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Navidad en la ciudad interminable

 

Las casas se suceden entre el asfalto gris que se amontona en las esquinas tristes. Los pèrros transitan las veredas buscando un amo que nunca tuvieron. En cada cuadra, un velatorio congrega a los vecinos. Mujeres de negro y hombres apagados entran y salen sin apenas rozar el suelo; no tuvieron lagrimas antes de la muerte y no las echan de menos cuando la caja estrecha y larga baja a la oscuridad del panteón herrumbroso. Hay una niña que se asoma a la tumba de su padre sin saber que significa la muerte. Tiene los ojos negros, no llora, respira con dificultad y apenas parpadea.

En Buenos Aires, cuando el Río de a Plata llena la atósfera  de humedad.

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