento y carteras paritarias en los ministerios de un gobierno que encarna las políticas que defiende.

Va por usted Doña Clara. Va también por todas y cada una de las mujeres que tenemos la suerte de vivir en esta sociedad que usted tanto anheló.

Su nombre, convertido en buque, recordará a los hombres y mujeres del mundo que la ciudadanía de las mujeres tiene un alto precio y que muchas mujeres como usted lo pagaron para que hombres y mujeres del presente ahora lo disfrutemos.

Gracias doña Clara Campoamor. Se las damos, aquellas que podríamos ser sus nietas, sus biznietas, sus herederas políticas, ciudadanas hoy de un país democrático que vive en paz y en libertad.

A partir de hoy Clara Campoamor dejará los mares de las añoranzas que surcaba en su destierro y enfilará los mares y los océanos.

¡Que le sean los vientos favorables a este buque que luce el nombre de la nieta de una portera del barrio madrileño de Maravillas, de una modista, de una telegrafista, de una maestra, de una abogada, de una republicana y de una exiliada que defendió en solitario y en nombre de la libertad y de la democracia real, la ciudadanía y la dignidad de todas y cada una de las mujeres españolas para avanzar por una senda de hombres y mujeres libres!

Les cedo la palabra ahora a mis amigos y compañeros Rosa Solbes y Mariano Sánchez. Los dos periodistas, los dos escritores, ambos alicantinos comprometidos con la defensa de la libertad; Rosa, fue fundadora y directora de Radio 9, y en la actualidad es columnista de El Pais y editora de los informativos de TVE en Valencia. Mariano Sánchez Soler es un experimentado periodista de investigación y un premiado novelista. Ellos se han prestado a encarnar el debate por el derecho al voto de las mujeres en las Cortes constituyentes republicanas, en 1931. Rosa Solbes será la voz de Clara Campoamor. Mariano Sánchez, prestará la suya para dar vida a quienes con todas sus fuerzas y argumentos se opusieron entonces, por razones tácticas o filosóficas, a que las mujeres irrumpieran en el escenario político de la democracia como electoras.

Escuchémosles:

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