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Lorca, la tierra tiembla

La gente consternada, de fondo la campaña electoral se empequeñece

11 de mayo de 2011, ciudad de Lorca, Murcia. Una foto de EFE

El mismo día que la tierra tiembla en Lorca, en Barcelona el Barça se hace con la Liga. Una tragedia y una explosión de júbilo para catalanes y para tanta gente de Murcia, tan unida a Cataluña. Un estallido de dolor sobrepuesto para todos, cuando los techos se vienen a bajo en Lorca, el municipio más extenso de toda España, uno de los que más emigrantes aportó a Cataluña a principios del S-XX. Demasiada hambre en esta tierra árida, que fue de terratenientes y señoritos dueños también del agua (¿lo es todavía?) donde el sol luce con más intensidad, más días al año, que en ningún otro punto de la península: la ciudad del sol, es su reclamo.

A principios de siglo viajaban en barco, desde Águilas; más tarde llegó la novedad, el autobús clandestino, conocido como el Transmiseriano, veintiocho horas de camino hasta Barcelona, la esperanza de una vida mejor.

La historia da vueltas, la tierra tiembla, los corazones se agitan y la memoria estalla.

Tengo en mis manos un pequeño libro que escribió Carlos Sentís en los años treinta, Viatge en transmiserià. Cuenta su descubrimiento de dos tierras murcianas, la rica, de la Vega del Segura, y la otra, la que fuera del hambre, Lorca está en esa parte del mapa.

A partir del último cuarto de siglo pasado, se volvió una tierra próspera, repleta de gentes que llegaron en otros transmiserianos por el mar y por la tierra.

En Lorca la historia tiembla y apenas se tiene espacio en el alma para celebrar el éxito del Barça.

–¿A Lorca quieres ir? ¿Es que tienes ganas de llorar?—cuenta Sentís que le dijo un murciano de la capital cuando trataba de informarse de cómo recorrer los 66 km que las separa.

El sufrimiento une más que el gozo.  Yo también quiero ir a Lorca. A llorar si es necesario. Y a levantar de nuevo las casas, acordándonos de quienes somos.

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