¿Que necesitamos para afrontar los nuevos retos? Por lo pronto, una buena dosis de audacia en la búsqueda de nuevas propuestas. Una educación pública capaz de formar en la responsabilidad personal y colectiva, y en lo complejo, entendiendo la sociedad como un asunto humano, y la experiencia como un valor insustituible, y no meramente necesitado de recursos científicos y tecnológicos. Una sanidad que no considere su materia la enfermedad sino al paciente y que sea este a quien sirva y no a las grandes corporaciones farmacéuticas o a su propia estructura. Una organización social, de horarios de trabajo y ocio que posibiliten la atención de las personas dependientes y devuelvan el valor del cuidado, aunque no produzca rentabilidad económica. Una economía que prime la responsabilidad social. Una justicia que ponga límites al abuso del poder en todas las esferas de la vida. Y la aplicación de las leyes antidiscriminatorias, que faciliten la corresponsabilidad de los hombres en la esfera pública y su incorporación a las tareas familiares.
La abuela de Pavarotti
Contaba Pavarotti que de niño su abuela, que lo adoraba, le decía que se convertiría en un hombre famoso y querido por todos. Antes de dedicarse a la música fue maestro y dejó la enseñanza y un trabajo estable, para estudiar música, mientras vendía seguros para costearse su aprendizaje. Quería cantar. Y el amor de su abuela acompañó siempre su deseo, que fue cumplido con creces.
¿A que viene aquí la mención de la abuela de Pavarotti? Pues viene a cuento de lo elemental: En crisis más que en tiempos de calma, necesitamos de abuelas que nos quieran y con su amor y esfuerzo nos muestren el camino y nos ayuden a colocarnos en la búsqueda de aquello que deseamos, que nos animen a vivir, a aventurarnos, a ser protagonistas. Para los retos que debe afrontar nuestra sociedad hay que mirar a quienes vivieron antes que nosotros. Escucharles y hacernos fuertes con ellos, que todo lo saben y todo lo han vivido.
“Muchos te dirán que a quien se le ocurre llegar en los tiempos que corren, que hay crisis, que no se puede. Esto te hará fuerte, yo he vivido momentos peores que éste, pero al final de lo único que te vas a acordar es de las cosas buenas. — le dice el viejo mallorquín Joseph Mascaró (102 años) a la bebé Aitana, en el último spot de Coca Cola que es una joya documental que remite a lo esencial, que no es beber Coca Cola. Lo importante es no amilanarse ante las dificultades que tiene por delante Aitana y todas las Aitanas de este mundo. Agarrarse a la fuerza del mensaje de Mascaró y a su amor por la niña recién nacida, que le da sentido a su propia existencia.
Los retos de este nuevo siglo son la búsqueda de esas nuevas alternativas para la vida. Está en nuestras manos dotarnos de recursos, de herramientas, de instituciones capaces de afrontar una convivencia que entienda la dificultad, los conflictos, la diversidad, lo complejo y nos animen e instruyan para ser capaces de atravesarlos, tomando las riendas que nos corresponden.
Las nuevas opciones no hay que buscarlas lejos; son tan novedosas como viejas para la Humanidad. Tal vez haya solo que bajar el pistón de la arrogancia tecnológica y científica, deshacer la segmentación del saber, y mirar hacia delante sintiéndonos una pieza más del mundo al que pertenecemos y no meros y meras observadoras, o aún peor, víctimas de lo que ocurre en nuestro entorno.
El verdadero problema radicaría en la falta de mimbres para reconocer las oportunidades que se nos brindan.
No habrá mensajero que nos aclare el dilema. Porque los mensajeros se han multiplicado por millones y ya nos son reconocibles como antes.
En la era de la comunicación, los medios son también arrasados por la superabundancia de información. Los centros se disparan, de desbaratan y se redefine un nuevo orden, caótico pero orden, que afecta a todos y que resulta difícil de comprender mirado con ojos ilustrados. Para ver el problema conviene tomar distancia pero no irse lejos sino bajar a la escala humana, a la masculina y a la femenina; volver a las raíces, a las fuentes, al cuidado, al sentido de la continuidad y de la necesaria trascendencia. Hacernos conscientes de que somos herederas y herederos de todos los que estuvieron aquí antes de nosotros y que nos corresponde cuidar, mantener y ceder lo recibido, mejorado a ser posible, a quienes vienen después. El final merece la pena
Hay razones para creer que la Edad Moderna ha terminado. Muchos signos indican actualmente que estamos atravesando un periodo de transición en el cual algo se está yendo y otra cosa está naciendo, parto doloroso mediante, escribió en 1998 Vaclav Havel, el que fuera último presidente de Checoslovaquia, escritor y Premio Principe de Asturias de Humanidades 1997. Como él, otros pensadores, mujeres y hombres, han analizado los cambios a los que asistimos. Un parto doloroso. En él estamos, sin epidural, respirando a fondo para oxigenar bien todas las vísceras y músculos, en la mitad de las contracciones que, mientras suceden, resultan inacabables. Un parto que tiene como término una nueva vida que da sentido al presente. No lo olvidemos. Una metáfora tan vieja, tan fundamental como desdeñada. Estamos de parto y el final merece la pena; un final que no existe porque empieza cuando comienza otra parto y otra vida.
