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“Era silencioso, apacible, como ahora”

Tal vez haya un lugar entre el olvido y la memoria para reconciliarnos con lo que somos.  Un espacio creado entre silencios para reconocernos.  El holocausto no es la invención de un escritor enloquecido, ni las bombas de Hiroshima y Nagasaki, las armas de destrucción masiva de un enemigo potencial. El franquismo y su aparato de estado trató de exterminar la disidencia durante décadas y lo logró de tal modo, que 36 años después de la muerte del dictador, los muertos siguen en las cunetas y la memoria del horror bajo sospecha y criminalizada. Hay que tener coraje para enfrentarse a la verdad. [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=BbGO3x6JkxQ[/youtube]

Shoad, documental de Claude Lanzmann, 1986.

La película comienza con el testimonio de un judio polaco, un niño de 13 años en 1945, testigo del exterminio y superviviente de su propia ejecución. No es literatura. Es historia y debemos ser capaces de escucharle, cuando su propio dolor le permite relatar lo que no podrá nunca olvidar. Y aceptar su espacio, su voz y su silencio,  y el  respeto y reconocimiento imprescindible  que requier su existencia presente y su memoria, para que todos seamos capaces de vivir sabiendo que su experiencia es algo que nos incumbe y de la que formamos parte.

Simón Srebnik. Chelmno, Polonia
“Mucha gente fue quemada aquí. Sí, en este lugar. Nadie volvía a salir. Los camiones llegaban y enseguida echaban ls cuerpos y las llamas subían hasta el cielo. Era terrible. No se puede contar. Nadie puede lo que pasó aquí. Imposible, nadie puede entenderlo. No me puedo creer que esté  aquí. Esto siempre era tan tranquilo, siempre cuando quemaban cada día  a 2000 personas era igualmente tranquilo. Nadie gritaba, cada cual hacía su trabajo. Era silencioso, apacible. Como ahora”

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