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Lú llegó de Haití

Esta es la carta que mi amiga Charo, mamá de Lú, que llegó desde Haité hace algo más de 2 años, ha remitido a sus amigos.

Tengo a mi lado a Lu. Da gloria verla. Guapa, sana, contenta, charlatana. Pues resulta que para tener una vida razonablemente feliz, o al menos con las necesidades mínimas cubiertas, mi hija, y otras y otros más, deben salir de su país, Haití. Lu ilumina mi vida, y estoy agradecida a la providencia de que nos haya lanzado a una en brazos de la otra. Ahora bien, sobre todo en estos días, no dejo de darle vueltas a cómo podemos aceptar que existan estas desigualdades que hacen que una persona no pueda quedarse a vivir tranquilamente en su pueblo, o en su país. Y que salga para conocer mundo, o a vivir aventuras, no a buscar una vida digna para ella y su familia.

Haití parece un país maldito. En doscientos años de vida sólo ha conocido la injusticia, la miseria, la desgracia, la corrupción. Fue el primer país del mundo en abolir la esclavitud, y el segundo de América en conseguir la independencia después de Estados Unidos. Con estos antecedentes, podríamos pensar que progresaría y llegaría a garantizar los derechos y libertades que merece su ciudadanía. Pues no.

Se trata de un país totalmente empobrecido, deforestado, sin recursos naturales (bueno, en su subsuelo hay bauxita, de la que se obtiene aluminio), sin interés para el turismo por el momento. En sus doscientos años de vida sólo ha conocido la injusticia, la violencia, la desgracia. A pesar de ser tan pobre, ha sido escenario del conflicto de intereses entre grandes potencias: Francia, España, Gran Bretaña, Estados Unidos. En la actualidad, existen importantes intereses en que Haití sea un país ingobernable, un caos: buena parte de la cocaína que viaja desde Colombia hasta Estados Unidos pasa por su territorio.

El terremoto a sido un golpe terrible para Haití, un lugar ya de por sí sin esperanza. Llegará la ayuda, al final (demasiado tarde, siempre demasiado tarde). Y qué ocurrirá después? Ni siquiera existen en cantidad suficiente tierras aptas para el cultivo: el suelo es árido a consecuencia de la deforestación, que también impide que sea retenida el agua de lluvia. Una situación muy diferente a la de la vecina República Dominicana, con iguales condiciones de clima y territorio, pero que ha cuidado su masa forestal y ahora tiene una cubierta vegetal sostenible. Todo esto debería hacernos pensar muy seriamente en lo realmente vital que es cuidar de nuestros recursos naturales.

Alrededor de un 70% de la población vive en la pobreza. Para que os hagáis una idea, la parte más pobre entre los pobres se alimenta de galletas hechas con barro, manteca vegetal y sal.

Un 80% de las personas con formación emigra. Hay más médicos haitianos en Canadá que en Haití.

No me extiendo más. Aunque se lograra rehabilitar todo lo destrozado por el terremoto, Haití seguiría siendo un país desahuciado. Como tantos otros, como buena parte de Africa, por ejemplo, por distintas razones, salvando las distancias y teniendo en cuenta las particularidades de cada lugar.

Os agradezco de corazón vuestro interés, las llamadas, mails, sms de cariño que nos hacéis llegar. Nos han llegado noticias de que en el orfanato están bien. También me preguntáis a qué ONG enviar vuestro dinero (como bien dice Pau, es lo único que podemos hacer desde aquí en este momento). No sé qué deciros. Quizá Médicos Sin Fronteras sea la más fiable. Paula (para quien no la conozca, es una gran amiga que trabaja en Mozambique con MSF) lo confirma, lleva años en esta organización. También os envío información de una ONG con la que colabora Adopta, la agencia de adopción a través de la que tramité la llegada de Lu. Son católicos, eso sí, pero de fiar. En realidad hay ONG para todos los gustos, hacedlo con quien confiéis más.

