Teresa Forcades, doctora en Medicina, monja benedictina en Montserrat, Barcelona, advierte sobre los riesgos de la vacunas gripe A y denuncia el abuso de poder y los perversos intereses de la industria famaceútica.
(…) El relato frío de la guerra, de las batallas, de las razones políticas puestas unas delante de las otras, no son suficientes. Hay que contabilizar, documentar, corroborar: pero hay que ir al fondo, allí donde lo oscuro y turbio deja lugar para la luz. Allí donde nos alimentamos cada día y nos abrigamos por las noches.
Que el tiempo de sosiego nos sirva para aceptar lo que somos, lo que fueron; para descubrir las luces cegadoras y las sombras que atravesaron nuestra madres, nuestras abuelas, nuestras deslumbrante bisabuelas; madres cuando el hambre se entretenía y resultaba imposible estrenar un vestido el domingo de Ramos ni ningún otro domingo.
Individuas de dudosa moral dice Pura Sánchez en su libro, citando las condenas de los vencedores. Si, señoras y señores. Nuestras valerosas antepasadas mujeres de dudosa moral, benditas sean.
Es hora de reclamar incluso su derecho al silencio, ese que ha parido nuestro deseo de saber. Es hora de aceptar el espacio inacabable que ocupan las historias no contadas. Y contarlas.
La literatura de la derrota está llena de páginas repletas de belleza dolorosa. Teresa de León las escribió desde el exilio en su Memoria de la Melancolía:
Contad vuestras angustias del destierro – dijo allá, por los años sesenta desde Roma–. No tengáis vergüenza. Todos las llevamos dentro. Puede que la fortuna os haya tendido la mano, pero ¿y hasta que eso sucedió? Contad vuestras noches sin sueño cuando ibais empujados, cercados, muertos de angustia. Habéis pertenecido al mayor éxodo del siglo XX. Ha llegado el momento de no tener vergüenza de los piojos que sacábamos entre el pelo ni de la sarna que nos comía la piel ni de la avitaminosis que nos obligaba a rascarnos vergonzosos en el cine. Nos habían sacrificado. Éramos la España del vestido rojo y la cabeza alta. Nos rascábamos tres años de hambre y buscábamos una tabla
para sobrevivir al naufragio. Contad cada uno el hallazgo de vuestra tabla de naufragio. (…) Sí, desterrados de España, contad, contad lo que nunca dijeron los periódicos, decid vuestras angustias y lo horrorosa que fue la suerte que os
echaron encima. Que recuerden los que olvidaron.
Pero hay miles de biografías, de relatos, de testimonios, de investigaciones publicadas contra viento y marea. Una de ellas, de valor sobresaliente fue el trabajo realizado por una presa iletrada, brillante y testaruda, por nombre Tomasa Cuevas que murió hace apenas 2 años. Ella sin más apoyo que su propia decisión, recién llegada del exilio, en los años setenta, se puso a la búsqueda de sus compañeras de prisión, para reunir sus testimonios en un libro que editó ella misma, a mediados de los años ochenta. ¿A quien le interesa la historia de las presas de Franco?, decían las entrevistadas. Y Tomasa Contestaba: A mi, a mi me interesa.
Las buscó, las encontró, las entrevistó y transcribió una a una sus palabras, sus nombres, sus condenas, su turismo carcelario.
A mi, a mi me importa, decía Tomasa.
Leo en La Vanguardia de hoy jueves un artículo sobre cómo borrar información propia en la red y despierta mi curiosidad. Borrarse de Facebook parece tan complicado como conseguir que una empresa, cualquiera, te facilite la hoja de reclamaciones o te de de baja. Para contratar son dos pasos, con los ojos cerrados, todo facilidades, ¡Vivan los medios de comunicación! Caray, para darse de baja o para reclamar, volvemos al fax, al correo postal… incluso a la fotocopia del DNI…
Entiendo que vivimos enmedio del entusiasmo y la excitación que produce internet y apenas nos apercibimos de las dificultades que entraña. TAl vez estemos construyendo un palacio de cristal, como el rey del cuento…
Me sumo a la información de La Vanguardia y la paso.
Darse de baja de Facebook es muy fácil, lo que resulta difícil es encontrar la página que esta red social tiene habilitada para despedir para siempre a sus miembros.
LA OPCIÓN DE DESACTIVAR A medias
Una posibilidad es desactivar la cuenta. Basta con acceder en la barra superior a Configuración de la cuenta. La última opción de la lista es Desactivar la cuenta.
