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Miguel Grau, treinta y ocho años después

pleno

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En la sala de plenos, Jose Ramón y Fina Grau, hermanos de Miguel con sus hijos. A mi lado, Llanos Frias.

Ayer, durante la celebración del primer pleno ordinario de la nueva corporación municipal, en Alicante y por unanimidad se aprobó las propuestas del grupo Compromís de concederle a Miguel Grau la Medalla de Oro de la ciudad y  la colocación en la plaza de Los Luceros, el lugar donde Panadero Sandoval atentó contra su vida,  de una placa informativa de los hechos.

Además, el pleno, por unanimidad, acordó elevar al Consell la propuesta de que le sea concedida la Alta distinción de la Generalitat

Un comentario a “Miguel Grau, treinta y ocho años después”

  1. Eusebio Pérez Oca dice:

    Un beso muy fuerte. Aquella noche, antes de la llegada de Miguel y Toni, Sandoval había tirado varios trozos de maceta. Tres estando yo hablando contigo. Recuerdo la luz amarilla en la Plaza de los Caballos. Recuerdo la llegada de Miguel….. me marché. Al volver del Instituto Femenino, hoy Miguel Hernández, tras dejar a mi entonces novia escuché sirenas. Como seguía lloviendo seguí mi camino. Al día siguiente me enteré. El día del entierro asistí con gran cantidad de amigos y familiares. Se pueden contar muchas anécdotas. Desde la salida de la iglesia pude ver a mi buen José Jornet, el de Mathausen, con su cámara de cine filmando la impresionante manifestación. Desconozco si esa película se conserva. De ser así seria un testimonio terrible. Si alguien pudiera hablar con su familia para recuperar el film….. Otra anécdota fue la asistencia del bailarín Antonio Gades. Juntos intentamos parar el coche fúnebre, pero no pudimos y eso que en cabeza éramos unas cincuenta personas. Algunos de los grises que rodeaban el coche fúnebre iban llorando. Uno me dijo varias veces: “esto no es justo”. Un Sargento ocupaba el asiento adjunto al chofer. La mano la llevaba sobre la culata del revolver. Hoy he llorado al leer la noticia. ¡Al fin!. Durante los últimos años, en mi trabajo tuve que presenciar al tal Sandoval acompañado de su hermana. No creo que sepa que yo era uno de los destinatarios de sus piedras. Aunque lo he dicho tantas veces. Un beso muy fuerte, compañera.
    Eusebio Pérez Oca

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