A pesar del terrible panorama que os explico, sueño que un día Haití será un país al que se pueda llegar y encontrar a gente con una vida normal, con sus penas y sus alegrías, sus preocupaciones, porque pueden dedicarles interés al tener resuelto lo básico: comida, salud, educación, paz, vivienda, trabajo. Es muy muy posible que Lu quiera volver un día a completar sus historia, a conocer el lugar de donde viene. Por ella, por los niños y niñas que salieron camino de nuevas casas y familias. Por los que se quedaron, por los que murieron en ésta y otras catástrofes, naturales, y artificiales. Haití merece un futuro digno.

Un abrazo y todo mi agradecimiento por vuestro interés y solidaridad.
Charo, mamá de Lú

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EL LLANTO DE HAITI

Carta de Sergia Galván, feminista dominicana, a las compañeras feministas de América Latina y el Caribe.
Queridas amigas, regresé en la madrugada de hoy de Haití, todo lo que pueda contar es poco. El olor a muerte nubla la razón, los miles de cuerpos atrapados y llorando debajo de los escombros te hacen sentir una migaja, las personas parecen mirar a otro mundo, sus ojos parecen relámpagos que huyen del horror.
Las gentes son caminantes que van y vienen sin rumbo, deambulantes que cargan dolor y miseria, deambulantes que cargan sueños en ruinas. La gente camina, camina, camina.. es como si al caminar se liberaran de la tragedia.
Las calles están llenas de cadáveres en descomposición, ayer en la tarde decidieron, enterrar a sus muertos en fosas comunes, es probable que pidiendo perdón a sus dioses, diosas y ancestros, decidieran sobrevivir al terremoto de los olores, y enterrar a los suyos en fosas comunes.
Las personas han construido improvisados campamentos en cada espacio que la tragedia haya dejado libre, en plazas parques, calles, solares vacíos, aun en las poquísimas estructuras que quedan levantadas, la gentes no entra a ellas , estar bajo algún techo genera temor, inseguridad, miedo, pues aun la tierra sigue danzando, reacomodando sus placas, cerrando su ciclo.
Todavía ayer no llegaba asistencia médica a los campamentos, y en las calles las personas intentaban curar sus heridas y alargar la muerte mediante lo único que tenían a mano: la espera. La deshidratación marca la piel, pues su único techo es el sol, por suerte la lluvia ha contenido sus lágrimas y a la caída del sol las personas podían tirarse al suelo, arropados con su dolor.
Las caras lánguidas por el hambre y la sed, mermaban las energías y mostraban un cuadro de tranquila agonía. El lugar de reposo, es también el mismo lugar para hacer las necesidades fisiológicas.
Amigas, el llanto debajo de los escombros y el llanto por las heridas, por los golpes, por los muertos ,el llanto por la cuasi vida, es imposible borrarlo, es imposible dejar de escucharlo, hoy, en medio de reuniones he intentado poner oídos sordos a esos llantos, pero siguen ahí.
Decidí buscar a nuestras amigas, a Lise, a Colette, Ann Marie, a Miriam, a Nikette, a Susy, a Magui, a Olga y a otras, y fui a visitar sus oficinas, algunas estaban convertidas en polvo, otras semi destruidas y no encontré a ninguna. Una persona me informó que Ann Marie murió, lloré, lloré, lloré y seguí.
No solo las personas, también la infraestructura del Estado sucumbió: Palacio Presidencial, Ministerio de Economía y Finanzas, Ministerio de Educación, Ministerio de Salud, Ministerio Publico, Ministerio del Interior, Obras Publicas, Fuerzas Armadas, Edificio de Impuestos Internos, hospitales en fin, el Estado no existe.
La ayuda es lenta, porque no hay con quien coordinar, el aeropuerto no tiene torre de control, no tienen espacio para que lleguen más aviones, no hay luz para trabajar en la noche. Naciones Unidas abrió un puente aéreo, pero no es suficiente.
Las organizaciones de sociedad civil, constituimos una Comisión Binacional para intentar crear una plataforma en Haití que pueda ser receptora de la ayuda, estamos haciendo intentos por infundirles un poco de fuerza a las amigas y amigos que no partieron, para que estructuremos una coordinación, tomará un poco de tiempo, pero vamos a lograrlo, las Haitianas y Haitianos son de una fuerza especial y se van reponer.
Amigas, en este momento la solidaridad es el único aliciente, la solidaridad es la única fuerza que logrará contener el dolor y hacer que nuestras hermanas haitianas sientan emoción de mirar el futuro.

