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De Thacher a Merkel

Dos mujeres marcan la historia de la Europa que conocemos después de la última guerra mundial que no pasarán a la historia del feminismo. Una de ellas acaba de morir, Margaret Thacher, la Dama de Hierro que gobernó once años entre 1979 y 1990; la otra, Angela Merkel, nació en 1954,  en el Este de la Alemania  derrotada, destruida y dividida tras el catártico y terrorífico mandato de Hitler. Mientras M. Thacher vivió la guerra y la recuperación, Merkel se formó en una Alemania sometida. Ambas han marcado el presente europeo.

Los años de paz y de crecimiento de los estados de bienestar, apadrinados por el Plan Marshall para reconstruir Europa, se acabaron con las políticas neoliberales que sustituyeron a las keynesianas, con Reagan y  Thacher a la cabeza.  Cuando Angela Merkel llegó al gobierno, el neoliberalismo, de la mano de su partido y de la socialdemocracia alemana, ya habían hecho el trabajo de fondo. Ella sólo siguió profundizando sobre el terreno neoliberal bien abonado, la reunificación y las privatizaciones hechas a pasos agigantados.

Ladrona de leche

Ladrona de leche, llamaron en Gran Bretaña a Margaret Thacher cuando suprimió el vaso de leche en las escuelas. Corría el año 1970 y la entonces ministra británica de educación estaba empeñada en reducir los gastos de la enseñanza pública. Había llegado al gobierno con apenas 44 años y estaba dispuesta a poner en práctica su fe económica en su admirado Frederick Hayek, de quién en sus años de universidad había leído Tratado de servidumbre, como un libro revelación.

“Cualquier política dirigida directamente a un ideal de justicia distributiva es decir, a lo que alguien entienda como una distribución “más justa”, tiene necesariamente que conducir a la destrucción del imperio de la ley porque, para poder producir el mismo resultado en personas diferentes, sería necesario tratarlas de forma diferente. Y ¿cómo podría haber entonces leyes generales?”

El judío austriaco Hayek había terminado de escribir su libro en plena II Guerra Mundial, en marzo de 1944,  y se publicó a la vez en USA y en Inglaterra.  Fue escrito al calor del terror  y las persecuciones del nazismo y del estalinismo y en ese contexto cabría interpretar sus mensajes, si él mismo y sus seguidores, no se hubieran puesto a la tarea durante décadas, de aplicar sus tesis de modo sistemático aun cuando las condiciones cambiaran para, al fin, darle la vuelta a la tortilla y convertir su liberalismo en el nuevo totalitarismo, convertido los poderosos del mundo capitalista en los nuevos apóstoles.

Estado mínimo

Su ideario—el de Hayek– defiende un estado mínimo y una crítica radical a la idea de justicia social, que él considera una especie de tapadera de la clase media, controladora del proceso democrático,  para obtener la redistribución de la riqueza a través de la fiscalidad. Es, en la actualidad,  el programa del partido Republicano  USA y ha tomado el poder en el mundo global.

Desreglamentar, privatizar, disminuir los programas contra el desempleo, eliminar las subvenciones a la vivienda y el control de los alquileres, reducir los gastos de la seguridad social y limitar el poder sindical. Punto por punto, la política que comenzara la Dama de Hierro mientras fuera ministra y durante sus largos años de gobierno. La mano invisible de la que hablara Adam Smith se iba a encargar del equilibrio general del mercado. No se quiere, no se planifica, el orden del mercado es espontáneo.

Milton Fridman, norteameicano,  fue un alumno aventajado de Hayek en Chicago.  Ambos lograron el Premio Nóbel —Hayek en 1974 y Friedman en 1976– igual que otros siete economistas de uno de los lobbys –think tank—más influyentes de la historia económica del S XX,  la Sociedad del Monte Peregrino,  que Hayek creara  en 1947, tras su primera reunión en Suiza.  “La propiedad privada es el único derecho que vale la pena defender, concluyen, apoyados por fundaciones y organizaciones ultraconservadoras[i]. Los banqueros y los grandes oligarcas se sumaron a la causa promocionando fundaciones e instituciones para que los mejores estudiantes del mundo se formaran en los nuevos mandamientos en las universidades patrocinadas por esas mismas fundaciones. En decenas de países se crearon think tank con los mismos objetivos; se trataba de preparar el camino del liberalismo con un trabajo de fondo invirtiendo en universidades, captando a intelectuales, financiando investigaciones y proyectos en una tarea a largo plazo.

En los tiempos de lo que se llamó guerra fria señalaban al fascismo y al comunismo como enemigos temibles, pero en la práctica, defendían la libertad de mercado bajo cualquier tipo de régimen que es de lo que se trataba. Una manga tan ancha les llevó desde su sede central en la Universidad de Chicago a recorrer los gobiernos con la fe en el dios del libre comercio y su catecismo de reducción del estado.  Trabajaron a fondo y por fin, a partir de los años 70 comenzaron a implementar las políticas de los economistas neo liberales conocido como Chicago Boys[ii].

