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Lú llegó de Haití

Esta es la carta que mi amiga Charo, mamá de Lú, que llegó desde Haité hace algo más de 2 años, ha remitido a sus amigos.

Tengo a mi lado a Lu. Da gloria verla. Guapa, sana, contenta, charlatana. Pues resulta que para tener una vida razonablemente feliz, o al menos con las necesidades mínimas cubiertas, mi hija, y otras y otros más, deben salir de su país, Haití. Lu ilumina mi vida, y estoy agradecida a la providencia de que nos haya lanzado a una en brazos de la otra. Ahora bien, sobre todo en estos días, no dejo de darle vueltas a cómo podemos aceptar que existan estas desigualdades que hacen que una persona no pueda quedarse a vivir tranquilamente en su pueblo, o en su país. Y que salga para conocer mundo, o a vivir aventuras, no a buscar una vida digna para ella y su familia.

Haití parece un país maldito. En doscientos años de vida sólo ha conocido la injusticia, la miseria, la desgracia, la corrupción. Fue el primer país del mundo en abolir la esclavitud, y el segundo de América en conseguir la independencia después de Estados Unidos. Con estos antecedentes, podríamos pensar que progresaría y llegaría a garantizar los derechos y libertades que merece su ciudadanía. Pues no.

Se trata de un país totalmente empobrecido, deforestado, sin recursos naturales (bueno, en su subsuelo hay bauxita, de la que se obtiene aluminio), sin interés para el turismo por el momento. En sus doscientos años de vida sólo ha conocido la injusticia, la violencia, la desgracia. A pesar de ser tan pobre, ha sido escenario del conflicto de intereses entre grandes potencias: Francia, España, Gran Bretaña, Estados Unidos. En la actualidad, existen importantes intereses en que Haití sea un país ingobernable, un caos: buena parte de la cocaína que viaja desde Colombia hasta Estados Unidos pasa por su territorio.

El terremoto a sido un golpe terrible para Haití, un lugar ya de por sí sin esperanza. Llegará la ayuda, al final (demasiado tarde, siempre demasiado tarde). Y qué ocurrirá después? Ni siquiera existen en cantidad suficiente tierras aptas para el cultivo: el suelo es árido a consecuencia de la deforestación, que también impide que sea retenida el agua de lluvia. Una situación muy diferente a la de la vecina República Dominicana, con iguales condiciones de clima y territorio, pero que ha cuidado su masa forestal y ahora tiene una cubierta vegetal sostenible. Todo esto debería hacernos pensar muy seriamente en lo realmente vital que es cuidar de nuestros recursos naturales.

Alrededor de un 70% de la población vive en la pobreza. Para que os hagáis una idea, la parte más pobre entre los pobres se alimenta de galletas hechas con barro, manteca vegetal y sal.

Un 80% de las personas con formación emigra. Hay más médicos haitianos en Canadá que en Haití.

No me extiendo más. Aunque se lograra rehabilitar todo lo destrozado por el terremoto, Haití seguiría siendo un país desahuciado. Como tantos otros, como buena parte de Africa, por ejemplo, por distintas razones, salvando las distancias y teniendo en cuenta las particularidades de cada lugar.

Os agradezco de corazón vuestro interés, las llamadas, mails, sms de cariño que nos hacéis llegar. Nos han llegado noticias de que en el orfanato están bien. También me preguntáis a qué ONG enviar vuestro dinero (como bien dice Pau, es lo único que podemos hacer desde aquí en este momento). No sé qué deciros. Quizá Médicos Sin Fronteras sea la más fiable. Paula (para quien no la conozca, es una gran amiga que trabaja en Mozambique con MSF) lo confirma, lleva años en esta organización. También os envío información de una ONG con la que colabora Adopta, la agencia de adopción a través de la que tramité la llegada de Lu. Son católicos, eso sí, pero de fiar. En realidad hay ONG para todos los gustos, hacedlo con quien confiéis más.

A pesar del terrible panorama que os explico, sueño que un día Haití será un país al que se pueda llegar y encontrar a gente con una vida normal, con sus penas y sus alegrías, sus preocupaciones, porque pueden dedicarles interés al tener resuelto lo básico: comida, salud, educación, paz, vivienda, trabajo. Es muy muy posible que Lu quiera volver un día a completar sus historia, a conocer el lugar de donde viene. Por ella, por los niños y niñas que salieron camino de nuevas casas y familias. Por los que se quedaron, por los que murieron en ésta y otras catástrofes, naturales, y artificiales. Haití merece un futuro digno.

Un abrazo y todo mi agradecimiento por vuestro interés y solidaridad.
Charo, mamá de Lú

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