SEGUIR ACTIVO. Volver fácil
La desactivación de la cuenta no elimina la información que guarda Facebook de la misma. Basta con volver a entrar para que todo aparezca de nuevo a la vista.
EL ADIÓS. Eliminar cuenta
La salida definitiva está en: www.facebook.com/help/contact.php?show_form=delete_account. Sólo hay que aceptar y no volver a entrar en Facebook en 14 días.
Esta es la historia de una mujer que llamaremos Manuela. Tiene 45 años, unas ganas inmensas de vivir y un hijo y una hija que pasan ambos de los 20 años. Lo que os voy a contar pasó hace 30 años.
Corría el año 1979. Este país salía como podía de la dictadura. El derecho al aborto era un asunto que no contaba en las agendas políticas salvo en los espacios que ocupaban los grupos feministas que hacían visibles las reivindicaciones de las mujeres más allá de lo que la izquierda tradicional consideraba aceptable, que era entonces bastante poco. En Alicante habiamos constituido un grupo de mujeres Grup de Dones que se coordinaba con otros grupos de la vega Baja, del Vinalopó, de Elche, de Valencia, de Madrid, a través de la Coordinadora Estatal de organizaciones Feministas: éramos pocas pero conseguíamos un cierto eco de nuestras reivindicaciones. En aquellos pequeños grupos de trabajo nos empeñábamos, como ahora, en visibilizar los derechos en femenino: los sexuales, los domésticos, los laborales, el derecho a la palabra, el derecho a la salud, al aborto, al divorcio…
Esto ocurrió.
Llegó a casa Ramón, de 15 años. Era, es, el hermano pequeño de una amiga de Universidad. Vino con una compañera de clase que rondaba la misma edad que él. Dijo él que necesitaba que le echara una mano, que tenían un problema. Mientras él balbuceaba el problema, me pidió si Manuela podía echarse un rato, que se sentía mal. Era evidente que no sabía por dónde empezar, ni cómo decirme lo que había ido a contarme.
–¿Que le ocurre? ¿No ha dormido? ¿Se ha ido de casa? ¿Ha tomado algo?
Manuela parecía desfallecer y el tampoco tenía buena cara.
Mientras hablaba Ramón, Manuela se tambaleaba sentada a su lado en el sofá; dijo que no había bebido , no había bebido alcohol.
Ramón la había convencido para que vinieran a verme. Necesitaban ayuda, dijo, para que ella pudiera abortar. Pero lo que resultaba obvio es que a ella le pasaba algo más que un embarazo. Después de un largo circunloquio se atrevieron a contarme que Manuela había tomado pastillas. ¿Qué pastillas? ¿Cuándo? ¿cuántas? No había tiempo para explicaciones.
Aquella criatura estaba bajo los síntomas de una sobredosis, pero además, en el patio del colegio, había pedido a los compañeros que la golpèaran en el vientre, como jugando, y además, llevaba más de dos semanas dándose friegas de vinagre y metiéndose hiervas en la vagina…
Necesitabamos un médico, ingresarla, que le hicieran un lavado de estómago y necesitábamos avisar a sus padres, justo aquello que ella había tratado de evitar. Ella, la joven Manuela, la mayor de cuatro hermanos, de una familia humilde, con una hermana pequeña síndrome de down no quería añadir una carga más a su familia. Y en aquel momento estaba a punto de perder la vida.
Funcionó nuestra red de contactos. Logramos un servicio de urgencias, un médico amigo, hablamos con su familia y Manuela abortó mientras estuvo ingresada sin que tramitaran ninguna denuncia contra ella. Ellos también arriesgaron. Tuvo suerte Manuela, salvó la vida y se salvó de una condena penal. Yo misma fui a informar a su madre de lo ocurrido.
Sin medios, sin apoyos, sin información, cargada de miedo, Manuela había buscado a ciegas una salida en un mundo que, entonces, le cerraba todas las puertas legales.
Ser madre o decidir abortar son decisiones esenciales para cualquier mujer. Y ambas marcan toda su existencia. Manuela se recuperó, siguió sus estudios, se puso a trabajar y al poco constituyó una familia. Nunca más he vuelto a verla. Pero sé que aquel momento trascendental en el que su propia vida corrió peligro dejó una huella profunda en su memoria. Su decisión, también. Dueña de su cuerpo, responsable de sus decisiones, con las renuncias, que se sintió capaz de asumir.