Un abrazo a todas
Sergia
Santo Domingo

Queridas compañeras: todas estarán al tanto de la tragedia en Haití. Desde la red mesoamericana Las Petateras estamos solicitando la canalización de donativos que lleguen directamente a las mujeres, a través de una organización feminista de República Dominicana que está trabajando directamente con las mujeres y las activistas haitianas, llamada Colectiva Mujer y Salud (dirigida por Sergia Galván, una feminista con una gran trayectoria en la región).

Los datos para hacer los donativos son:
Banco de Reservas
C/ Isabel La Catolica No. 201
Zona Colonial
Santo Domingo, Rep. Dom.
Swift code o ABA No. BRRDDOSD
Cta Corriente No. 010-251497-6

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Más fotos de presas en la Cárcel de Saturrarán

Saturraran.jpg

penal de Saturraran 11-10-1942_1.jpg

Estas dos fotos las envía Maribel Bonilla. Su abuela, Encarna Juarez Ortiz, cordobesa, estuvo presa en Saturraran hasta 1943. En la foto de abajo, es la de gafas, con la niña delante. En la foto de arriba, a Encarna Juarez sela ve algo borrosa, arriba a la izquierda. Ahora que la conocemos, solo nos falta conocer su historia. Espero que Maribel nos la haga llegar.Ah

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Bye, bye 2009

Nubes dispersas 21°C Viento: (SSE) 11 Km/h
Humedad: 78%
Punto de rocío: 17°C
Presión atmosférica: 1010 mb.

Un año malo, pésimo. Empezó con la amenaza de una gripe que llenó las páginas de los diarios y los bolsillos de algunas las farmacéuticas, mientras los medios nos distraían de la pandemia real, promovida por el liberalismo económico que hacia tambalear el sistema y reclamaba , ahora sí, fondos frente a su derrumbe.
Visto desde la sociedad del derroche, un año catastrófico. Visto desde los márgenes sociales, un año infame que acaba con los comedores sociales atiborrados de gente sin sueldo, sin techo y sin trabajo, que apenas tiene para comer.
No me extraña de la quiebra del gobierno valenciano y de la sonrisa petrificada de su presidente, cuyo nombre ha salpicado reiteradamente las páginas del sumario de corrupción. No me extraña que los ejércitos de los países ricos hayan dejado paso a las empresas privada que hacen la guerra vestidas de organizaciones de paz y humanitarias en Oriente y a lo largo y ancho de la arrasada África. No me extraña que las fábricas de armas amplíen sus plantillas y sus exportaciones. No me extraña que el Indico se llene de Piratas. No me extraña que la Nochebuena, el Papa de Roma celebre la Misa del Gallo dos horas ante, porque él –representante de Dios en la tierra–se va a dormir pronto, nazca –simbólicamente—a la hora que nazca el hijo de José y de María. No me extraña que los diarios se hayan olvidado por completo de hacer periodismo y de que los periodistas en extinción en las redacciones devengan en portavoces de empresas, patrones, poderosos: dime quien te financia y te diré quien te gobierna. No me extraña que el año acabe con los aeropuertos atascados por una multitud que no puede viajar en la compañía Air Comet, que dirige el máximo responsable de la patronal española, en bancarrota. No me extraña que Belén Esteban arrase en la televisión, que la ha convertido en una estrella que arde en un chispeante brillo que tantos beneficios reporta a quienes no se exhiben. No me extraña, que el dinero no necesite pasaporte, ni fronteras, ni límites.
No me extraña nada, pero nada, que las diez familias españolas que más tienen hayan seguido ganando en este 2009 hasta un 27%.
No me extraña que esta mañana no sepa bien a qué atenerme. Sin embargo, no se bien porqué, aun tengo esperanza.

