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Su nasciturus, nuestro derecho a decidir

Ruiz Gallardón, a favor del nasciturus, en contra de las mujeres

El ministro Ruiz Gallardón ha  perdido el norte  y tal vez muchas de sus alianzas dentro de su propio partido. Este fiscal en excedencia, estirado y relamido,  que ahora se hace el progre  y luego se entrega al Opus,  tendráque enfrentarse a un rio incontenible de mujeres que van a exigir  su dimisión y a defender el derecho al aborto que, tan pretencioso, pretende negarles. Su  propuesta de ley en defensa del no nacido, que parece inspirada  en Escriba de Balaguer y Pilar Primo de Rivera,  está en las antípodas del respeto a la libre maternidad conquistadas hace casi treinta años;    para llevarla a término tendrá  que enfrentarse con millones de mujeres y de hombres que no votan a golpe de pecho, ni deciden su vida íntima en relación a ningún confesonario.

Ruiz Gallardón ya no engaña a nadie; huele a incienso rancio, a prelados nostálgicos de Trento, a perseguidores de herejes que discuten la autoridad papal, a boato cardenalicio tan en desuso, con este nuevo papa jesuita; nuestro ministro  se preocupa enormemente de los no nacidos, mientras estrecha el marco de derechos y libertades para los vivos de este país. No maree la perdiz, señor ministro. Resulta nítido que lo suyo son los derechos de los que no están; las libertades de los que no son, la protección de los que han de venir. Porque a los que están, a los que han venido,  a los que son, usted les quita, les recorta, les cobra,  les encarcela, les calla, les vigila. Si eres pre-natal, todo son consideraciones; pero cuidadito con nacer porque tus derechos como pre-escolar van a disminuir enormemente y así sucesivamente hasta dejarte sin pensión para sobrevivir.

Los panes y los peces

Este señor  pertenece a un gobierno  sentado sobre seis millones de personas sin trabajo, sobre varios cientos de miles de familias  desahuciadas, sobre los cadáveres de miles de seres humanos que se han quitado la vida por no encontrar una manera digna de mantener a los suyos o que han muerto a la puerta de los hospitales o a la espera de asistencia sanitaria.  Este ministro ejerce su poder sobre millones de pensionistas que sostienen con sus mermados recursos a las familias que el gobierno ha arruinado; se enseñorea sobre las espaldas de millones de mujeres de todas las edades cuya experiencia, trabajo y  sabiduría multiplican los panes y los peces para sostener a quienes  el gobierno ha dejado sin nada. Este ministro, amante de la Formula 1 no se siente conmovido por los millares de jóvenes españoles  dispersados por el mundo buscando una opción laboral. ¿Qué le pasa a Gallardón y al gobierno del que forma parte con la gente que tiene DNI? Resulta muy inquietante su entusiasta defensa del nasciturus. Resulta patético y dramático. Porque se trata del cuerpo de las mujeres, de la vida digna de los vivos.

Gallardón y el gobierno al que pertenece están  afirmados sobre la pantomima de democracia a la que asistimos, en la que las libertades y los derechos adelgazan y  los poderes legislativos, judicial y ejecutivo se van juntos  de farra o a misa y elaboran  leyes escandalosas para acabar con su escasa independencia o para reprimir la disidencia y privatizar hasta a la Guardia Civil.  Trapichean con la prensa, piratean con la judicatura, mienten en el Parlamento, torean a la gente con los medios de comunicación y van a misa diaria porque tienen un dios personalísimo,  hecho a medida–cuyos representantes en la tierra están a sueldo del estado, 13,2 millones de euros al mes–,  que curiosamente les consiente atrocidades contra quienes no poseen màs que su cuerpo, su fuerza y su trabajo.  Ponen mucho esmero en dotar de fondos a las escuelas  católicas y recortan  los recursos de la enseñanza pública. Y ahora, arremeten contra las mujeres, como si decidir sobre la maternidad de cada quien les incumbiera.

Ese mismo Gallardón que dejó arruinada la alcaldía de Madrid en manos del Opus Dei, digo, de Ana Botella, ese mismo fiscal en excedencia que le ha puesto precio a la Justicia, ese mismo tipo  ahora llora ahora estremecido por el nasciturus.