El debate del aborto pone sobre a mesa cuestiones esenciales de la vida, de la salud, de la moral de cada cual. Me ha traido a la memoria aquel momento trágico de aquella pareja de adolescentes que ya son personas mayores como yo, Ramón y Manuela.
Escucho los escrúpulos de quienes consideran que las jóvenes de 16 años no deberían decidir sin informar antes a los padres. Trato de entender sus miedos. Pero deben saber –y lo saben si son madres o padres– que las jóvenes, llegado el momento tratarán de tomar sus propio camino. Y que nadie podrá sustituirlas para continuar sus embarazos o para abortar. Que las hijas quieran informar sobre su estado diga o que diga la ley quedará a su propio arbitrio, como ocurre ahora mismo.
¿Qué habría hecho la madre de Manuela? No lo sé. Aquella sociedad perseguía con cárcel a quienes abortaban y sólo tenían acceso a la interrupción del embarazo quienes tenían sufientes apoyos, dinero y/o contactos adecuados. Lo cierto es que Manuela no se atrevió a hablar con ellos entonces. ¿Falta de confianza? ¿Miedo? ¡Qué más da!
¿Acaso no hemos sido también jóvenes? ¿Qué hubiéramos hecho? Recomendar a las jóvenes que consulten con los padres no es lo mismo que obligarlas a que cuenten con su consentimiento. Porque lo que a mi modo de entender lo que debe garantizar la ley es el derecho de las mujeres a ser madres, si así lo deciden, o a interrumpir un embarazo no deseado. Ninguna mujer debe abortar ni ser madre por la decición de otras personas que no sean ellas mismas.
En treinta años de democracia, las mujeres hemos conquistado espacios y derechos. Uno de ellos, esencial, es el derecho a abortar sin poner en riesgo la libertad ni la propia salud. Me felicito por ello.
Otro asunto es las consecuencias de nuestras decisiones: las responsabilidades que nos corresponden y que acarreamos toda la vida por acción o por omisión. Asunto que tiene más que ver con la educación, con la capacidad social y familiar de ayudar a las jóvenes a hacerse responsables de sus acciones.
El asunto es bastante complicado. Porque ante un embarazo deseado a los 16 años, ¿a donde nos conduce la ley si no pone la decisión en manos de la joven? A que puedan los padres inducirla a abortar? O ante un embarazo no deseado ¿ a que puedan los padres inducir a su hija a ser madre? la trascendencia de ambas decisiones es de tal envergadura para sus vidas que no me cabe duda de que son ellas las que deben asumirlas con todas sus consecuencias.
Lo que permite la ley española a las menores de 16 años (El País, Cristina Castro 13,03,2009)
- Un contrato laboral de jornada completa. La educación obligatoria llega en España hasta los 16 años. A partir de entonces las menores pueden trabajar a jornada completa.
- Tener relaciones sexuales con un adulto. El Código Penal establece que a partir de los 13 años los menores pueden tener relaciones sexuales consentidas con adultos (aunque está previsto que el Gobierno aumente próximamente la edad mínima a los 14).
- Dar el consentimiento para cualquier operación quirúrgica. La Ley de Autonomía del Paciente establece la mayoría de edad sanitaria en 16 años, por lo que el menor no necesita autorización legal para someterse o rechazar tratamientos. Hay tres excepciones: aborto, reproducción asistida y participar en ensayos clínicos.
- Contraer matrimonio. El Código Civil establece que los jóvenes pueden casarse a partir de los 16 años, pero también desde los 14 si se tiene la dispensa de un juez.
- Conducir un ciclomotor. Los jóvenes pueden conducir, a partir de los 15 años, un ciclomotor de menos de 50cc (aunque no llevar a un pasajero; en septiembre de 2008 esta posibilidad pasó de los 16 a los 18 años).
- Tener responsabilidad penal. La Ley del Menor establece que a partir de 14 años los menores tienen responsabilidad penal.
Las menores de 16 años no pueden:
- Comprar tabaco. Los menores de 18 años no están autorizados, según la Ley 28/2005 a comprar tabaco.
- Comprar ni consumir alcohol. Los jóvenes no están autorizados a comprar o consumir alcohol ni a entrar en discotecas donde esté a la venta.
- Ponerse un piercing o hacerse un tatuaje. Los menores de edad necesitan un consentimiento informado de sus padres o tutores.
- Abrir una cuenta bancaria o contratar una hipoteca. Los menores no emancipados necesitan autorización paterna para realizar éstos y cualquier otro tipo de contrato legal, aunque sí pueden estar trabajando y cobrando un sueldo.