Añadir comentario 29 Diciembre 2009

Has venido al mundo para ser feliz II

¿Que necesitamos para afrontar los nuevos retos?  Por lo pronto, una buena dosis de audacia en la búsqueda de nuevas propuestas.   Una educación pública  capaz de formar en la responsabilidad personal y colectiva, y en lo complejo,  entendiendo la sociedad como un asunto humano, y la experiencia como un valor insustituible,  y no meramente necesitado de recursos científicos y tecnológicos. Una sanidad que no considere su materia la enfermedad sino al paciente y que sea este a quien sirva y no a las grandes corporaciones farmacéuticas o a su propia estructura. Una organización social, de horarios de trabajo y ocio que posibiliten la atención de las personas dependientes y devuelvan el valor del cuidado, aunque no produzca rentabilidad económica. Una economía que prime la responsabilidad social. Una justicia que ponga límites al abuso del poder en todas las esferas de la vida. Y la aplicación de las leyes antidiscriminatorias, que faciliten la corresponsabilidad de los hombres en la esfera pública y su incorporación a las tareas familiares.

La abuela de Pavarotti

Contaba Pavarotti que de niño su abuela, que lo adoraba, le decía que se convertiría en un hombre famoso y querido por todos.  Antes de dedicarse a la música fue maestro y dejó la enseñanza y un trabajo estable, para estudiar música, mientras vendía seguros para costearse su aprendizaje. Quería cantar. Y el amor de su abuela acompañó siempre su deseo, que fue cumplido con creces.
¿A que viene aquí la mención de la abuela de Pavarotti?  Pues viene a cuento de lo elemental:  En crisis más que en tiempos de calma, necesitamos de abuelas que nos quieran y con su amor y esfuerzo nos muestren el camino y nos ayuden a colocarnos en la búsqueda de aquello que deseamos, que nos animen a vivir, a aventurarnos, a ser protagonistas.  Para los retos que debe afrontar nuestra sociedad hay que mirar a quienes vivieron antes que nosotros. Escucharles y hacernos fuertes con ellos, que todo lo saben y todo lo han vivido.
“Muchos te dirán que a quien se le ocurre llegar en los tiempos que corren, que hay crisis, que no se puede. Esto te hará fuerte, yo he vivido momentos peores que éste, pero al final de lo único que te vas a acordar es de las cosas buenas. — le dice el viejo mallorquín Joseph Mascaró (102 años) a la bebé Aitana, en el último spot de Coca Cola que es una joya documental que remite a lo esencial, que no es beber Coca Cola. Lo importante es no amilanarse ante las dificultades que tiene por delante Aitana y todas las Aitanas de este mundo. Agarrarse a la fuerza del mensaje de Mascaró y a su amor por la niña recién nacida, que le da sentido a su propia existencia.