Las secuelas de la crisis

La misma Iglesia que avaló la dictadura y al dictador  –Caudillo por Dios y por España— y que acreditó a un dios que daba el visto bueno a la represión y al genocidio de millones de demócratas ahora viene echando lágrimas de cocodrilo por el no nacido, distrayendo el debate central de un país sumido en la bancarrota, en el que las grandes empresas prosperan pero la inmensa mayoría queda en las cunetas; otra vez las cunetas. Lo acaba de decir el gran banquero del Opus, Botín: “Hay un cambio de ciclo clarísimo”,  dice esperanzado con su saneada cuenta de resultados, pero para la mayorìa “… las secuelas de la crisis tardarán en desaparecer”.

Las secuelas de la crisis;  suena a efectos colaterales, como aquellos que se inauguraron con la “guerra preventiva” contra el pueblo de Irak. O sea, para  la banca, las corporaciones, la iglesia a sueldo, todo va viento en popa. Para el  resto, para la inmensa mayoría,  toca  secuelas. Qué maravilla de palabras que crean una realidad de mentiras a medida.

Secuelas: La destrucción de derechos y libertades. Secuelas: los recortes contra la sanidad y la enseñanza pública y laica, secuelas los recortes a la cultura; secuelas, la destrucción de millones de puestos de trabajo; secuelas, la obligación de parir por encargo del gobierno para tener criaturas disponibles al servicio de los señoritos de este país.

No mareen la perdiz con el nasciturus.    No nos larguen discursos sobre inviernos demográficos; no toquen nuestra integridad ni se atrevan a legislar sobre nuestros úteros. No privatizarán nuestros cuerpos, no vamos a tolerar que vuelva a colocar su perversa moral en nuestros vientres. No lo vamos a consentir. Lo que ustedes llaman secuelas, es la destrucción del estado de bien estar. Su nasciturus, nuestro derecho a decidir.

Un comentario a “Su nasciturus, nuestro derecho a decidir”

  1. Luis dice:

    Hola Llum,

    sobre el aborto, discrepo completamente del lema ¨mi cuerpo, mi decisión¨y es que en un embarazo se produce un milagro de la naturaleza: dos vidas habitan un mismo cuerpo a la vez. (estarás de acuerdo conmigo en que esto es un hecho, no una opinión) una de estas vidas es un ser humano mientras que la otra un ser humano en potencia al que llamamos feto (esto es un hecho, no una opinión, ¿verdad) Esto es importante, porque un ser humano en potencia se convierte en un ser humano en algún momento, el establecimiento de ese momento sólo se puede hacer de forma artificial, para mí ese momento es el momento en que el ser humano en potencia empieza a sentir y por lo tanto a sufrir. Y aquí la cuestión que posiblemente nos separa a los que están a favor del aborto de los que estamos encontra y es que los que estamos encontra no somos capaces de establecer esa línea en la que el ser humano en potencia puede sufrir, y por lo tanto adoptamos una postura preventiva que es no matarlo por si acaso sufre. La otra línea de pensamiento, la de los pro aborto, parecen tener muy claro cuál es esa línea.

    Hay otra causa de aborto, que aunque reconoce que el individuo pueda sufrir, sigue adelante con el aborto por su propia conveniencia. Es decir, el fuerte aplasta al débil sólo porque puede. El sistema legislativo en realidad nace para proteger al débil del fuerte, puesto que el fuerte no necesita de leyes para protegerse. (entendido como un sistema legislativo justo o ideal, claro), y por eso las leyes deben proteger al feto.

    Dicho esto, que no es más que mi línea de pensamiento, la pregunta es qué interés puedo tener yo en publicitar mi pensamiento. Bien, el motivo es actuar ante una injusticia que está suponiendo la muerte de un individuo débil y de forma masiva. Para mí, es un genocidio y no puedo estar sin tomar parte.

    No obstante, encontré en Mújica el mejor motivo para legalizar tal atrocidad (esta es una visión completamente subjetiva que comparte el propio Mújica) y es que el estado pueda intervenir en la decisión de la madre: argumenta que cuando una mujer decide abortar no se puede parar, así que lo mejor es darle los medios necesarios pero reservándose la oportunidad de disuadirla ofreciéndole todos los medios de que disponga el estado para intentar hacer desaparecer la causa que ha llevado a la madre a tomar tal decisión.

    La verdad, es que agradecería que me contestaras de tal manera que pudiera entender tu punto de vista, porque hasta ahora todas mis amigas han fracasado…

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