- Conducir un coche. A diferencia de en otros países, donde desde los 16 años es posible conducir solo o acompañado de un adulto, en España tienen que esperar a la mayoría de edad para poder conducir un coche.
- Votar. Hasta cumplir 18 años en España no es posible elegir a los gobernantes (algunos partidos políticos han pedido en ocasiones que se rebaje el límite a los 16 o 17 años).
- Adoptar. Pese a que se puede estar casado, en España no se puede adoptar hasta los 25 años.
Y para que en el debate no falten buenas historias os propongo dos películas. Una, del rumano Cristian Mungiu, que hace 2 años se llevó la Palma de Oro de Cannes por 4 meses, 3 semanas, 2 días.
Ambas sobre el aborto clandestino. La primera, situada en la Rumanía del presente. La segunda de 2004, El secreto de Vera Drake, del británico Mike Leigh, situada en Londres en 1950.
El cirujano Estanislao Lluesma Uranga, logró salir de España en dirección a Argentina, tras la derrota Republicana. Era entonces, un hombre joven, atravesado por la sangre de la guerra que en tan abundante cantidad pasó por sus manos en los quirófanos en los que salvó tantas vidas. Embarcó con su madre, Maria Luisa Uranga, desde Gandía y rehicieron sus vidas al otro lado del Atlántico. Viajó en el navio militar británico Galatea como “agente político argentino”, según ha confirmado Robert Llopis, de la Universidad de Alicante.
Me interesé por Estanislao Lluesma, a través de Trini Gallego, que fuera con él miembro del Comité del Hospital San Carlos, en Madrid, durante los primeros meses de la guerra. En busca del rastro de aquel médico que tan profundo recuerdo había dejado en Trini –y en tantas otras personas, según he comprobado después– di con su hijo en Buenos Aires. La historia del encuentro está relatada en otras páginas de este blog.
El cirujano Estanislao Lluesma Uranga había nacido en Argentina, de padres españoles y vivió desde pequeño en España. Dice su hijo: “Hizo toda la carrera de médico en España hasta doctorarse, fue Capitán de Carabineros, estuvo becado en Europa, fue condecorado por el Rey Carol de Rumania cuando estuvo en ese país junto a la después famosa Dra. Ana Aslan a quien conocí en Argentina ya que nos llamó cuando vino al enterarse que papá había fallecido” .
Estanislao, hijo, me hace llegar más fotos de su abuelo y su abuela, en Guinea Ecuatorial, cuando el abuelo fue nombrado Gobernador de la Colonia por la República, en 1933, republicanos y valencianos. Y me quedo perpleja de los caminos que de nuevo se abren…¿Quien sabe si alguno de los soldados que aparecen en la foto es el bisabuelo de mi amiga Francesca, gineana como ellos y educada por monjas vascas, que le enseñaron a cantar Desde Santurce a Bilbao…? ¿Cuantas historias apasionantes podemos aprender sólo con mirar nuestros linajes!! María Luisa Uranga, que aparece en la foto junto a su marido, había dado a luz en Argentina a su hijo Estanislao, años atrás, cuando fue de visita a ver a su hermano Rafael a Argentina y a otros familiares. Argentina y España, tan cerca, tan lejos.
Estanislao Lluesma Uranga, tras su salida al exilio, continuó su carrera en Argentina como cirujano, donde fue también maestro de médicos y muy querido. En España, engrosó las listas de los médicos depurados en la Universidad de Madrid; en 1932 había sido nombrado ayudante de Patología Quirurgica, con Laureano Olivares. Durante la guerra, asumió la dirección del Hospital San Carlos. (Ver pag. 97. La destrucción de la ciencia en España. Edit. Complutense).
Ahora, Estanislao Lluesma hijo, se ha encontrado de nuevo con la historia de su padre. Y trata de rehacer el camino de vuelta en un mapa biográfico y genealógico repleto de acontecimientos, viajes, tragedias, silencios, amor y mucho por descubrir. Quiere recuperar la nacionalidad española y sus lazos familiares a este lado del mundo. Mis mejores deseos.
Necesitamos que nos cuenten historias, espacio y tiempo para sentir las nuestras propias, para conectanos con quienes han hecho posible nuestra llegada a la vida y nos legan lo mejor de su propia experiencia: sus relatos, tan curativos en tiempos de crisis, tan necesarios.
