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Alicante invertebrada

Escrito en Alicante, frente a un  mar que parece en calma

Torpe y laboriosa, sabia de derrotas, aventurera, incrédula.  Esta ciudad, la mía, Alicante;  repleta de historias   silenciadas, acontecimientos que todavía no han sido.  El olvido es nuestra verdadera memoria.

Escucho el murmullo de la ciudad, allá abajo, ajetreada y a la espera: un minuto de azul y sal, la vida.

¿Cuándo empezó a cambiar nuestro futuro?  Escucho las gaviotas, entre el azul y la cara del moro. Respiro la brisa de Levante que reparte el perfume de la orilla y viajo. La pequeña balsa junto al aljibe, el granado, aquel corral con gallinas y con huevos,  la lluvia que empapa la tierra que tanto la reclama, ese olor de higuera, aquellas mandarinas, los silencios, los suspiros, las ausencias y las risas, el columpio, la banda de música, la algarabía.  Desde lo alto del Benacantil, la ciudad parece pequeña, manejable, dócil.

Los huecos de las rocas guardan el rumor del mar y en invierno, el canto de las cigarras.

¿Cuando empezó a cambiar nuestro futuro?

¿Imagino a las gentes del paleolítico, recién llegadas a saber de dónde, cansadas, al frente de su grupo, con los bebés a cuestas,  subieron al monte, estoy segura ¿Verían el mismo mar que yo veo ahora? ¿Hace 10.000 años, era el mar el mismo mar que veo ahora, era el mismo el perfume de su arena?  ¿Era incierto, turbio, difícil su futuro?  Mientras miro al horizonte, imagino a esta Alicante invertebrada, hecha a fuerza de siglos, de generaciones que se quedaron boquiabiertas bajo un cielo generoso de luz.  Abierta de par en par, entregada al mar, última estación de tantas guerras que son siempre la misma: un intento e poner fronteras y precio al paraíso. Hay quienes siguen esperando que un barco llegue; dicen que están parapetados, invisibles en un muelle de esos nuevos, por los que pasean su desesperación.  Viento y sal.  Y esta tierra sin ríos que se estremece con el agua. ¿Cuando empezó a cambiar nuestro futuro?

Construyeron la fortaleza y la rodearon.  ¿A quien temían? ¿Al futuro acaso? Dentro y fuera, el cielo de todos, repartido; el hambre gratis. Y las gentes cambiando de dios, de amo y de patrono, llegado el caso; si hiciera falta.  La Serragrosa  se partió el alma para que la ciudad creciera. Y donde hubo mezquitas levantaron iglesias y   los vigías comenzaron a ver moros en la costa.   La olleta, en el fogón,  mujeres afanosas, capellanes, habas en primavera, almendras y un buen plato de arroz caldoso. A la ciudad llegó el ferrocarril y con su humo, el progreso, arrancando  a las gentes de sus tierras .  La esperanza por delante. Flores a María, el puerto, las cigarreras, las pobres más ricas de la ciudad, el vino que sale a borbotones desde el puerto, entre salazones y alpargatas. ¿Y el futuro? ¿Cuándo empezó a cambiar nuestro futuro?

Oigo el tañido de las campanas de Santa María, acompasadas. Llegó la luz eléctrica que ocupó la noche,  los automóviles se hicieron dueños de la ciudad  y las playas se llenaron de edificios.   La ciudad multiplicada, desparramada.  Nunca tan hartos de fiesta, tan descolocados, tan lejos y tan cerca de nuestros raíces.

¿Qué nos espera ahora? De nuevo la pregunta. La misma de aquel grupo de desgreñados que llegaron a saber porqué hasta el Benacantil sin nombre y se quedaron. Ellos, nuestras Evas, nuestros Adanes, responsables de sus actos. Como nosotros, con un futuro incierto, la duda en la mochila. El precio de estar vivos.

Un comentario a “Alicante invertebrada”

  1. […] This post was mentioned on Twitter by Angeles Portillo. Angeles Portillo said: RT @llumq Alicante invertebrada http://bit.ly/dRVquo […]

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