Los retos de este nuevo siglo son la búsqueda de esas nuevas alternativas para la vida. Está en nuestras manos dotarnos de recursos, de herramientas, de instituciones capaces de afrontar una convivencia que entienda la dificultad, los conflictos, la diversidad, lo complejo y nos animen e instruyan para ser capaces de atravesarlos, tomando las riendas que nos corresponden.
Las nuevas opciones no hay que buscarlas lejos; son tan novedosas como viejas para la Humanidad. Tal vez haya solo que bajar el pistón de la arrogancia tecnológica y científica, deshacer la segmentación  del saber,  y mirar hacia delante sintiéndonos una pieza más del mundo al que pertenecemos y no meros y meras observadoras, o aún peor, víctimas de lo que ocurre en nuestro entorno.
El verdadero problema radicaría en la falta de mimbres para reconocer las oportunidades que se nos brindan.
No habrá mensajero que nos aclare el dilema. Porque los mensajeros se han multiplicado por millones y ya nos son reconocibles como antes.
En la era de la comunicación, los medios son también arrasados por la superabundancia de información. Los centros se disparan, de desbaratan y se redefine un nuevo orden, caótico pero orden, que afecta a todos y que resulta difícil de comprender mirado con ojos ilustrados.  Para ver el problema conviene tomar distancia pero  no irse lejos sino bajar a la escala humana, a la masculina y a la femenina; volver a las raíces, a las fuentes, al cuidado, al sentido de la continuidad y de la necesaria trascendencia. Hacernos conscientes de que somos herederas y herederos   de todos los que estuvieron aquí antes de nosotros y que nos corresponde cuidar,  mantener y ceder lo recibido, mejorado a ser posible, a quienes vienen después.
El final merece la pena
Hay razones para creer que la Edad Moderna ha terminado. Muchos signos indican actualmente que estamos atravesando un periodo de transición en el cual algo se está yendo y otra cosa está naciendo, parto doloroso mediante, escribió en 1998 Vaclav Havel, el que fuera último presidente de Checoslovaquia, escritor y Premio Principe de Asturias de Humanidades 1997. Como él, otros pensadores, mujeres y hombres, han analizado los cambios a los que asistimos. Un parto doloroso. En él estamos, sin epidural, respirando a fondo para oxigenar bien todas las vísceras y músculos, en  la mitad de las contracciones que, mientras suceden,   resultan inacabables.  Un parto que tiene como término una nueva vida que da sentido al presente. No lo olvidemos. Una metáfora tan vieja, tan fundamental como desdeñada. Estamos de parto y el final merece la pena; un final que no existe porque empieza cuando comienza otra parto y otra vida.
El reto de nuestro siglo pasa por considerar las soluciones de la mano de quienes han cuidado y han alimentado la vida tras alumbrarla: las mujeres que han sustentado y sustentan las familias, saben cómo rentabilizar los recursos.  Lo hacen en los países ricos y allí donde apenas hay recursos alimentarios. No hay que ir tan lejos, o tal vez, lo que ahora corresponda es volver a mirar, a nombrar y a recuperar aquello que está nuestro alcance, descuidado por el atroz desarrollo de las grandes ciudades, la separación entre producción y reproducción, la ruptura de los conocimientos elementales para la subsistencia que ha hecho de cada individuo en nuestra sociedad un analfabeto para su propio cuidado. Un ser perdido si cierran el supermercado y no hay microondas en la cocina.
El sistema en que hemos crecido ha entrado en una crisis que podríamos llamar de éxito y que tuvo su máximo exponente con la ruptura de la Unión Soviética, la caída del muro de Berlín y que atravesó Estados Unidos por las Torres gemelas en el 2001. Las turbulencias, las contracciones del parto, se aceleraron  con fuerza tras  las guerras de  Afganistán e Irak, para arreciar con la debacle de los intocables señores  de la bolsa de Wall Street, mientras en el Congo, la guerra y la rapiña  provoca guerra y esclavitud en busca de más tecnología.
Los banqueros han abandonado las peanas de nuestro santoral y Estados Unidos de América, el espacio hegemónico incuestionable.
De pronto las certezas dejan lugar a las incertidumbres, que por cierto, siempre estuvieron ahí, aunque no las viéramos. Las mujeres entran en escena pública y reclaman responsabilidades públicas. Lo personal es político anunciaron las feministas en los años setenta. El uso de la violencia de los hombres contra las mujeres se hace visible y se reclaman soluciones colectivas para conflictos que antes se consideraban asuntos privados.  La solución está en marcha y requiere cambios de fondo para todos y a largo plazo.
En menos de una década los mapas dibujan otras fronteras, las palabras varían sus significados y Dios parece cambiar de mensajeros, aunque la Iglesia Católica se siga vistiendo con estructuras medievales.  Un parto doloroso.

Volver a la escala humana

“Destrozamos la belleza de los campos porque los esplendores no explotados de la naturaleza no tienen valor económico. Seríamos capaces de apagar el sol y las estrellas porque no nos dan dividendos”, dijo Keines, el economista que tanto influyó en las políticas que abrieron para el capitalismo el camino de la democracia y del estado de bienestar… que ahora parece haber entrado en un callejón ¿sin salida? Las semillas transgénicas patentadas arrasan tierras y se tragan la diversidad, los biocombustibles, lejos de ser una solución a la falta de recursos energéticos, agravan la crisis alimentaria; la ocupación de los territorios más bellos para usos turísticos arruínan los paisajes y esquilma el agua, un bien escaso. La tierra no puede ser una mercancía patentada.. La ciudad, la sociedad, la vida debe recuperar la escala humana.

