(…) El relato frío de la guerra, de las batallas, de las razones políticas puestas unas delante de las otras, no son suficientes. Hay que contabilizar, documentar, corroborar: pero hay que ir al fondo, allí donde lo oscuro y turbio deja lugar para la luz. Allí donde nos alimentamos cada día y nos abrigamos por las noches.
Que el tiempo de sosiego nos sirva para aceptar lo que somos, lo que fueron; para descubrir las luces cegadoras y las sombras que atravesaron nuestra madres, nuestras abuelas, nuestras deslumbrante bisabuelas; madres cuando el hambre se entretenía y resultaba imposible estrenar un vestido el domingo de Ramos ni ningún otro domingo.
Individuas de dudosa moral dice Pura Sánchez en su libro, citando las condenas de los vencedores. Si, señoras y señores. Nuestras valerosas antepasadas mujeres de dudosa moral, benditas sean.
Es hora de reclamar incluso su derecho al silencio, ese que ha parido nuestro deseo de saber. Es hora de aceptar el espacio inacabable que ocupan las historias no contadas. Y contarlas.
La literatura de la derrota está llena de páginas repletas de belleza dolorosa. Teresa de León las escribió desde el exilio en su Memoria de la Melancolía:
Contad vuestras angustias del destierro – dijo allá, por los años sesenta desde Roma–. No tengáis vergüenza. Todos las llevamos dentro. Puede que la fortuna os haya tendido la mano, pero ¿y hasta que eso sucedió? Contad vuestras noches sin sueño cuando ibais empujados, cercados, muertos de angustia. Habéis pertenecido al mayor éxodo del siglo XX. Ha llegado el momento de no tener vergüenza de los piojos que sacábamos entre el pelo ni de la sarna que nos comía la piel ni de la avitaminosis que nos obligaba a rascarnos vergonzosos en el cine. Nos habían sacrificado. Éramos la España del vestido rojo y la cabeza alta. Nos rascábamos tres años de hambre y buscábamos una tabla
para sobrevivir al naufragio. Contad cada uno el hallazgo de vuestra tabla de naufragio. (…) Sí, desterrados de España, contad, contad lo que nunca dijeron los periódicos, decid vuestras angustias y lo horrorosa que fue la suerte que os
echaron encima. Que recuerden los que olvidaron.
Pero hay miles de biografías, de relatos, de testimonios, de investigaciones publicadas contra viento y marea. Una de ellas, de valor sobresaliente fue el trabajo realizado por una presa iletrada, brillante y testaruda, por nombre Tomasa Cuevas que murió hace apenas 2 años. Ella sin más apoyo que su propia decisión, recién llegada del exilio, en los años setenta, se puso a la búsqueda de sus compañeras de prisión, para reunir sus testimonios en un libro que editó ella misma, a mediados de los años ochenta. ¿A quien le interesa la historia de las presas de Franco?, decían las entrevistadas. Y Tomasa Contestaba: A mi, a mi me interesa.
Las buscó, las encontró, las entrevistó y transcribió una a una sus palabras, sus nombres, sus condenas, su turismo carcelario.
A mi, a mi me importa, decía Tomasa.
Soñé que era posible llevarlo a cabo cuando tras oir las historias de Trini, de Rosa,de Concha Pérez, de Enriqueta Gallinat, de Angelita Rodríguez…pero de qué modo reunir los apoyos para una tarea que parecía no interesar a casi nadie en la vida pública.
Mi búsqueda había comenzado antes. Desde principios del año noventa, andaba yo detrás de los testimonios para construir lo que, entonces, yo quería que fuera un guión de ficción. Mi deseo era relatar el final de la guerra en Alicante con las mujeres mujeres como protagonistas. Comencé a buscar y a encontrar.Y lo que iba a ser ficción se convirtió en testimonio documental. No me sent´capaz de crear una ficción más emocionante que sus testimonios en sus propias voces.
En Barcelona, durante las Jornadas Feministas de 1995, pude conocer a Enriqueta Gallinat, a Rosa Cremón, a Concha Pérez, Victoria Carrasco, Trini Gallego… allí estaban testarudas, viejas, brillantes dispuestas a hacerse oir, cargadas de razones, de historias, de emociones… Nos contaron sus historias y la sala repleta de mujeres, prorrumpió en un aplauso inacabable tras escucharlas, todas puestas en pie, como abrazándolas.