Acaba de lanzarse la nueva campaña de Coca Cola. Un encuentro real sobre la felicidad en tiempos de crisis. Un anciano, Josep Mascaró, mallorquín de 102 años, le cuenta la historia esencial a una bebé que acaba de llegar al mundo y tiene nombre de montaña, Aitana y apellido de ser humano, Martínez. Él vuela desde Mallorca a Madrid, un viaje de un siglo para contarle la verdad: Un minuto y 30 segundos que brillan y nos ayuda a detenernos, a sentir que la vida merece la pena.
Coca Cola, de nuevo, ha dado en el clavo del optimismo, de la esperanza, de la sonrisa en tiempos de incertidumbre, auque a ellos también les toque la recesión. La campaña ha sido creada por MacCann España, que la ha titulado Encuentros. Su directora, Marta Fontcuberta. Seguro que ya lo conoceis.
Se estrenó en los canales españoles hace apenas tres días. Disfrutadlo,
“Hola Aitana, me llamo Josep Mascaró y tengo 102 años. Soy un suertudo. Suerte por haber nacido, como tú, por poder abrazar a mi mujer, por haber conocido a mis amigos, por haberme despedido de ellos, por seguir aquí. Te preguntarás cuál es la razón de venir a conocerte hoy, es que muchos te dirán que a quien se le ocurre llegar en los tiempos que corren, que hay crisis, que no se puede. Esto te hará fuerte, yo he vivido momentos peores que éste, pero al final de lo único que te vas a acordar es de las cosas buenas. No te entretengas en tonterías, que las hay, y vete a buscar lo que te haga feliz que el tiempo corre muy deprisa. He vivido 102 años y te aseguro que lo único que no te va a gustar de la vida, es que te va a parecer demasiado corta. Estás aquí para ser feliz.”
Soñé que era posible llevarlo a cabo cuando tras oir las historias de Trini, de Rosa,de Concha Pérez, de Enriqueta Gallinat, de Angelita Rodríguez…pero de qué modo reunir los apoyos para una tarea que parecía no interesar a casi nadie en la vida pública.
Mi búsqueda había comenzado antes. Desde principios del año noventa, andaba yo detrás de los testimonios para construir lo que, entonces, yo quería que fuera un guión de ficción. Mi deseo era relatar el final de la guerra en Alicante con las mujeres mujeres como protagonistas. Comencé a buscar y a encontrar.Y lo que iba a ser ficción se convirtió en testimonio documental. No me sent´capaz de crear una ficción más emocionante que sus testimonios en sus propias voces.
En Barcelona, durante las Jornadas Feministas de 1995, pude conocer a Enriqueta Gallinat, a Rosa Cremón, a Concha Pérez, Victoria Carrasco, Trini Gallego… allí estaban testarudas, viejas, brillantes dispuestas a hacerse oir, cargadas de razones, de historias, de emociones… Nos contaron sus historias y la sala repleta de mujeres, prorrumpió en un aplauso inacabable tras escucharlas, todas puestas en pie, como abrazándolas.
Poco despué pude hablar con Curra Ortiz, que era, en 1998 la directora del programa de TV2 La Noche Temática; le hablé de mi idea y aceptó entusista la propuesta de un documental sobre las mujeres y la guerra que se realizó con un equipo de la TVE y que posibilitó, entre otras, el viaje de la anarquista Conchita Liaño desde Caracas a Madrid y a Barcelona para el rodaje y las entrevistas.
Cuando escribo esto, Trini Gallego, Conchita Liaño y Concha Pérez siguen disfrutando de su vitalidad de nonagenarias. Por ellas y por tantas otras como ellas.
Mis agradecimientos a todo el equipo de La Noche Temática, que se entusiasmo con el proyecto.
De mayor quiero ser mujer florero. La escuché ayer por la radio, aunque es un tema de hace varios años.
Una canción de Ella baila sola, dos jóvenes nacidas en 1974.
El humor, una sabia, brillante e inteligente actititud mientras padecemos el vendaval de esta crisis que pone el sistema patas arriba.
Este sketch sobre la crisis financiera mundial y la hipocresía de los banqueros fue emitido por la televisión británica . Los protagonistas son John Bird y John Fortune, “The long johns”, dos cómicos especializados en las parodias políticas. Ambos tienen un programa llamado “The last laugh”. Disfrutadlo.
‘No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La
crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países,
porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia
como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la
inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera
la crisis se supera a sí mismo sin quedar ’superado’.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio
talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La
verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente
de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y
soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una
rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis
donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es
caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es
exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de
una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no
querer luchar por superarla’.