El reto de nuestro siglo pasa por considerar las soluciones de la mano de quienes han cuidado y han alimentado la vida tras alumbrarla: las mujeres que han sustentado y sustentan las familias, saben cómo rentabilizar los recursos. Lo hacen en los países ricos y allí donde apenas hay recursos alimentarios. No hay que ir tan lejos, o tal vez, lo que ahora corresponda es volver a mirar, a nombrar y a recuperar aquello que está nuestro alcance, descuidado por el atroz desarrollo de las grandes ciudades, la separación entre producción y reproducción, la ruptura de los conocimientos elementales para la subsistencia que ha hecho de cada individuo en nuestra sociedad un analfabeto para su propio cuidado. Un ser perdido si cierran el supermercado y no hay microondas en la cocina.
El sistema en que hemos crecido ha entrado en una crisis que podríamos llamar de éxito y que tuvo su máximo exponente con la ruptura de la Unión Soviética, la caída del muro de Berlín y que atravesó Estados Unidos por las Torres gemelas en el 2001. Las turbulencias, las contracciones del parto, se aceleraron con fuerza tras las guerras de Afganistán e Irak, para arreciar con la debacle de los intocables señores de la bolsa de Wall Street, mientras en el Congo, la guerra y la rapiña provoca guerra y esclavitud en busca de más tecnología.
Los banqueros han abandonado las peanas de nuestro santoral y Estados Unidos de América, el espacio hegemónico incuestionable.
De pronto las certezas dejan lugar a las incertidumbres, que por cierto, siempre estuvieron ahí, aunque no las viéramos. Las mujeres entran en escena pública y reclaman responsabilidades públicas. Lo personal es político anunciaron las feministas en los años setenta. El uso de la violencia de los hombres contra las mujeres se hace visible y se reclaman soluciones colectivas para conflictos que antes se consideraban asuntos privados. La solución está en marcha y requiere cambios de fondo para todos y a largo plazo.
En menos de una década los mapas dibujan otras fronteras, las palabras varían sus significados y Dios parece cambiar de mensajeros, aunque la Iglesia Católica se siga vistiendo con estructuras medievales. Un parto doloroso.
Volver a la escala humana
“Destrozamos la belleza de los campos porque los esplendores no explotados de la naturaleza no tienen valor económico. Seríamos capaces de apagar el sol y las estrellas porque no nos dan dividendos”, dijo Keines, el economista que tanto influyó en las políticas que abrieron para el capitalismo el camino de la democracia y del estado de bienestar… que ahora parece haber entrado en un callejón ¿sin salida? Las semillas transgénicas patentadas arrasan tierras y se tragan la diversidad, los biocombustibles, lejos de ser una solución a la falta de recursos energéticos, agravan la crisis alimentaria; la ocupación de los territorios más bellos para usos turísticos arruínan los paisajes y esquilma el agua, un bien escaso. La tierra no puede ser una mercancía patentada.. La ciudad, la sociedad, la vida debe recuperar la escala humana.
Se habla de cambio de paradigma: no sólo hay una crisis económica, hay una crisis científica, de valores, de percepciones. La crisis, dicen los expertos, no es una crisis coyuntural sino sistémica. La ilusión de prosperidad – de la que hemos disfrutado una parte de la humanidad durante las décadas finales del siglo XX – ha llegado a su fin tras décadas de gestación de nuevas alternativas. Se habla de problemas globales y se buscan nuevas soluciones que permitan la convivencia de las partes, bajo el principio moral del respeto a la tierra y sus recursos y en defensa de una armonía posible entre sexos, culturas y modos de entender a Dios. Un doloroso parto.
Dicen que la inteligencia es la capacidad de los seres humanos para adaptarse al medio. Y el medio en que ahora respiramos es una atmósfera contaminada en proceso de cambio. Por fin, las propuestas ecologistas, las iniciativas de las feministas y de aquellos que ocupaba la periferia del sistema empiezan a oírse sin distorsiones.