Poco despué pude hablar con Curra Ortiz, que era, en 1998 la directora del programa de TV2 La Noche Temática; le hablé de mi idea y aceptó entusista la propuesta de un documental sobre las mujeres y la guerra que se realizó con un equipo de la TVE y que posibilitó, entre otras, el viaje de la anarquista Conchita Liaño desde Caracas a Madrid y a Barcelona para el rodaje y las entrevistas.
Cuando escribo esto, Trini Gallego, Conchita Liaño y Concha Pérez siguen disfrutando de su vitalidad de nonagenarias. Por ellas y por tantas otras como ellas.
Mis agradecimientos a todo el equipo de La Noche Temática, que se entusiasmo con el proyecto.
Me fumo un cigarrillo en recuerdo de la Tabacalera alicantina que se fue, que se va, en memoria de la yaya Angela, la abuela de mi madrina Maruja, que fue cigarrera y dueña de su casa en la calle San Carlos. Mantuvo a su hijos y después a sus nietos y a sus nietas. Mi madrina heredó de ella su fortaleza y su sentido de la independencia y una cadena de oro con una medalla enorme de la Santa Faz que la yaya compró a plazos –a raya, se llamaba entonces–; las cigarreras eran las únicas trabajadoras que podían comprarse joyas. Era común que ni las vendedoras, que les llevaban las alhajas a elegir a la puerta de la fábrica, ni las cigarreras, supieran escribir. Pero los acuerdos se pactaban y el duro pagado era un círculo y la peseta amortizada, una raya. Eran otros tiempos, aún no estaba inventada la era digital, el sistema binario, que viene a ser lo mismo, ceros y unos.
Cuenta mi madre, que decían de la yaya Angela que era tan rápida liando puros, que el varón encargado de acercarle los atos de tabaco no daba abasto con ella. Aquella fábrica fue un acelerador de la historia, una prenda en el corazón de esta ciudad, un tesoro vivo en miles de familias. Grandes palabras sirven para definirla: Industrialización, emancipación, transformación, tesón. Fueron madres y obreras, dieron a luz y amamantaron a sus criaturas que otras mujeres custodiaban en las casas vecinas de la fábrica. ¡Cuantas historias guarda su relato! El humo del tabaco nos sirve como pantalla de un periplo que comienza cuando a principios del siglo XIX el edificio de la Casa de Misericordia se convirtió en Fábrica de Tabacos, en Alicante. La ciudad cambió, se transformaron las familias que tuvieron entre ellas a cigarreras, fumar se puso de moda; las cigarreras comenzaron un linaje de mujeres independientes y profesionales de prestigio. Su trabajo produjo prosperidad en las casas humildes y en los grandes salones. Los mismo ocurrió en Sevilla, en La Coruña, en Madrid, en San Sebastián…
Durante todo el siglo XIX, la mayor concentración obrera del país, estaba en las fábricas de tabacos. La fábrica de La Coruña contaba con 2.600 empleadas, 1.100 en Cádiz y 3.600 en Alicante, y 4.000 la de Sevila. A estas cifras, hay que sumar las casi 23.000 cigarreras a principios del siglo XX.
La historia contemporánea de Alicante, mi ciudad, está ligada a las cigarreras y a la industria del tabaco. Sumaron en plantilla 4.500 mujeres, como cuenta Caridad Valdés que ha escrito su historia publicada por el Instituto Gil Albert: hubo obreras de todas las edades, niñas desde los 7 años y ancianas que no se jubilaban porque hubo tiempos que no existía tal derecho. A la Fábrica de Tabacos, detrás de la plaza de Toros, llegaban desde todos los puntos de la ciudad, desde San Vicente, desde de la huerta, San Joan y Mutxamel, trazando los caminos que se llamarían de las Cigarreras. Tener una cigarrera en casa era asegurar la estabilidad económica, la prosperidad y los hombres lo sabían y suerte tenía el que se casaba con una cigarerra. Ser cigarrera era signo de categoría, el más alto rango al que podía aspirar una mujer trabajadora; el oficio les confería prestigio y autonomia. Ellas disfrutaban de una independencia a la que eran ajenas el resto de las mujeres. En tiempos en los que las clases sociales estaban bien compartimentadas, la aristocracia obrera alicantina tenía nombre de mujer: las sabias, las ilustres, las fuertes y deslenguadas cigarreras.
Del puro se pasó al cigarrillo, fumar era un placer al que algunas mujeres accedían, entre ellas, las cigarreras que tenían mando en propia plaza. Los avatares políticos, militares, religiosos atravesaron el devenir de la fábrica; incendios, huelgas, bonanzas y un proceso de modernización imparable que llenó de mujeres las estancias de la fábrica para vaciarlos según terminaba el siglo XX.
