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Mi bici y la cleptocracia

Ayer alguien robó mi bici de la puerta de una tetería en el centro de la ciudad de Alicante y cortó el cable de acero que la sujetaba a una reja. Se llevó algo que no le pertenecía y me dejó rabiosa, triste, desmoralizada y  sin medio de transporte.

Mi bici voló mientras yo confiaba.

Denunciar su robo parecía inútil como medio para recuperarla. Una bicicleta se desmonta, se disuelve en otras bicis, se vende en cualquier lugar. ¿Cómo encontrarla? Enfadada e indignada, me fui a comisaría. Denunciar es mi derecho y es también mi obligación ciudadana; ni moral ni cultural ni legalmente es aceptable que alguien se lleve lo que es de otra persona. No debo, no debemos consentirlo.

En comisaría mientras esperaba turno de contar mis razones, leo en el  diario local noticias de rabiosa actualidad sobre  cómo nuestros gobernantes han asaltado las cuentas públicas, han esquivado todos los controles (como mi ladrón segó mi cable de seguridad) para beneficiarse así mismos y a empresarios amigos a cambio de bienes, sobres, yates, viajes, pisos, puestos de trabajo para amigos y familiares.  Siento una cierta extrañeza: rabia e impotencia. Me preocupa localizar al ladrón pero en realidad, mi bici es cosa pequeña en relación a la panda de cleptócratas que nos gobiernan y cuyos nombres conocemos sobradamente. ¿Debo denunciar allí mismo a los servidores públicos que nos despluman desde el poder? ¿Cómo se puede generar un comportamiento solidario, respetuoso entre la ciudadanía si el modelo de autoridad se basa en el la amoralidad, en el abuso de poder, en el clientelismo, en la pillería cotidiana, en el robo, en el encubrimiento, en la traición a la ciudadanía a la que están obligado a servir?

Me he quedado sin bici, pero en estos últimos años he perdido mucho más que mi feliz y ecológico medio de transporte. El poder político ha sido ocupado por una pandilla de ladrones de bicicletas, ladrones de sueños, de territorios, de paisajes; ladrones –y ladronas– de fondos públicos; ladrones de confianza, destructores de la moral y la cultura ciudadana. En el diario que tengo delante, leo como Sonia Castedo, la alcaldesa actual de mi ciudad, su mentor y antecesor en la alcaldía Luis Alperi; el anterior presidente de la Diputación, J.J.Ripoll, por solo nombrar algunas de las autoridades locales, están imputados por delitos gravísimos de corrupción. El diseño de la ciudad, su plan general, hecho a la imagen y semejanza de un empresario mafioso son ejemplos gravísimos de atentados contra el bien común y la legalidad. El ladrón de mi bici es un pequeño aprendiz de la alcaldesa, por ejemplo, por mal ejemplo, quiero decir.
Nuestra vida colectiva requiere de una legalidad que sea respetada por quienes nos gobiernan en primerísimo lugar; una legalidad que debe estar basada en el bien común, en la búsqueda del equilibrio entre las partes. Y debe basarse en el desarrollo de una conciencia ciudadana que nos dote de una moral beligerante que ponga barreras al nepotismo y al clientelismo político, que cierre el paso a la delincuencia institucionalizada, que nos devuelva el poder y la autoestima  a la ciudadanía, la soberanía popular.

No podemos mirar para otro lado. La política sin ética es ilegítima, dijo la filósofa Adela Cortina el pasado sábado en el Foro Social que tuvo lugar en la Universidad de Alicante. Pues inyectemos de ética nuestra vida, la pública y la otra, si es que tenemos dos. La cleptocracia es el gobierno de los ladrones y genera el más amplio descrédito de lo político, provoca  desconfianza y una total desesperanza.
Firmo la denuncia y me  pongo en acción para buscar mi bici y para recuperar también la dignidad ciudadana secuestrada por tanto ladrón de bicicletas en cargos públicos.

6 Comentarios a “Mi bici y la cleptocracia”

  1. José dice:

    Me encantaría que la situación fuese ficción y así no tener esta impotencia tan incómoda ante lo que esta sucediendo.

  2. llum dice:

    Les ha funcionado el sistema de impunidad por ahora. Roban el patrimonio común y tienen la desverguenza de reclamar que los desplumados lo repongamos.
    A estos ladrones de bicicletas les llegará su hora. Mientras, hemos de recomponer la hecatombe que han provocado en los bolsillos y en las conciencias.
    bs

  3. luisa dice:

    Me niego a sentirme impotente.

    Creo que tendríamos que salir más a la calle pero como ciudadanxs y exigir un cambio con indignación y contundencia.

    Hasta ahora nos hemos organizado y manifestado como colectivos sociales y profesionales que han sufrido recortes y abusos legales (médicxs y enfermerxs, jueces, fiscales, abogadxs, educadores, stop desahucios, preferentes, …).

    Va siendo hora de que subamos de nivel y nos unamos, no para reclamar como grupos sino para EXIGIR como sociedad en su conjunto.

    Que salgamos a la calle, no mil, diez mil, cien mil, sino cuarenta y seis millones si es preciso y obliguemos a dar un giro a todo esto.

    Todos juntos SÍ PODEMOS.

  4. llum dice:

    Comparto, Luisa.
    Hay que inventar formas de protesta, de rechazo,hay que ofrecer soluciones,alternativas.
    abzs

  5. Sin embargo, el florecimiento de bicis que ha vivido la ciudad ha traído consigo el aumento de una fauna menos deseable, se trata de los ladrones de bicicletas, y -como en un círculo vicioso- con estos, un incremento en el numero de robos de bicicletas en Bilbao tanto en la vía pública como en espacios privados y, del mismo modo, tanto bicis particulares como las del servicio municipal.

  6. Jordi dice:

    Tienes toda la razón, tenemos que protestar más de lo que lo hacemos, y tenemos que dar ejemplo con nuestras actuaciones y nuestra forma de vivir. Y creo que si se trata de la movilidad, circular en bici es una gran acción, que como bién sabes, genera felicidad individual y colectiva, no como otras… Te acompaño unas recomendaciones para que no te vuelva a suceder tamaña injusticia, o al menos, ponérselo más difícil a los ladrones de bicicletas. http://www.pedalapedal.com/articulo/seguridad-robar-bicicletas.htm

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