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Ahora, los extraterrestres

Extraterrestres buen rollo.

El mayor peligro que nos acecha es nuestra capacidad de destrucción. La acumulación de riquezas  alentada y protegida por los poderes, las leyes, los ejércitos nacionales e internacionales hace de nuestra especie un peligro y una amenaza para nosotros mismos. No necesitamos que vengan de ninguna otra galaxia para esquilmar  los fondos públicos, destruir la tierra, contaminar las aguas y la atmósfera. Hace apenas dos años, cuando manecía el corazón de la crisis, políticos, dirigentes sociales, incluso muchos empresarios de las medianas y pequeñas empresas llamaban al necesario sosiego para proponer un cambio de rumbo.  El dinero, el beneficio no debía ser el único derecho inalienable cumplido a rajatable en todos los confines terrestres … había que comenzar a poner en marcha un cambio de modelo…

Se acabó.  El sistema no tiene alternativa, ni freno. Los intraterrestres dueños del dinero, los traficantes de armas, los dueños de los paraisos fiscales se han hecho con el mando.  Mientras la industria se reacomoda y los poderosos se resitúan  para dar una vuelta de tuerca más sobre el cuello de quienes apenas tienen nada,  dirigen sus negocios allí donde pueden pagar menos salarios y la leyes son laxas sobre aspectos relacionados con la contaminación y los abusos varios.  Todo lo que tocan lo corrompen lo  convierte en algo susceptible de comprarse de venderse …  la venda despiadada del poder que les aleja de la empatía con los otros. El campo  ya no es el lugar que alimenta a la gente; sino las  inmensas naves al aire libre donde se cultivan semillas patentadas, la agroindustria…para dar de comer a las máquinas. ¿Y la gente?

Leo en El Público de ayer que La Humanidad no está preparada para lo peor, pero se equivocan. Lo peor está entre nosotros desde hace mucho tiempo, probablemente desde el principio. Y si como sugiere el estudio de Simon Conway los extraterrestres serán parecidos a los humanos…, pues a lo mejor entre ellos hay personal con el que aliarse para crear un modo de vivir más decente para todos. Yo me empeño en no perder la esperanza. Solo hay que esperar el momento.

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