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Conchita Liaño, morirse al fin, es poca cosa

En Zaragoza, 2007, encuentro de mujeres libres.

En Zaragoza, 2007, encuentro de mujeres libres.

París, 1916, Caracas, 2014

Feminista, anarquista, fundadora de Mujeres Libres, empeñada en cambiar el destino de las mujeres, sobrevivió a la victoria del fascismo, a Franco y a su atado y bien atado que llamaron transición;  pero la luz de la revolución,  de la que fue participe y testigo, la llenó de energía para siempre. Dicen que murió el  19 de mayo, de un derrame cerebral, en Caracas. Cuando se tienen 98 años, la muerte es una aliada y Conchita la esperaba hace tiempo, ¡tantas otras veces la buscó sin encontrarla! La muerte la rondó durante años: mientras construía la revolución en Barcelona, bajo las bombas alemanas,  en el frente, cuando viajaba en busca de noticias, a ofrecer apoyos, a recabar información, en la huida a Francia, en enero de 1939, a través de los Pirineos, cargada con las revista de Mujeres Libres, en el Paris ocupado.

El miedo era para ella el estímulo de su inteligencia, la fuerza de su decisión.  Ella decía que el peligro le daba claridad. Y por eso debía ser tan luminosa su existencia porque desde la cuna a la tumba, el peligro siempre la cercó. Tal vez por eso, y por la energía de su cuerpo anciano, salía a la calles en Caracas y a pesar de no ver bien y oír peor, atravesaba calles y avenidas siempre con éxito. ¡Que se aparten ellos! decía. Y lo lograba, por alguna ciencia infusa.

En Francia, con su hija Moncha, con su amiga y compañera Felisa Castro. Las dos exiliadas.

Conchita Liaño, a la izquierda, su hija Moncha y Felisa Castro, en Francia.

Fue una anarquista a carta cabal, exprimió la vida a fondo y cuando fracasó la revolución siguió buscando el modo de compartir lo que sabía. Ella que atravesó el océano para encontrar, como millones,  un lugar que no fuera una condena. Y el exilio se convirtió en su hogar y comenzó de nuevo una de sus mil vidas. Venezuela acabó siendo su casa, ella que era ciudadana del mundo desde que naciera en París, por carambola. Siempre adolescente, como si se hubiera dado un atracón de hormonas de la vida.

Pero ni la vejez ni la distancia ni los escasos recursos fueron impedimento y Conchita vieja y todo, voló a Paris a reunirse con sus compañeras de Mujeres Libres, mas viejas que ella misma. Y entre todas reunieron sus memorias, documentaron sus recuerdos, relataron su experiencia  que publicaron en 1999—Mujeres Libres, luchadoras libertarias, Ed. Anselmo Lorenzo–. Conchita compartió el relato de su vida, de su lucha, de la memoria libertaria, de los sueños convertidos en acción de las Mujeres Libres.  Con su amistad, con su testimonio nos tendió la mano a quienes buscábamos el tesoro de sus vidas. Y encontramos en ella tempestades de relatos, de aventuras y tragedias vividas en carne propia atravesando la historia del siglo XX. Tal vez de eso se habrá muerto, de estar tan viva y no tener respuestas para nada. Morirse, al fin, es poca cosa.

Con su testimonio se construyeron documentales como Mujeres del 36  Vivir la utopìa,  1997.

Mujeres del 36, de 1999. Indomables, 2011.

El relato de su vida lo podeis encontrar en Nosotras que perdimos la paz. Ed. Foca, 2005.

 

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