Las sociedades contemporáneas se han dotados de normas que nos remiten al respeto a los derechos humanos. Un principio moral que han reclamado para sí pueblos, razas y la totalidad del sexo femenino, con sus diferencias culturales y de clase incluidas.
Las mujeres, a penas en el siglo XX, han comenzado a lograr reconocimiento que las leyes habían otorgado solo a los hombres o a un neutro humano que no nombraba lo femenino.
Los retos que afrontamos pasan por una redefinición que considere lo privado y lo pequeño, en su grandeza, como parte de la cosa pública y esencial. Las soluciones pasan por devolver valor a la tierra y al sentido de nuestra pertenencia al linaje humano como parte de la Naturaleza.
No hay política social que pueda definirse sin considerar la organización de la vida privada. El cuidado, la alimentación, la educación, el abrigo, la higiene, el descanso, los horarios no son asuntos privados porque hacen referencia a la esencia de la vida y de la cultura. Los retos pasan por recuperar y reivindicar el amor a los nuestros, y lo hermoso de ponerles en camino, para que atraviesen sus propias incertidumbres, y esperarles de regreso a casa. Para que puedan escuchar historias de amor como la de José Mascaró a Aitana: Estás aquí para ser feliz, le dice. Así que hay que ponerse manos a la obra y afrontar una a una las dificultades que tenemos por delante, que como decía mi abuela Encarna Esteve, y no la de Pavarotti, “la faena no se hace sola”.
Teresa Forcades, doctora en Medicina, monja benedictina en Montserrat, Barcelona, advierte sobre los riesgos de la vacunas gripe A y denuncia el abuso de poder y los perversos intereses de la industria famaceútica.
Elecciones al Parlamento Europeo, Alicante.
El sol luce desde primera hora. 23ºC para un día playero.
A las 7,45h de la mañana había despiste, algo de desconcierto, de tensión mientras cada quien de los designados para constituir las mesas electorales, buscaba su lugarl. Un cura joven, que lucía su magisterio en el cuello, se presentó como sustituto del presidente que tardó en llegar unos minutos y la gente se dirigía a él.
–Soy el vocal de la mesa, 17 A ¿Es aquí?
El cura levantaba los hombros. –Ni idea, ni idea, yo también busco a los míos, de la mesa, 17 B.
Al final, todos se encontraron y los sustitutos se volvieron a casa, incluido el joven sacerdote, que volvió más tarde para votar.
Todo funcionó: La mesa a la que asistí, la 24, B, de la calle Jaime Segarra, reunió pronto a todos su componentes y colocó su infraestructura: mesa, carteles identificadores, papeletas. El Presidente, un joven profesor de Humanidades de un colegio concertado, y dos vocales jóvenes, varones; uno recien cumplida la mayoría de edad, llevó sus apuntes de filosofía y entre voto y voto, en los largos espacios que ocupó la abstención, repasó a Platón. El segundo vocal, ingeniero, tuvo tiempo de trabajar, a pie de urna, con su ordenador para terminar un plano de reforma interior de una farmacia que tenía que entregar el lunes.
Cuando dieron las 9 de la mañana, había ya una pequeña cola de votantes. A la mesa 24 B llegó la primera, una mujer de nombre Humildad. Y voto tras voto se cumplieron las normas. El presidente ejerció con autoridad su tarea, constituir la mesa, abrir la urna, comprobar los nombres de cada uno de los votantes, confirmarlo con los vocales, con los interventores. E introdujo uno a uno los votos que le entregaban a la vez que decía sus nombres. Dos o tres horas de voto continuado por la mañana y lo mismo, algo más breve, por la tarde. El resto, tiempo bueno para corregir exámenes, que fue lo que hizo el presidente, que tenía que presentar notas el lunes en su colegio; sin abandonar la mesa, por supuesto.
La jornada resultó laboriosa.
La gente llegaba calurosa y la mayoría prostestaba: El colegio electoral había cambiado de lugar y les quedaba lejos, más lejos de sus casa de lo habitual. Y el electorado en esa zona, mi barrio, ronda una media de edad que pasa los sesenta años. Sólo 5 votantes menores de 20 años.Y la inmensa mayoría mayores de setenta.
–¡Otro año no vengo!
– ¿Cómo que nos mandan aquí?– le decían a los miembtros de la mesa, que nada sabían de las razones del cambio de sedes electorales.
–Eso de Europa está muy lejos, nena, yo vengo para apoyar a Zapatero–, le explicaba una señora bajita que se apoyaba en su muleta a una apoderada del PSOE. A su lado, la que decía ser su vecina, afirmaba que ella estaba con Rajoy, “aunque este hombre es un blando”.