Se habla de cambio de paradigma: no sólo hay una crisis económica, hay una crisis científica, de valores, de percepciones. La crisis, dicen los expertos, no es una crisis coyuntural sino sistémica. La ilusión de prosperidad – de la que hemos disfrutado una parte de la humanidad durante las décadas finales del siglo XX – ha llegado a su fin  tras décadas de gestación de nuevas alternativas.  Se habla de problemas globales y se buscan nuevas soluciones que permitan la convivencia de las partes, bajo el principio moral del respeto a la tierra y sus recursos y en defensa de una armonía posible entre sexos, culturas y modos de entender a Dios. Un doloroso parto.

Dicen que la inteligencia es la capacidad de los seres humanos para adaptarse al medio. Y el medio en que ahora respiramos es una atmósfera contaminada en proceso de cambio. Por fin, las propuestas ecologistas, las iniciativas de las feministas y de aquellos que ocupaba la periferia del sistema empiezan a oírse sin distorsiones.
Las sociedades contemporáneas se han dotados de normas que nos remiten al respeto a los derechos humanos. Un principio moral que han reclamado para sí pueblos, razas y la totalidad del sexo femenino, con sus diferencias culturales y de clase incluidas.
Las mujeres, a penas en el siglo XX, han comenzado a lograr reconocimiento que las leyes habían otorgado solo a los hombres o a un neutro humano que no nombraba lo femenino.
Los retos que afrontamos pasan por una redefinición que considere lo privado y lo pequeño, en su grandeza, como parte de la cosa pública y esencial.  Las soluciones pasan por devolver valor a la tierra y al sentido de nuestra pertenencia al linaje humano como parte de la Naturaleza.
No hay política social que pueda definirse sin considerar la organización de la vida privada.  El cuidado, la alimentación, la educación, el abrigo, la higiene, el descanso, los horarios no son asuntos privados porque hacen referencia a la esencia de la vida y de la cultura. Los retos pasan por recuperar y reivindicar el amor a los nuestros, y lo hermoso de ponerles en camino, para que atraviesen sus propias incertidumbres, y esperarles de regreso a casa. Para que puedan escuchar historias de amor como la de José Mascaró a Aitana: Estás aquí para ser feliz, le dice. Así que hay que ponerse manos a la obra y afrontar una a una las dificultades que tenemos por delante, que como decía mi abuela Encarna Esteve, y no la de Pavarotti, “la faena no se hace sola”.

3 comentarios 28 Noviembre 2009

Has venido al mundo para ser feliz

Escribí este artículo para el Anuario de la prensa alicantina de 2008. Me he topado hoy con él y aquí está, a pesar de su extensión.
La enfermedad hace visible la salud”
María Zambrano

La caída del ex -prestigioso financiero Bernard Madoff, el estallido de la burbuja inmobiliaria y la detención del austriaco Fritz, violador y secuestrador de su propia hija durante 24 años, por terribles que parezcan resultan buenas noticias del año que quedó atrás; con ellas, se pone fin a un periodo de ceguera moral en lo privado y en lo público, de consentimiento, tolerancia, de complicidad  social con el derroche de bienes económicos que son de todos. Fin al tiempo de silenciar las voces críticas, anunciadas como agoreras y alarmistas. La periferia del poder tiene ahora la palabra y buena parte de las soluciones. Fritz y Madoff aparecen como la cara perversa de una sociedad atravesada por severas corrupciones.
No podemos ya mirar a otro lado frente al maltrato como forma de relación,  frente a la estafa financiera reiterada, frente a la destrucción de nuestras riqueza paisajísticas, frente al agotamiento de los recursos minerales y energéticos, frente al fracaso escolar, frente a la cirugía estética como sinónimo de belleza  , frente a la desigualdad de derechos, frente  a la guerra como herramienta de control del poder sobre humanos y recursos.

¿Cómo salimos de esta?

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Marejadas, planes estratégicos, desconciertos

Alicante. 19ºC. Despejado. Viento SO a 21km/h. Humedad: 56%
Decía  mi abuela que un mar en calma no hace buenos marineros. Pues estamos de lleno en una tempestad con marejada de fondo. Lo vertiginoso de los cambios hace costosa y dolorosa la adapatación a los nuevas propuestas emergentes, que se dan la mano con la rigidez del sistema que se resiste a un cambio que no tolera, que no comprende.

