Sígueme en Twitter

Los olvidados y el fin de la impunidad

Todo empezó con un accidente mortal que el beatísimo gobierno  de la Generalitat quiso negar porque estaba en juego su propia credibilidad. En  Valencia, en la estación de Jesús, de la línea 1,  un tren se salió de la vía; hubo un total de 89 víctimas, de ellas, 42 personas muertas; corría el 3 de julio de 2006. El Papa estaba a punto de llegar a la ciudad.  Entonces, el gobierno de la Generalitat se empleó a fondo  en un imposible que pareció darles resultado:   esconder  los hechos, las pruebas y los muertos  debajo de la alfombra.
La misma unidad del Metro de Valencia ya había sufrido un accidente con las mismas características técnicas tres años antes. Ferrocarrils  de la Generalitat también lo ocultó y la consultora que contrató, HM&Sanchís, se encargó de que estos hechos se obviaran en la comisión de investigación tras una tarea  tenaz de adoctrinamiento de quienes tenían que declarar en las comisiones parlamentarias.
Mientras regateaban  la  información a los medios, a la oposición,  a los supervivientes, a las familias de las víctimas, a la ciudadanía,  el presidente de las Cortes, Juan  Cotino intentaba comprar el silencio de los responsables, en toda la cadena de mando de los Ferrocarriles de la Generalitat y el silencio de las víctimas y  sus familias. A unos con amenazas y ascensos; a otros, con ayudas económicas y puestos de trabajo.  Canal 9  ese día  3 de julio de 2006; –¿la televisión  de quién?–,  el canal público valenciano, se ocupaba del asunto como de una noticia más y continuó la programación, ajena a la catástrofe.
Estaba en ciernes la visita del Papa y los responsables políticos valencianos bebían los vientos por los negocios varios que tenían entre manos: Gürtel, sin ir más lejos.  El 8 y 9 de julio Valencia recibiría a miles de personas llegadas de todo el mundo en el V Encuentro Mundial de las Familias.  No todas las familias son iguales para ellos.
Los dirigentes del gobierno valenciano actuaron como una piña: ya que no podían negar los hechos, los eludirían y reducirían su impacto a la mínima expresión.  Aquí no pasó nada,  tan sólo un grave accidente; como si la ciudad no tuviera que ver con el asunto, ni el desastre fuera el resultado de una cadena  de irregularidades en seguridad en un transporte público. Las culpas, al muerto; el maquinista. No había más que hablar del asunto.  Se impuso el silencio que solo han roto  las víctimas y sus familias y quienes desde la movilización y la calle les han acompañado mes tras mes.

Complicidad de los poderes

Desde entonces han pasado ya siete años; siete años de silencio y  de mentiras construidas por todas las autoridades locales del PP con la abierta complicidad de la autoridad eclesiástica, que llegó a negarse a celebrar  una misa por las víctimas a solicitud de los familiares.
La  verdad no les hará libres. En su empeño, hasta cambiaron el nombre de la estación de metro, a pesar de que su nombre era Jesús. Y sólo la presión ciudadana logró que volvieran a nombrarla. Resulta tan espeluznante la medida, que  cuesta creerse que sea verdad. Pero lo  es.
El pasado domingo, 28 de abril, el programa  Salvados, que encabeza Jordi Évole emitió un reportaje Los  olvidados que una vez más puso de manifiesto el valor profundo del periodismo en democracia. Conocimos a los familiares de las víctimas que luchan desde entonces para esclarecer la verdad, a los responsables de seguridad que denunciaban las estratagemas para obligarlos a callar,  al presidente del parlamento valenciano,  escurridizo y sonriente agregado del Opus, negándose a dar más explicaciones. Nunca las ha dado, desde sus años del Sindicato vertical. Político y empresario siempre, con negocios que no han parado de  multiplicarse  al amparo de sus cargos.  Camps, el entonces presidente de la Generalitat, no estuvo en el programa de Évole; ahora reza sólo en casa porque los suyos le abandonaron por quítame de aquí esos trajes, aunque ha vuelto al parlamento. Carecen de vergüenza.
Jordi Évole y su equipo de Salvados han puesto de manifiesto una vez más, el determinante papel de los medios de comunicación en democracia y que ésta agoniza cuandoellos callan. Salvados rompió la mordaza en el programa emitido el pasado domingo 28 y contó los hechos: explicó el contexto, buscó las fuentes, contrastó las opiniones, entrevistó a los implicados,  buscó razones y responsables.  No hay democracia sin periodismo veraz ; porque el periodismo tiene su profunda  razón de ser precisamente en ponerle límites al poder, contenerlo, denunciar sus desmanes, investigar los hechos  e informar sobre ellos. Vivimos tiempos difíciles para periodismo; vivimos tiempos difíciles para la democracia. Pero Salvados lo ha logrado.
El equipo del programa  dio una lección periodística, tras años de mordaza;  y ayer, la concentración de familiares que se manifiesta el 3 de cada mes para reclamar que se reabra la investigación, estuvo por fin acompañada de miles de personas que abarrotaron, por fin, la plaza de la Virgen: estamos con vosotros, gritaban miles de personas. El silencio se ha roto y el miedo ha cedido. El canal 9, una vez más, la pública, no estuvo allí para contarlo. Y el vicepresidente del Consell, Ciscar, insistió:   “Nosotros no entendemos que se haya cometido ningún delito, si alguien lo entiende que vaya a los tribunales”.
Ciscar no ve ningún delito, pero lo que comenzó siendo una catástrofe  los ha ido acumulando a lo largo de siete años de extorsión criminal  y silencio. Ahora el gobierno de la Generalitat tendrá que dar respuestas lo quiera o no, la alfombra ha comenzado a destaparse  y se les amontona la faena. ¿Le queda credibilidad?

[youtube width=”540″ height=”344″]ZKu4T3dovlM[/youtube]

Un comentario a “Los olvidados y el fin de la impunidad”

  1. Estamos de en horabuena. El pasado martes 14 de mayo, y por iniciativa del fiscal superior de la Comunidad Valenciana, Ricard Cabedo, se ha abierto diligencias de investigación penal tras la denuncia presentada por el PSPV sobre actuaciones de testigos en la Comisión de investigación celebrada en las Corts Valencianes en relación con el accidente de la Línea 1 de Metrovalencia que el 3 de julio de 2006 provocó 43 muertos y 47 heridos graves, y las ha remitido a la Fiscalía Provincial de Valencia para que “actúe en consecuencia”, dado que no aparece ningún aforado en el escrito.

    http://www.elmundo.es/elmundo/2013/05/14/valencia/1368524007.html

Deja un comentario