Sígueme en Twitter

Trini Gallego va a la Universidad, 1913-2011

Trini Gallego, la fuerza de una mujer que quiso cambiar el mundo.

No hay que tenerle miedo a la muerte, niña”, le decía decía a Trini su abuela Trini mientras  embalsamaba a un muerto de postín en una finca del barrio de Salamanca de Madrid. Eso ocurría allá por 1920,  y ellas,  las dos Trinis, que afrontaron la vida segundo tras segundo con  su energía por todo patrimonio, lograron atravesar –valientes– una vida larga, tantas y tantas veces insoportable. La abuela de Trini murió pobre de solemnidad a los 94 años, mientras Trini estaba en la cárcel, una de esas veces que la detuvieron por auxiliar a un guerrillero en Alcahudete de la Sierra, en Jaén. Trini ha muerto  haciendo planes sobre su futuro.

Trini Gallego, la nieta de la portera de la finca del marqués de Santo Domingo, en la calle Villamagna de Madrid, la hija de Petra, la modistilla, la camarera de Sakuska, la estudiante de enfermería, la matrona, la que quería tener hijos sin hombre, la que a penas conoció a su padre, la que aprendió de la mano de su abuela… Trini, esa Trini austera y amante de la vida, murío el pasado jueves en su luminoso y pequeño  ático de Barcelona. “Me quiero morir, ya, jolines”, decía. Y esperaba que la muerte no se le hiciera más de rogar.

Trini  Gallego logró cursar los estudios de enfermería, convertirse en matrona, pero la Universidad era su asignatura pendiente.  Por eso, Trini  ha preparado su último viaje con todo su cuidado.  Ahora, el cuerpo de Trini está en la Facultad de Medicina porque ella había decidido seguir siendo útil también despues de muerta.

Trini Gallego, Madrid, 1936

Trini Gallego, en el quirófano del Hospital San Carlos, 1936.

“Yo no soy yo, yo soy mi abuela“, decía Trini a todo el que la quisiera oir en estos últimos años de su vida. Era su homenaje a la vieja que no pudo cuidar como ella se había propuesto, de decir a los cuatro vientos su profundo respeto, su amor por aquella mujer que le dió nombre y que la hizo a su imagen y semejanza: valiente, feroz en su resistencia, en su lucha por los suyos.

La nieta de la portera  quiso cambiar el orden de las cosas, salir de aquel estado de servilismo en el que creció en el que la inmensa mayoría de la gente estaba condenada a la miseria; estudió, se hizo comunista … y aquel deseo de sacar a las suyas — a su madre, a su abuela, a su tía– de la pobreza, de las jornadas inacabables, de la falta cotidiana de recursos para soobrevivir… Trini soñó con una vida libre y apenas rozó su sueño cuando le estalló haciéndo añicos sus esperanzas y la de tantos otros millones de seres humanos. Pasó de la portería a ser parte del Comité del Hospital San Carlos, en Madrid  y de allí a la sombra de la cárcel, a la soledad, al destierro,  a la total ausencia de libertades. Sobrevivió  a la dictadura, a los más diferentes sufrimientos y siempre puso al servicio de los otros su energía, su fuerza, su conocimoiento; su deseo de ser madre no se cumplió pero trajo al mundo hijos e hijas de cientos, de miles de mujeres; salvó vidas y cuidó de su gente, defendió sus ideas a carta cabal, año tras año, en tiempos terribles y en tiempos de bonanza y libertad.

Etiquetas :

Deja un comentario