El día pasó sin incidentes dignos de mención más allá de lo correoso del pan de los bocadillos que el Ayuntamiento distribuyó entre los responsables de las mesas y la falta de sustancia de la tortilla de patatas. Dos jóvenes de 18 años votaron por primera vez y se hicieron una foto con la urna.
Cuando llegó el escrutinio los votos se resistieron a cuadrar. Uno bailaba. Una hora para volver a contar votos, sobres, votos en blanco hasta que apareció el camuflado.
La mayoría se fue para el PP; con distancia el PSOE y después el Partido de Rosa Díez que siguió de cerca a Izquierda Unida; algunos votos para los verdes, cinco votos en blanco, votos para La Falange Tradicionalista, para el Bloc y uno, un voto para el Partido Antitaurino, que, por ser el último, recibió una ovación. No en vano estábamos junto a la plaza de toros. La abstención ganó las elecciones sin presentar candidatura. Pero de todos es sabido que no tiene turno de palabra ni representación parlamentaria.
¿Medio llena o medio vacía? La abstención ocupa su lugar. Y a veces, más que los sobres cerrados. En esta mesa, se alcanzó el 50% de participación. Al terminar el día, las salas se quedaron repletas de papeletas huérfanas. Las radios y los canales de TV conectaban con las sedes de los partidos y con los portavoces del Gobierno. Los carteros y quienes había ejercido la presidencia de las mesas se dirigían a entregar las actas, la jornada había llegado a su fin. Sus consecuencias comenzaban a materializarse.
Bruselas, Luxemburgo, y Estrasburgo quedan lejos de Cádiz, de Cáceres, de Alicante. Pero las decisiones de quienes hacen política desde allá nos afectan cada día más a la ciudananía europea. Toca elegir en toda la Unión 735 representantes. En la actualidad, más de un 70% de las leyes que afectan a cada estado vienen determinadas por las normas de la Unión. Pero hay una distancia, una falta de impicación de la gente con la política real de la Unión. ¿Qué pasa?
Se dice que en España la intención de voto no supera el 30% y el porcentaje muestra una tendencia a la baja en los diferentes paises. El Parlamento Europeo es como un globo que se deshicha de participación, a la vez que gana más poder. Así las cosas, los partidos políticos siguen escenificando una hegemonía local que en realidad no poseen ya que el 70% de las decisiones ya corresponden a Bruselas. Y el electorado, no percibe las consecuencias.
Os dejo con las estimulantes reflexiones del sabio, economista, filósofo… nacido en Argel Jack Attali y su apuesta por la construcción política europea. “Si Europa no se dota de un gobierno europeo, la constitución Europea se desplomará”, afirma en declaraciones para euronews.net
Yo, por lo pronto, iré a votar el domingo.
Me acuerdo de Carlos Santana, el artista mexicano, y de su tema Europa, que suena así de bien.
Necesitamos que nos cuenten historias, espacio y tiempo para sentir las nuestras propias, para conectanos con quienes han hecho posible nuestra llegada a la vida y nos legan lo mejor de su propia experiencia: sus relatos, tan curativos en tiempos de crisis, tan necesarios.
Acaba de lanzarse la nueva campaña de Coca Cola. Un encuentro real sobre la felicidad en tiempos de crisis. Un anciano, Josep Mascaró, mallorquín de 102 años, le cuenta la historia esencial a una bebé que acaba de llegar al mundo y tiene nombre de montaña, Aitana y apellido de ser humano, Martínez. Él vuela desde Mallorca a Madrid, un viaje de un siglo para contarle la verdad: Un minuto y 30 segundos que brillan y nos ayuda a detenernos, a sentir que la vida merece la pena.
Coca Cola, de nuevo, ha dado en el clavo del optimismo, de la esperanza, de la sonrisa en tiempos de incertidumbre, auque a ellos también les toque la recesión. La campaña ha sido creada por MacCann España, que la ha titulado Encuentros. Su directora, Marta Fontcuberta. Seguro que ya lo conoceis.
Se estrenó en los canales españoles hace apenas tres días. Disfrutadlo,
“Hola Aitana, me llamo Josep Mascaró y tengo 102 años. Soy un suertudo. Suerte por haber nacido, como tú, por poder abrazar a mi mujer, por haber conocido a mis amigos, por haberme despedido de ellos, por seguir aquí. Te preguntarás cuál es la razón de venir a conocerte hoy, es que muchos te dirán que a quien se le ocurre llegar en los tiempos que corren, que hay crisis, que no se puede. Esto te hará fuerte, yo he vivido momentos peores que éste, pero al final de lo único que te vas a acordar es de las cosas buenas. No te entretengas en tonterías, que las hay, y vete a buscar lo que te haga feliz que el tiempo corre muy deprisa. He vivido 102 años y te aseguro que lo único que no te va a gustar de la vida, es que te va a parecer demasiado corta. Estás aquí para ser feliz.”