Mi madre, de 83 años, ha comenzado a ir a clase de informática y se ha creado una cuenta de correo. La veo decidida, curiosa y  aturdida ante una página titilante y un ratón desobediente. Ella no hubiera imaginado nunca tener un ratón entre las manos. Recuerdo a Concha, la andaluza, analfabeta de letras,  que cuidaba de mi y de mis hermanos cuando éramos niños, que allá por los años sesenta, apenas acertaba a utilizar el teléfono, sin percibir apenas la diferencia  entre el auricular y el micrófono.

Quien reclame certezas clama en el desierto. La certidumbre es una ensoñación, una burbuja de la que hemos salido, si es que de verdad existió alguna vez.

Mientras la economía global flaquea, un mundo diferente está naciendo. Y debemos hacernos a la idea de que nuestro estilo de vida basado en la superabundancia ha llegado a su fin.
Se necesita mentes abiertas, flexibilidad, arrojo, fuerza moral y física para afrontar el parto de este nuevo mundo y surcar  la mala mar con éxito. Se necesitan líderes capaces de encabezar las transformaciones, de asumir la complejidad de las perturbaciones, de atravesarlas con generosidad y, sobre todo, con planes y objetivos estratégicos, que persigan propuestas sostenibles para las gentes y los territorios. Una mirada local y una miraga global, generosa, austera, que rastreé y propoga nuevas soluciones, capaz de negociar, de reclamar recortes también a los poderosos.
Vivimos en una tierra luminosa en donde la mala gobernanza ha sido norma y el saqueo, costumbre ¿Cómo saldremos de la tempestad? ¿Cuanto durará?

Tenemos que pensar, planificar, actuar con la mirada puesta a largo plazo, sentir que podemos con ello. En la política, en la cultura, en la economía, en la educación, en la comunicación. Los mundos viejos y los mundos nuevos se están desafiando. Pongámonos al frente, reclamemos responsabilidades, actuemos responsablemente. Busquemos el modo de ponerle fin a la piratería que nos deja el corazón estupefacto, la nevera disponible, las arcas públicas vacías y los paisajes, destruidos.

Mi madre hoy pasa al segundo nivel del curso de informática.

2 comentarios 26 Noviembre 2009

La Tierra, la globalización, transeuntes

Alicante. Máxima prevista, 20ºC. Mínima prevista,8ºC

Durante todo el día cielos despejados. Viento variable. Sol.

No soy lo que usted se imagina, dice un hombre que pide alojamiento en un albergue para transeuntes. Salió de León y anda recorriendo ciudades, ya sin dinero; busca trabajo, apenas sin fuerza, sin esperanza. En Madrid el presidente de Gobierno anuncia una reforma laboral. En el locutorio de mi barrio, se anuncian habitaciones de alquiler para familias. En una casa, tres. En La Contra de la Vanguadia, el economista Jeff Rubin habla del fin de la globalización el mismo día que se anuncia la creación del primer Partido de Internet.

Hoy, 24 de noviembre, tras un otoño primaveral, han bajado las temperaturas en Alicante. El informativo anuncia la detención del alcalde de Polop como inductor al asesinato del anterior alcalde del mismo pueblo, ambos del Partido Popular. ¿Donde está la tierra esa que necesitamos para sentir que tenemos en ella los pies?

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Música para empezar el día

7,30h.11 °C
Actual: Despejado
Humedad: 69%

Música para vivificar el alma. Rigoletto, La Traviata, Carmen, Aida…en la Toscana, Italia.

Con Andreu Rieu, violinista y director de orquesta holandés, que lleva la opera y el vals a las plazas. Disfrutadlo. Me lo envía Ana María G.

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Barricada, La tierra está sorda

Acabo de tener noticia del CD de Barricada La Tierra está Sorda. Su canción, A las siete de la tarde, está basada en mi relato del parto de Rosa Cremón en el Campo de los Almendros, narrado en Nosotras que perdimos la paz. Les he encontrado en Internet y lo comparto. Gracias Barricada, por la música y por la memoria.
Me gusta la canción dedicada a Matilde Landa, una presa a la que todas las mujeres, que he conocido, que pasaron por la cárcel de Ventas , admiraban.

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