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Virtuosa coincidencia: un rescate que no mira a la banca

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=rL6FxZLrnNk[/youtube][youtube]http://www.youtube.com/watch?v=LjDCK1e-_Hg&feature=related[/youtube][youtube]http://www.youtube.com/watch?v=_OcxipDA5Co&feature=related[/youtube]El siglo  XXI, por fin,  nos ha regalado un momento de alivio y ha  concentrado  su humanidad y  su tecnología en la historia del rescate de 33 mineros; 33 trabajadores mondos y lirondos, 33 seres humanos en mitad de un desierto, el de Atacama, que dicen que es el más árido de la tierra. Estamos de buena nueva, no sólo porque la historia ha terminado bien, sino porque la vida sin más, por una vez, se ha puesto por delante y eso  nos ha hecho sentirnos semejantes, por unos momentos, hermanos, como canta Quilapayun.

Ayer, cuando escuchaba la radio, la emoción de todos, esperando uno a uno que aparecieran con vida estos 33 hombres, me acordaba de La Cantata de Iquique. Un disco de estos músicos chilenos, que allá por los setenta narraba la matanza de mineros en Iquique, Chile, cuando luchaban, en 1907, por mejorar sus condiciones de trabajo.  ¡Unámonos como hermanos!  Por fin, algo ha ocurrido y los 33 han visto la luz que no vieron en Iquique. Ya era hora.

 Llevamos demasiados meses oyendo hablar de rescates financieros,  miles de millones para la banca –que nunca pierde– mientras  la gente se queda sin trabajo y sin recursos para sobrevivir. ¿Porqué no gastar dinero en lograr que la gente de carne y hueso tenga una vida mejor? Resulta bueno pata todos. Incluso para la banca.

Una cápsula llamada Fenix, la movilización de las mujeres y de los compañeros y familiares de los mineros y un despliegue inusitado de medios de comunicación, ha hecho posible la resurrección, la vuelta a la luz de los 33 hombres, su nuevo alumbramiento del que el mundo entero ha sido testigo.

En Iquique, y tantas otros lugares, antes y ahora,  la gente pobre trabaja duramente sin que a casi nadie le incumba el asunto, algo así como si se tratara de daños colaterales a cambio del brillo de todos los  ubérrimos centros comerciales del planeta.  Por una virtuosa coincidencia las miradas del mundo, e incluyo la mía propia, por insignificante que sea, ha hecho posible la luz, una energía exquisita, irrepetible, industructible.  Que sirva de precendente.

Bienvenidos a la vida en superficie.

Cuelgo aqui parte de la Cantata.

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