Soñé que era posible llevarlo a cabo cuando tras oir las historias de Trini, de Rosa,de Concha Pérez, de Enriqueta Gallinat, de Angelita Rodríguez…pero de qué modo reunir los apoyos para una tarea que parecía no interesar a casi nadie en la vida pública.
Mi búsqueda había comenzado antes. Desde principios del año noventa, andaba yo detrás de los testimonios para construir lo que, entonces, yo quería que fuera un guión de ficción. Mi deseo era relatar el final de la guerra en Alicante con las mujeres mujeres como protagonistas. Comencé a buscar y a encontrar.Y lo que iba a ser ficción se convirtió en testimonio documental. No me sent´capaz de crear una ficción más emocionante que sus testimonios en sus propias voces.
En Barcelona, durante las Jornadas Feministas de 1995, pude conocer a Enriqueta Gallinat, a Rosa Cremón, a Concha Pérez, Victoria Carrasco, Trini Gallego… allí estaban testarudas, viejas, brillantes dispuestas a hacerse oir, cargadas de razones, de historias, de emociones… Nos contaron sus historias y la sala repleta de mujeres, prorrumpió en un aplauso inacabable tras escucharlas, todas puestas en pie, como abrazándolas.
Poco despué pude hablar con Curra Ortiz, que era, en 1998 la directora del programa de TV2 La Noche Temática; le hablé de mi idea y aceptó entusista la propuesta de un documental sobre las mujeres y la guerra que se realizó con un equipo de la TVE y que posibilitó, entre otras, el viaje de la anarquista Conchita Liaño desde Caracas a Madrid y a Barcelona para el rodaje y las entrevistas.
Cuando escribo esto, Trini Gallego, Conchita Liaño y Concha Pérez siguen disfrutando de su vitalidad de nonagenarias. Por ellas y por tantas otras como ellas.
Mis agradecimientos a todo el equipo de La Noche Temática, que se entusiasmo con el proyecto.
El humor, una sabia, brillante e inteligente actititud mientras padecemos el vendaval de esta crisis que pone el sistema patas arriba.
Este sketch sobre la crisis financiera mundial y la hipocresía de los banqueros fue emitido por la televisión británica . Los protagonistas son John Bird y John Fortune, “The long johns”, dos cómicos especializados en las parodias políticas. Ambos tienen un programa llamado “The last laugh”. Disfrutadlo.
Un hombre negro es el presidente de los EEUU. Tiene el nombre de los mejores deseos, concita un viaje alucinante por la Historia y una propuesta de cambio. Su linaje y el de Michele Robinsor, su mujer, representan un fascinante recorrido hasta el presente que atraviesa la esclavitud y la pobreza y nos permite adentrarnos en la vida a la que pertenecemos.
Obama no hará milagros, ¿quien lo duda?, pero ha llegado a la actualidad como si él mismo fuera un milagro, (Barack significa bendición, en swahili) , abriendo los corazones y la esperanza para millones de personas en el mundo.
Decía Eleonor Roossevelt : “La vida fue propuesta para ser vivida. La curiosidad debe mantenerse viva. Una no debe nunca, por ninguna razón, volverle la cara a la vida”.
En estos momentos de quiebra para una sociedad opulenta y desmesurada, Obama, símbolo, se convierte en presidente de los EE UU y una corriente de esperanza crece a su alrededor.
Las lucíernagas han decidido jugar a ser sol. La gata y el sapo no se perderán el espectáculo y esperan inmutables. Pero solo los colibries están invitados a volar con las mariposas de vida intensa que morirán mañana, con su verde iridiscente formarán los límites imposibles de las luces vivas del Hemisferio Sur.
Un potrillo recién parido se ha puesto en pie y corre tras la luz por la rivera del río tibio y turbio.
La llegua que es su madre relincha a lo lejos.
En la misma cuadra que Alberto Zapatillas anuncia su negocio de composturas de calzado, un conejo negro merodea entre la basura y el agua de cloaca que corre por el borde de la acera.
Bajo el puente de la Avenida Rodríguez una inmensa hoguera le hace la competencia al sol y a lo lejos, entre un mar de autos, una estrella fugaz busca el portal de Bélen.
Una anciana montada sobre unos zapatos de tacón de aguja balbucea que va a tener un niño, antes de caerse desvanecida.