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El huevo de la serpiente

Rodada en 1977, El huevo de la serpiente es una reflexión de plena actualidad sobre la historia de Alemania de principios del XX, sobre la crisis económica, sobre poder y el sometimiento impuesto bajo el terror.

Días atrás, Felipe González, expresidente del gobierno y artista de la puerta giratoria,  en un almuerzo de la Fundación en Defensa de la Transición,  refiriéndose a los escraches, dijo: “¿Por qué un niño tiene que aguantar una presión en la puerta de su casa?”.

Puertas giratorias

¿A qué niños se refiere, Felipe? ¿Qué niños ve? o, más bien,  ¿qué niños no ve?  ¿Y cómo es que nos los ve? A pesar de ser decenas de miles, los hijos e hijas de quienes se han quedado sin casa (cerca de 40.000 familias sólo en 2012), sin  trabajo, sin sanidad, sin futuro, Felipe Gonzalez no los ve. ¿Tendrá algo que ver el lugar desde el que mira, la puerta giratoria acaso le cierra perspectiva más allá de su consejo de administración?

Hubo un filósofo griego, Hecaton, hace ahora veinticuatro siglos, que enseñaba para los poderosos: “entre la salvación de otro hombre y la conservación del interés propio, debe preferirse siempre la segunda opción”, decía.

Felipe González, como su colega Aznar, sigue las enseñanzas de Hecatón y se queda tan tranquilo, mientras evidencia lo que ha hecho la socialdemocracia en este país. Servir a sus señores y consolidar una Transición que efectivamente transitaba sobre el franquismo en alianza con un neoliberalismo que se ha alternado con la socialdemocracia,  en la misma forma que  las puertas  girarorias.

El errror serio de González
Es el mismo Felipe que coincidiendo con el 25 aniversario del referendum de la OTAN, en 2008,  afirmó que aquella convocatoria  –cuyo increíble lema socialista  fue OTAN, de entrada no— había sido un error serio porque “a los ciudadanos no se les debe consultar si quieren o no estar en un pacto militar”.  ¿Y sobre qué se les debe consultar, entonces más importante que la guerra?

Ahí tenemos  al representante histórico de  la  oposición socialdemócrata. Si eso es la izquierda ¿qué podemos esperar de la derecha que en este país no ha tenido apenas límite ni contención en sus desmanes?

Propio beneficio
Desde el poder, se pide respeto a los poderosos, mientras olvidan sus deberes para quienes son valedores, sus votantes, lo que ellos llaman el pueblo soberano.  Ministros, diputados, dirigentes del FMI como Rato, alcaldes y alcaldesas, banqueros, dirigentes empresariales, miembros de la judicatura y de la casa real aparecen en una lista interminable de corruptos que han infringido una y cien veces las leyes.  Se han apropiado de caudales públicos, han abusado de  su poder, de su influencia han desviado los recursos a empresas interpuestas en su propio benéfico, el de sus amigos o familiares, han dilapidado el patrimonio común y lo han vaciado de contenido a favor de lo privado; como Felipe, todos ellos  han hecho su Transición; su particularísima y nada metafórica Transición de la política a la gran empresa, en su caso, el de Felipe, de la presidencia de gobierno al Consejo de Administración de Gas Natural –empresa participada por REPSOL y La Caixa–,  en movimiento circular bien engrasado con una ley anticorrupción llena de vacíos que tolera y anima al escándalo.

La  democracia es un pacto, conviene recordar. Un pacto que en nuestro caso se ha creado en falso, sobre una ausencia total de reconocimiento de la herencia republicana derrotada a golpe militar fascista en el 36 y de aniquilación de la disidencia durante  una  dictadura interminable, que logró erigir en padres de la democracia a verdaderos artífices del franquismo; miremos sin ir más lejos a Fraga Iribarne o al propio rey, como uno de sus beneficiarios.


Apenas la prensa  comienza a hacerse eco  de la podredumbre a la que asistimos, aireada en los juzgados, mientras el miedo y la incertidumbre se hacen dueños de la situación. Para Felipe Gonzalez, para Rajoy, para Botín, para los poderosos, lxs deshauciadxs,  lxs paradxs, lxs pensionistas, los emigrantes, las gentes sin recursos, privadas de sus ahorros, de sus derechos más elementales,  lxs excluidos del festín de la certidumbre capitalista, “no son gente  como nosotros”, parecen decir.

