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Monarquía sí, República también

 

 

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Dentro de unos días veremos que Felipe será el nuevo rey de España. Pero la monarquía de los Borbón vive tiempos difíciles y muchos de sus defensores  católicos, especialmente el Opus, se preparan para abandonar el barco llegado el caso. Basta con seguir las últimas  publicaciones de Pilar Urbano –la última El precio del trono, por ejemplo–, para ver cómo re-escriben su historia y para comprobar cómo hace mas de dos años que se abrio la veda anti juancarlista para ir preparando el terreno. Están listos para las diferentes opciones, incluso para la republicana. Los libros se han escrito con la colaboración de la reina Sofía, amiga de la supernumeraria Pilar Urbano y que tiene sus propios motivos de distancia con el campechano Juan Carlos.

La iglesia Católica ya lo hizo tiempo atrás. En 1931, con el triunfo de las opciones republicanas y el ascenso de los movimientos populares, la iglesia apostó porque la oligarquía se organizara en torno a la CEDA –Confederación Española de Derechas Autónomas—idea que encabezó un jesuita, Herrera Oria –(jesuítico viene de jesuita, que en castellano es sinónimo de hipócrita) y que lideró como proyecto político, Gil Robles. La forma de estado no es lo esencial, afirmaba la CEDA.

Deciden entonces ser republicanos si toca o monárquicos, si cabe; apoyados en organizaciones católicas, Acción Católica de Propagandistas y el Opus[1], se organizan para defender los intereses de la oligarquía desde dentro. Cuando gana el Frente Popular, son quienes avalan a los generales Mola, Queipo, Franco, Goded, para dar el golpe de Estado.

La CEDA y la iglesia católica ganaron la guerra, aunque hubieron de tragarse el sapo de un dictador que no les permitió mojar poder político –aunque si económico e ideológico—; durante cuarenta años prosperaron con la autarquía y con el capitalismo neoliberal al que ellos le abrieron la puerta.

En tiempo de la dictadura, Acción Católica de Propagandistas y Opus rivalizaron por conformar la elite franquista y se prepararon para afrontar los cambios con la muerte del dictador; Franco transitaría al otro barrio y los vivos, al nuevo régimen. Juntos pero no revueltos: divididos entre monárquicos de diferente pelaje– juanistas, juancarlistas, carlistas–; falangistas — la versión española del fascismo y del nazismo, que vino a menos, con la derrota alemana.

La Iglesia a través de su amplia red castrense, de institutos religiosos y centro parroquiales, Acción Católica y del Opus, se imbricó en todas las esferas del Estado franquista. Llegado el momento, apostó por diferentes proyectos de Transición, incluida la Reforma Democrática que avaló la Constitución de 1978 . Un supernumerario del Opus, hagiógrafo de Franco, Rafael Calvo Serer, fue co-fundador con Carrillo de la Junta Democrática.

Llevan decadas apostando  por el continuismo. Ahora, pisan el acelerado por si el bipartidismo se les hunde. Que se les va a hundir.

[1] El OPUS se hace fuerte tras la victoria de Franco, imitan y perfeccionan el funcionamiento sectario de Acción Católica de Propagandistas para ganarles, con el tiempo, en poder e influencia. La iglesia católica española queda encabezada durante décadas –desde 1939 hasta el presente– por dos lobbys de altura, que enfrenta a jesuitas y a sus imitadores el Opus Dei de Jose Maria Escriva, el reptiliano que también se consiguió un título de marqués además de santo; la que creara Herrera Horia y da origen a la CEDA, llega a la Transición a través de Calvo Sotelo. El OPUS copó el poder a partir de los años sesenta, a través de Carrero Blanco y sus gobiernos neocapitalistas. Del Opus era el mentor de Suarez, Herrero Tejedor y él mismo.

Un comentario a “Monarquía sí, República también”

  1. Montella dice:

    Yo lo que sé es que os vais a tragar Monarquía pra unas cuantas generaciones…

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