Los nuevos propietarios de la Tabacalera, la multinacional Altadis, ha decidido cerrar su planta en Alicante, que en la actualidad cuenta con una plantilla de algo más de trescientas personas. El mundo global del siglo XXI ha concluido que el tabaco hace daño a la salud. Las ventas han descendido y Altadis se lleva la fabrica a otro destino que les resulte más rentable. Queda entre nosotros un edificio cargado de Historia grande y diminuta; queda una memoria de luchas, de trabajo, de innovaciones, de revoluciones sonadas y silenciosas.
No perdamos la oportunidad de retener la historia de esta ciudad a través de sus mujeres fundamentales que aún guardan sorpresas. El viejo edificio de la Tabacalera, testigo de tantas vidas, reclama nuestra atención; tiene muchas historias para devolvernos en forma de memoria, esa materia inaprensible, sugerente e inquieta como el humo.
Organizado por la Escuela de Empoderamiento de Arrasate-Mondragón. 23 y 24 de mayo.
Durante el transcurso del taller iniciamos una mirada a la historia colectiva desde la perspectivas de las propias biografías. Pudimos iniciar una senda: La de descubrir quienes somos a partir del contexto en el que hemos crecido. Buscamos en nuestros linajes a las mujeres que han hecho posible nuestro presente; encontramos vacíos, esfuerzos, alegrías y sufrientos. Encontramos dolor, miedo y mucha energía. Nos topamos también con silencios y con mucho desconocimiento.
Una propuesta para ampliar nuestra mirada sobre la historia, sobre la memoria. Un ejercicio de acercamiento que nos ayuda a buscar el lugar de cada cual, a dejar en el pasado lo que al pasado corresponde y afrontar el presente con los recursos que hemos heredado y que están a nuestra disposición.
Una realidad con múltiples vértices susentados por mujeres que se hacen visibles al mirarlas. No hay Historia sin historia individual.
¿Cómo afrontar la historia colectiva común si apenas nos atrevemos a mirar la propia historia? Nos preguntamos. Y comenzamos el camino.
El pasado sábado 1 de marzo, di una conferencia en el Círculo de Bellas Artes, en el Madrid apretado de esta primavera.
Hay dos temas sobre los que he tratado de reflexionar en estos años de trabajo vinculados con lo que hemos llamado Memoria Histórica. No se trata de reabrir heridas sino de buscar cómo curarlas sin negar a nadie fueran quienes fueran nuestros antepasados. Quiero invitaron a reflexionar conmigo sobre el sentido de la memoria. Y quiero también colocarme en ese lugar abierto por nuevas corrientes del pensamiento y de la spicología: orientarnos hacia la solución.
Desde ese lugar, reclamo nuestro derecho y nuestra obligación de afrontar la historia de los hombres –y de un modo particular– de las mujeres que nos han precedido. Y mirarla desde el espacio y el tiempo que nos corresponde, que no es otro que el del presente. Un presente en democracia, sin guerra, sin dictadura que nos permite discutir, vivir y defendernos sin poner en cuestión la vida de los otros, de las otras.
Dice Nietzsche que la Historia solo tiene sentido si se orienta hacia la vida. Me quedo entonces con Nietzche y trato de tirar de ese torrente que hace posible que la vida siga. Ese Torrente está lleno de hombres y de mujeres esenciales. De esas mujeres quiero hablar, sin excluidas, fuera cual fuera su cultura, su ideología, su oficio…
Gracias a los organizadores del Foro por la Memoria, por la invitación y a Pilar González por sus palabras de presentación.
Esa idea feliz de poner los pies en polvorosa resultaba una propuesta totalmente fuera de lugar para estas mujeres chinas crecidas con los pies vendados. Le llaman pie de loto; durante diez siglos millones de mujeres chinas crecieron atormentándose los pies y convirtiendo su horizonte en un sueño hacia el que resultaba difícil caminar e imposible correr.
Fue una costumbre extendida entre las mujeres de la corte y de la aristcracia china. Se libraban las más pobres, las campesinas, las trabajadoras, las sirvientas. Para que los pies se convirtiesen en loto dorado –obra de arte y objeto de deseo– debían medir sólo siete centímetros y ser delgados, pequeños, puntiagudos, arqueados, perfumados, suaves y simétricos.