Fosas comunes

Esa moral, ajena al igualitarismo que se defiende desde la Ilustración,  hizo posible los campos de concentración del pasado nazi pero también el mantenimiento de las fosas comunes del franquismo y todos los Guantámos del presente, zonas de reclusión de emigrantes o barrios repletos de multitudes sin esperanza.  Los desahucios, los contratos basura, la reducción de los salarios y la congelación de los derechos laborales alcanzados, el intrépido aumento de los impuestos imposibles de pagar, se convierten en un espectáculo diario y lastimoso.  ¿Cabe asistir a todo ello sincuestionar al poder que lo ha causado?

La vida frente a la barbarie

La democracia se establece a través de un pacto entre gobernados y gobernantes, pacto traicionado reiteradamente por el poder que obliga a la ciudadanía a defenderse y también a cumplir con un mandato  democrático de defender losprincipios básico de laconvivencia democrática. Quienes nos gobiernan  no defienden la Constitución que aprobaron; y sin embargo condenan a quienes denuncian sus múltiples corrupciones y traiciones.

Algo ha cambiado desde el estallido de la crisis y el florecimiento  del 15-M; sus múltiples formas de organización han generado una nueva percepción de la realidad antes incuestionada. Ahora las profundas deficiencias de nuestra democracia se han puesto de manifiesto y resulta obvio que el Rey está desnudo, como en el cuento de Hans Christian Andersen, ya no hay modo de hacer prevalecer la mentira  aunque sea sostenida por el poder.
En su preámbulo la Consticución de 1978 obliga a los “Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos”. Y en su título 47 “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”.
Quienes salen a la calle y señalan a quienes infringen un día tras otro los derechos y las libertades no hacen más que cumplir con su deber democrático, individual y colectivo;un mandato constutucional, por cierto.
Se trata de hacer prevalecer la vida frente a la barbarie que han instituido como norma al servicio de los mercados.
Necesitamos dotarnos de fortalezas, nombrar lo que sabemos, reclamar nuestros derechos y afirmarlos,  llorar nuestro dolor, y reclamar la esperanza y la alegria como territorios de nuestra más íntima geografía.  Deberían aprender de la historia aqeullos que como el borbón Luis XVI en la Francia prerrevolucionaria o los Romanov,  en los comienzos del siglo XX en la Rusia zariasta jamás imaginaron que los otros, lx chusma hambrienta, fuera capaz de cambiar el curso de la historia.

Huevos y serpientes

En 1977 el cineasta sueco, Ingmar Bergman,  realizó una de las obras maestras del cine, El huevo de la serpiente; transcurre en el Berlín pre-nazi, tras la derrota alemana de la Primera Guerra Europea. La crisis económica, la pobreza y la incertidumbre se extiende como una mancha de grasa pegajosa sobre la inmensa mayoría de la población humillada hasta la extenuación, capaz de cualquier cosa a cambio de casa, de ropa, de comida. Es el reino del terror para quienes no tienen más que sus propias fuerzas para salir adelante; como ahora, una infección  generalizada limita la propia defensa: “Nada funciona bien excepto el miedo”, dice un personaje de la película.  Bergman narró la historia de la República de Weimar que engendraba el monstruo del nazismo, el reptil que se vislumbra en el huevo de la serpiente.

Nuestra sociedad ya ha sobrevivido a su reptil; toca ahora desenmarcarar a quienes desean reactualizarlo en una versión globalizada.   Los escraches son un ejercicio de democracia a la que estamos obligados para defender lo que nos pertenece,  para poner en práctica la potencia de una acción que devuelve el poder a sus orígenes, que da fuerzas, apoyos, valor y reconocimiento  a millones de personas; un acto soberano de solidaridad y afirmación de la vida que se encara con quienes la vituperan y la niegan;  una vacuna contra el miedo. Un arma imprescindible en defensa propia que llama a las cosas por su nombre.

2 Comentarios a “El huevo de la serpiente”

  1. Mamen dice:

    Llego a anoche a mis manos ( mejor dicho, mis “ojos” ), el excelente documental “Colombia, la guerra que no existe”, y buscando a su autora he llegado hasta aquí. Mi enhorabuena por este derroche de sensantez en su escrito. Dejemos la pleitesía de los políticos actuales o no, a tanto poder y veamos lo que es real, las personas. Muchísimas gracias, me lo llevo para difundir.
    Encantada de “haberla conocido”. Un abrazo.
    Mamen P.G.

  2. llum dice:

    Gracias, Carmen.

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