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La fuerza de la que limpia: el FMI y otras yerbas

Amaneció el 15 de mayo entre sol y sombra, ventoso, luminoso a la vez. Y las noticias comenzaron a tomar velocidad en los teclados. En Nueva York, el director gerente del FMI salía por piernas del último hotel de lujo en el que se hospedaría en una larga temporada. Se iba airado , como el día, en dirección al aeropuerto, camino de París.

Economista brillante, ejecutivo, seductor, eficiente dirigente de la más influyente organización monetaria mundial estaba recorriendo sus últimos y angustiosos minutos de libertad. ¿Qué pasa? preguntó  a los policías que le levantaron de su butaca en el avión que diez minutos más tarde despegaba sin él.

¿Qué pasa?

A  pesar de la responsabildad del FMI en las políticas que han incentivado la desigualdad, la burbuja inmobiliaria, el hambre  y la crisis en todos los rincones del planeta, arruinando, entre otras, la soberanía alimentaria de las gentes, a Dominique Srtauss-Kahn venían a detenerlo por siete delitos contra una sola mujer, la camarera de la habitación en la que se había hospedado esa noche y de donde él salió con  prisa.

Tal vez sea una metáfora de la historia, un rizo de la actualidad, un relato posible que nos ofrece en bandeja una nueva esperanza. La camarera africana  –dicen algunos medios que es guineana– de 32 años reunió fuerzas para hacer frente a este Goliat, un socialdemócrata al que le han salpicado repetidas denucias  del mismo calibre a lo largo de su carrera.

¿Qué pasa? Pasa que importa la vida , que importa el trabajo digno, las necesidades cotidiana, el cuerpo de la gente. Pasa que a veces las leyes del estado de derecho, conseguidas con siglos de historia, de esfuerzos, de luchas sirven para poner al mismo poder en cuestión (en realidad para eso fueron creadas).

Pasa que no se pueden ir de rositas una y otra vez los poderosos por la puerta grande de los hoteles de lujo y sentarse de nuevo en la primera clase de los aviones  para llegar descansados a seguir marcando a la Humanidad las políticas económicas que mantienen sus hoteles de lujo y su primera clase. Pasa que el mismo 15 de mayo en esta país, el tsunami de la movilización popular que recorre el norte de Africa y se pasea por Europa, ha llegado por fin a las calles españolas.

DSK ha dimitido hoy como presidente del FMI. Un eufemismo, claro.  Su antecesor, el popular español Rodrigo Rato, que alentó durante su mandato las tendencias que llevaron al traste la economía capitalista mundial y acrecentó las desigualdades, salió por la puerta grande y entró por esa misma puerta en Caja Madrid. ¿A hacer lo mismo? Conviene acordarse y tener la escoba a mano.

En lacalle la indignación se convierte en acción y ahora despliega sus propuestas. Igual que en el Sofitel de Nueva York, no basta con quejarse. Hay que señalar con el dedo a los responsables, por grandes y poderosos que sean y seguir con la tarea. Como la camarera, a limpiar, a poner orden, a dibujar otros mapas para la vida en la que quepamos todos.

Las camareras se ponen en acción, la limpieza hace muy agradable la vida.  ¡Quien lo duda!

Yo también soy camarera.

Un comentario a “La fuerza de la que limpia: el FMI y otras yerbas”

  1. Delia Amoros dice:

    Esta nit a #lamuntanyeta tots amb una granera. Acabe de piular-ho a twitter!

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