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Serpientes de verano, de vacaciones

Con tanta competencia, este 2011 las serpientes de verano están de vacaciones

En los medios de comunicación, en verano, se echaba mano de noticias irrelevantes o insólitas a las que se les daba cancha para entretener las páginas mientras el personal estaba de vacaciones. ¿Dónde están las serpientes de este verano?

Apenas  me asomo a los diarios, los abismos  amenazan engullir –y engullen– en su trituradora  a todo bicho viviente que  suponga un sobre coste al sistema, emigrantes, mujeres que apenas cotizaron, gente sin trabajo fijo con renta de mindundi, pensionistas o viudas de medio pelo, gentes del campo recalcitrantes, empeñados en vivir de lo que produce su entorno.

La prima de riesgo, los atentados de Oslo, la privatización de la banca depredadora, los sueldos multimillonarios de los nuevos consejeros de Bankia, o los de Telefónica que preparan un ERE para los que no son consejeros, la cara dura del ex honorable Camps, escenificando un sacrificio patético y horripilante ante una ciudadanía –incluidos esa gente que le vota– que sabe que miente más que habla. Noticias sobre Crespo y otros impertérritos consejeros y directivos de la CAM que con el beneplácito de los políticos han dilapidado buena parte de su patrimonio financiero y se han beneficiado  ellos mismos y sus empresas afines.  ¿A dónde han ido tras el fiasco? En su casa están todos, durmiendo a pierna suelta por la noche, con las carteras llenas y los negocios cubiertos, avalados por todos los poderes. ¿Qué poder ampara a la mayoría?

Pero la historia ha dado un giro. En ese mismo lugar donde el abuso de poder reina se está gestando la generación que trae el pan bajo el brazo. Este jolgorio de colores de los centros comerciales, el mercado que triunfa sobre una montaña de destrucción, de privatización del pro-común, de toxicidad y de basura, coronado por un pastel de estruendo ha dado a luz  su particular  resistencia. Se terminaron los tiempos de una oposición adocenada o/y ensordecida. Ahora, nuevas voces  se escuchan  por los caminos, en las asambleas de los pueblos, en las plazas, en el norte de África, en el mismo corazón de Jerusalén, en Grecia, cuna de lo que somos, mil veces esquilmada. El equipaje de esa multitud va cargado de esperanza, de ideas, de propuestas, de necesidad de ser parte, de ser dueñxs de esta vida que es vida para todxs. Esto va en serio. No hay serpientes de verano con las que competir.

Lo llaman democracia y no lo es.  Este vodevil de bandidos ¿cuándo acabará? Escenificamos una mala película de miedo en la que la inmensa mayoría va de extra sin cobrar. ¿O se trata de una tragedia y por eso Grecia entera está en escena?

¿Podremos poner en pie una moral social, una ética pública que tenga como razón de ser el bien común? Tal vez sea el propio escenario el que esté reclamando una transformación.

No es la primera vez no será la última en la que la Humanidad busque responder a esa misma pregunta.

Más madera, se escuchan los gritos desde los mercados. Fausto no ve más hambre que su avaricia; con ella se entrega al diablo y tiene en la manga escondida la carta de un dios que lo perdona, según Goethe o lo manda a los infiernos, como hizo Thomas Mann. Que también cabe la posibilidad. El artista es el que manda.

En estados Unidos Obama ha perdido el color y en mi barrio, acaban de poner en la calle, sin techo, a una familia ecuatoriana sin trabajo.

Afuera el sol de agosto aprieta y las cigarras cantan que esa es la vida que les corresponde.

Este año las serpientes de verano están de vacaciones.

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