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La noche que será día

Las lucíernagas han decidido jugar a ser sol. La gata y el sapo no se perderán el espectáculo y esperan inmutables. Pero solo los colibries están invitados a volar con las mariposas de vida intensa que morirán mañana, con su verde iridiscente formarán los límites imposibles de las luces vivas del Hemisferio Sur.

Un potrillo recién parido se ha puesto en pie y corre tras la luz por la rivera del río tibio y turbio.
La llegua que es su madre relincha a lo lejos.

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