Necesitamos que nos cuenten historias, espacio y tiempo para sentir las nuestras propias, para conectanos con quienes han hecho posible nuestra llegada a la vida y nos legan lo mejor de su propia experiencia: sus relatos, tan curativos en tiempos de crisis, tan necesarios.
Acaba de lanzarse la nueva campaña de Coca Cola. Un encuentro real sobre la felicidad en tiempos de crisis. Un anciano, Josep Mascaró, mallorquín de 102 años, le cuenta la historia esencial a una bebé que acaba de llegar al mundo y tiene nombre de montaña, Aitana y apellido de ser humano, Martínez. Él vuela desde Mallorca a Madrid, un viaje de un siglo para contarle la verdad: Un minuto y 30 segundos que brillan y nos ayuda a detenernos, a sentir que la vida merece la pena.
Coca Cola, de nuevo, ha dado en el clavo del optimismo, de la esperanza, de la sonrisa en tiempos de incertidumbre, auque a ellos también les toque la recesión. La campaña ha sido creada por MacCann España, que la ha titulado Encuentros. Su directora, Marta Fontcuberta. Seguro que ya lo conoceis.
Se estrenó en los canales españoles hace apenas tres días. Disfrutadlo,
“Hola Aitana, me llamo Josep Mascaró y tengo 102 años. Soy un suertudo. Suerte por haber nacido, como tú, por poder abrazar a mi mujer, por haber conocido a mis amigos, por haberme despedido de ellos, por seguir aquí. Te preguntarás cuál es la razón de venir a conocerte hoy, es que muchos te dirán que a quien se le ocurre llegar en los tiempos que corren, que hay crisis, que no se puede. Esto te hará fuerte, yo he vivido momentos peores que éste, pero al final de lo único que te vas a acordar es de las cosas buenas. No te entretengas en tonterías, que las hay, y vete a buscar lo que te haga feliz que el tiempo corre muy deprisa. He vivido 102 años y te aseguro que lo único que no te va a gustar de la vida, es que te va a parecer demasiado corta. Estás aquí para ser feliz.”
De mayor quiero ser mujer florero. La escuché ayer por la radio, aunque es un tema de hace varios años.
Una canción de Ella baila sola, dos jóvenes nacidas en 1974.
El humor, una sabia, brillante e inteligente actititud mientras padecemos el vendaval de esta crisis que pone el sistema patas arriba.
Este sketch sobre la crisis financiera mundial y la hipocresía de los banqueros fue emitido por la televisión británica . Los protagonistas son John Bird y John Fortune, “The long johns”, dos cómicos especializados en las parodias políticas. Ambos tienen un programa llamado “The last laugh”. Disfrutadlo.
En Colombia, en Ruanda, en Sudáfrica, en Haiti, en la vieja Europa y en los barrios prósperos de los imperios del mundo hay corazones que laten con las mismas historias de dolor y resistencia. Wim Wenders dirigió un breve documental promovido por Javier Bardem y Televisión Española llamado Crímenes invisibles. Una película conmovedora que nos permite considerar el milagro que supone que la vida continue de la mano de las mujeres cuyos sufrimientos son tán difíciles de hacer notar siendo como son, tan ancestrales. En el mismo proyecto Crímenes invisibles, Javier Corcuera se fue a Colombia y contó en imágenes los desastres que padecen las comunidades desplazas.
Wim Wenders se atrevió a traspasar el tabú y las mujeres protagonistas también lo hicieron. Tienen ellas la palabra. Como dice con ternura una de ellas: Lo siento, pero esta es una historia triste.
El humor es una de las fuentes de la vida inteligente; una manera creativa y saludable de mirar los problemas propios y los dramas y tragedias cotidanas. Con la chispa del humor, las dificultades no disminuyen, pero sin duda, se suavizan, porque al reirnos, la sangre dejar de estar retenida y fluye para permitir que el aire entre a fondo en nuestros plmones, se esponja el alma y el corazón. Para momentos de crisis, os recomiendo que le dediqueis un minutos a Le Luthiers, por consejo de mi amiga Ana María Grandinotto. Escuchadlos.
Una porteña y una mexicana que forman un coctel magnífico de música, fuerza y creatividad, sus creaciones están cargadas de ingenio, humor e ironía. Imágenes del Teatro Empire, Buenos Aires, Noviembre, 2007.
