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El fuego organizó la fiesta del sol y de la luna

Noche de San Juan. Solsticio de verano. Playa de La Marina. Alicante.

La arena estaba repleta de lumbres organizadas en su propio desorden. El mar seguía bramando en un murmullo primitivo y la brisa, apresurada por alentar al fuego, alargaba las llamas, como si quisiera arrancarlas de su ser.

Nunca es la primera vez. Siempre hubo otros principos exactamente iguales, como cada una de las gotas de agua del mar oscuro y tibio que cubrio los cuerpos desnudos que confiaron en el.

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A la fiesta, que convocaba el fuego, fue el agua y el rocío de la noche, fue el tiempo de la cosecha, las hiervas que todo lo curan, las plantas que alimentan, las que perfuman y también las que invitan a soñar. A la fiesta fuimos los hijos del sol y de la luna, la vida y la muerte , orgullosos de la arrogancia del sol, del orgullo de la luna, de su manera rotunda de quererse, de buscarse cuando se alejan, de alejarse cuando se encuentran.

Una vez más la vida convertida en una fiesta antigua como una nana que nos ayuda a percibir que somos parte.

Acudimos para celebrar y expandir la grandeza del sol, para sostenerlo justo esa noche, cuando con su máximo esplendor comienza su declive, esa noche que se adentra con el fuego en la oscuridad y la luna lo espera, lo recibe y se encuentran; ellos que tanto se añoran.La luna se cargó de luz para todo el año y amaneció resplandeciente , sofocada y brillante, orgullosa del astro que tiene como amante y pasó el día sin alejarse demasiado, satisfecha.

Yo estuve allí.

Un comentario a “El fuego organizó la fiesta del sol y de la luna”

  1. Teresa dice:

    Yo tambien estaba allí y me siento identificada y de acuerdo con esto que acabo de leer. Gracias por hacerlo público y compartirlo con todas las personas que tengan el placer de leerlo

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