En el Chile de Pinochet,  en la Gran Bretaña de Thacher –desde 1974 con Thacher como ministra–,  en  Brasil, en Argentina tras el golpe militar de 1976, en los Estados Unidos de Reagan, en 1981, en la Sudáfrica del fin del aparheid, en Polonia, en la URSS en el preciso momento de su desmembramiento, en la Alemania reunificada, en el Perú de Fuji Mori, hoy encarcelado por delitos contra la humanidad, fueron conquistado dirigentes para su causa y se aplicaron sus políticas económicas.

La sociedad no existe

Los avances del neoliberalismo han ido guiados de manos firmes implementando estrategias de tensión. La libertad que esgrimen se refiere estrictamente a la del mercado. Cuando los ultra liberales tomaron en los años 80 el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y el Fondo Monetario Internacional, nacidos tras la II Guerra Mundial– supuestamente, para combatir la pobreza, las políticas  de solidaridad, de justicia social y de crecimiento del gasto público– comenzaron a repicar campanas de duelo. Milton Friedman, con su Nobel bajo el brazo,  se había convertido en un agitador televisivo bajo el lema Libre para elegir. “La sociedad no existe, lo que existe son los individuos”, decía Friedman. Y lo mismo repetía Margaret Thacher. La libertad reducida a la libertad económica, por delante, sin pelos en la lengua. Su horizonte, la propiedad como derecho y el individuo como consumidor: ahí está todo.

Pinochet bien asesorado por los chicos de Chicago, con Milton Friedman a la cabeza, inauguró a lo grande la lista de éxitos que se van a suceder para sus políticas: el dictador, apoyó con mano  feroz el plan de shock económico y el shock político, avalado desde EEUU y asesorado económicamente por Friedman, con el golpe de estado contra Allende amañada por la CIA.

Una de las medidas de Pinochet, siguiendo la ejemplaridad de  Thacher, fue suprimir el vaso de leche en las escuelas.  “La política de Friedman favoreció a los ricos. Se calculaba que una familia humilde en el –Chile de Pinochet– podía gastar el 75% de su salario en pan. La leche o el viaje en bus se convirtió en un lujo”,afirma Naomi Klein.

La City, un paraíso fiscal

La dama cumplió a fondo su política también en el terreno financiero. Y dio el gran paso que entonces ya se llamó el Big bang: Thacher desregularizó amplios sectores de la industria financiera y convirtió la City en un paraíso fiscal al que acudieron capitales de todo el mundo, fortunas norteamericanas y europeas, especialmente.

Las consecuencias se repiten por el mundo: Restructuración, deslocalización de capitales, desindustrialización, desempleo, servicio de la deuda, quiebra de los Estados, planes de ajuste estructural y austeridad, desastrosos efectos sociales, disturbios civiles, guerras de expansión y conquistas, aumento de las personas sin recursos.  Una estrategia económica que se da la mano con una estrategia de la tensión; lo que Naomí Klein ha llamado la estrategia del shock.

El pasado abril murió Margaret Thacher desmemoriada; en 2006  había muerto Friedman y antes de acabar el siglo ya había muerto Hayek. Sus esfuerzos por imponer el neoliberalismo han prosperado por las élites económicas del mundo, han contado con el impulso de las nuevas tecnologías y han abducido buena parte de las economías mundiales. En 2008 llegó el turno al mismo corazón de Europa, con una Alemania fortalecida que trata de recuperar la hegemonía dos veces derrotada en el S XX.

M.Thacher desconfiaba de una Alemania poderosa: “Una Alemania unificada -recordó Thatcher en su autobiografía- es, sencillamente, demasiado grande y poderosa para ser solo un miembro más de Europa. Por otra parte, Alemania ha mirado siempre al Este tanto como al Oeste, aunque es la expansión económica más que la expansión territorial la manifestación moderna de esa tendencia”. Kissinger sintetizó también la misma idea: Alemania es demasiado grande para liderar Europa pero demasiado pequeña para liderar el mundo.

Angela Merkel lidera una Alemania que nunca abandonó sus deseos hegemónicos.

Efectivamente, ahora la gran Alemania dirigida por una mujer encabeza la Europa del S XXI y somete económicamente a los países periféricos, su fe neoliberal la impulsa. Las semejanzas de las dos lideresas son también las razones de su incompatibilidad: representan el secular enfrentamiento europeo por la hegemonía europea y mundial. Artífices de la desigualdad, de haber pertenecido a la misma generación, podrían haber bailado el mismo baile pero no juntas.  Llegados al caos al que nos han arrojado cabe propiciar nuevos bailes y crear para ellos nuevas músicas.


[i]Ver artículo de Denis Boneau en Red Voltaire http://www.voltairenet.org/article123311.html

[ii] Documental La doctrina del shock, basado en el libro del mismo título de Naomi Klein. http://www.youtube.com/watch?v=Nt44ivcC9rg

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