El Hábito fue el cuartel general, digo, su capilla ardiente, en la ciudad de México, una sala que ellas presentan como Teatro Bar. Y dicen:
Lo de teatro bar es para conservar las formas, pero no se dejen engañar. Esto es un cabaret. (Nomás no se digan a nadie) .
El Hábito se transformó a su vez en El Vicio. Según afirman en su web: De todo buen hábito se hace el vicio.
Disfrutadlas y si tenéis oportunidad, ir a verlas.
Tomo de la página de la periodista colombiana Constanza Vieira, el comienzo del relato galardonado con el premio Nacional de Cuento sobre desaparición forzada, concedido al escritorJorge Eliécer Pardo. Una ficción que refleja de pleno la cotidianidad del horror y el amor del que son capaces las mujeres. Ellas que generan vida, despues de quedarse sin nada:
“Como a mis hermanos los han desaparecido, esta noche espero a las orillas del río a que baje un cadáver para hacerlo mi difunto.
A todas en el puerto nos han quitado a alguien, nos han desaparecido a alguien, nos han asesinado a alguien, somos huérfanas, viudas. Por eso, a diario esperamos los muertos que vienen en las aguas turbias, entre las empalizadas, para hacerlos nuestros hermanos, padres, esposos o hijos. Cuando bajan sin cabeza también los adoptamos y les damos ojos azules o esmeralda, cafés o negros, boca grande y cabellos carmelitas. Cuando vienen sin brazos ni piernas, se las damos fuertes y ágiles para que nos ayuden a cultivar y a pesca.”
Y termina:
“Bajan canoas y lanchas. No sabemos si estamos dentro de un sueño o nosotras flotamos despedazadas en el agua turbia, en espera de unas manos caritativas que nos hagan el bien de la cristiana sepultura”
De verdad que tiene peso esta mosca. Todo un personaje, por breve que sea su vida, por molesta que nos resulte. Machado le dedico un poema que musicó Serrat y Angeles Portillo la ha dibujado. Aquí la teneis: Nitida, limpia, espectacular, luminosa junto al limón que le da vida. Gracias Angeles.
Nunca la representación de la vida es lo mismo que la vida. Ni los datos son los hechos, ni los mapas, el paisaje, la ciudad, la tierra misma. Decimos mientras mostramos la foto de mamá que ahí esta mamá, pero sin metir no decimos la verdad.
Necesitamos de datos, de mapas, de imágenes. Requerimos referencias para definir lo que somos, para delimitar lo que nos falta… Avanzamos con frecuenca en plena oscuridad pero solo nos damos cuenta de la ausencia cuando por fin lo oculto se ilumina y de nuevo ponemos forma a la cosa. ¿Cuanto nos queda entonces por recorrer, por nombrar, tal vez –y sobre todo–por sentir? Hay veces que decimos: la vida me pertenece. O ¿no será que somos cada cual quienes pertenecemos a la vida?
Esto no es una pipa, pintó Magritte. Lo tituló La traición de las imágenes, una traición, que como la pipa, sólo es su representación.
La vi el pasado miercoles en un blog que aparecía en la edición digital de La Vanguardia: La mano del desierto Una escultura que muestra una mano gigantesca que da, que pide , que se asoma, que se esconde, que muestra, que saluda, que despide, que recibe, que frena y que lanza… Una escultura en mitad del desierto de Antofagasta, en Chile que revuelve las tripas –al menos eso hizo con las mías–.
La mano del artista chileno Mario Irarrazabal me conmueve y me recuerda que vivimos la vida sobre la memoria de los que pasaron, esos hombres, esas mujeres que están debajo de la tierra que pisamos. Que existimos enlazados a sus esfuerzos y que gracias a ellos –que son más numerosos y mas grandes que nosotros, como la muerte y todo cuanto desconocemos–, podemos llenar nuestros pulmones para respirar el aire que nos permite vivir, reir y suspirar.
El olvido sólo es una treta para que merezca la pena vivir de nuevo el presente y afirmar con León el africano, de Amín Maalouf:
Soy hijo del camino, caravana es mi patria y mi vida, la más inesperada travesía.