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Luego no hubo luego

Me había muerto tiempo atrás, sin darme cuenta.

Sin vida no es difícil apañarse.

Se pasa  así, sin ton ni son, sin esperanza,

sin risa, sin sed, sin ira, sin ganas de bailar,  sin apetito.

Traté de vestirme una mañana –la costumbre—

y no encontré con qué, sin apurarme.

En la calle, con semáforos en verde, otros como yo no conversaban.

No sé cómo lo supe;  sin aire en los pulmones,

sin sangre por las venas, sin dolor, sin apatía.

Algo me quedaba del pasado inexistente y

antes de fundirme con la nada,

sentí un regusto seco de estar muerta.

Luego, no hubo luego.  Pero yo ya no existía.

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