En fin, como tengo la inmensa suerte de tener unos pies tan grandes como los genes recibidos han permitido iré con ellos a votar el próximo domingo. Quisiera que el PP dejara de gobernar en esta ciudad y que un equipo nuevo tome el relevo en Alicante y en la Comunidad Valenciana. a ser posible. Si a alguien le diera la sensación de que esta asociación de ideas entre el pp y esta tortura china no pega ni con cola le diré que tal vez tenga razón. Pero lo cierto es que pienso en que Diaz Alperi vuelva a dilapidar el presupuesto de esta ciudad y de verdad que me siento como si yo, que calzo el 41, tratara de meter el pie en un 35. Y eso duele.
Por cierto esta terrorifica costumbre fue prohibida en China en 1911.
La ministra de Fomento, Magdalena Alvarez Arza, amadrinó el 10 de abril de 2007, en el puerto de Alicante, el nuevo buque de rescate y contra la contaminación de Salvamento Marítimo ‘Clara Campoamor‘, que atenderá las tareas de retirada y almacenamiento de residuos frente a las costas mediterráneas españolas.
Según la ministra, el ‘Clara Campoamor’ es, junto a su gemelo ‘Don Inda’ (que opera en la cornisa galaico-cantábrica), el buque ‘de mayor envergadura’ y más moderno de Europa en su clase, y está dotado para almacenar hasta 1.750 metros cúbicos de residuos.
Este último barco se une a los tres polivalentes que ya están en servicio, ‘Don Inda’, el ‘Luz de Mar’ y el ‘Miguel de Cervantes’, construidos dentro del Plan Nacional de Salvamento Marítimo 2006-09 y que ha permitido pasar de una capacidad de recogida de residuos de 80 m3. en 2004 a 4.155.
La ministra destacó las cualidades del ‘Clara Campoamor’, que tiene una eslora de 80 metros, alcanza una velocidad de 17,5 nudos y tiene una autonomía de 9.000 millas náuticas con una tripulación para, al menos, 16 personas. En este momento dos mujeres forman ya parte de ella.
Aseguró que cuenta con los mejores sistemas de recogida de productos contaminantes y que dispone de equipos para extraer del mar hidrocarburos por medio de brazos flotantes, mientras que también dispone de barreras y bombas succionadoras (’skimmers’). El buque incorpora un eficaz servicio de lucha contra incendios por medio de cañones de agua situados en la parte más alta del buque y es capaz de actuar sobre barcos en situación de emergencia, bien remolcando como empujando, para lo cual tiene una capacidad de maniobra eficaz.
También dispone de una cámara de visión nocturna y un sistema de posicionamiento dinámico que le permite, actuar con independencia de la luz y de las condiciones climatológicas.
Para Alvarez, el aumento de medios materiales de Salvamento Marítimo en los últimos tres años permite afrontar en mejores condiciones una situación de emergencia.
Entre otros datos, recordó que en los últimos ejercicios ha aumentado la dotación de personal de 844 a 1.860 efectivos, así como los medios aéreos, náuticos y de equipos, todo lo cual ha sido sufragado a cuenta de los 1.022 millones de euros del Plan Nacional 2006-09. En el acto estuvo acompañada por Pilar Tejo, directora general de Salvamento Marítimo
Imágenes del Benacantil desde el Clara Campoamor .
10 de abril de 2007. Un buque del Ministerio de Fomento dedicado a Salvamento Marítimo, recibe en Alicante el nombre de Clara Campoamor y fue botado a la mar en un acto presidido por la ministra Magdalena Alvarez Arza y otras autoridades, entre ellas el capitán del buque y toda su tripulación, entre quienes se cuenta a dos mujeres.
Texto de mi discurso introductorio del acto, en la botadura del buque Clara Campoamor:
Señora ministra. Auroridades, señoras y señores. Buenas tardes.
Este martes de Pascua, Clara Campoamor nos convoca en este puerto, puerta de tantos exílios también frustrados, a través de la Ministra de Fomento, Magdalena Alvarez Arza. Y nos reúne para la botadura de un buque que enseñoreará el nombre de Doña Clara por los puertos del mundo. Un buque que luce ya el nombre de una mujer valiente, de una republicana tenaz y luminosa.
En 1957 y después de intentos vanos por lograr que las autoridades franquistas le autorizaran su regreso a España, Clara Campoamor se despedía en una carta dirigida a su amiga Consuelo Berges desde Suiza y le decía:
“…recibe un profundo y fraternal abrazo de esta exiliada descontenta que navega en las añoranzas”.
Queda lejos, muy lejos, aquel septiembre de 1936 en el que embarcó desde este mismo puerto camino del exilio. Entonces ella no sabía que su vuelta quedaba cerrada para siempre. Tras el golpe militar de julio de 1936, en España la paz estaba definitivamente enferma, la vida se jugaba al precio de las ideas y Clara Campoamor, liberal y republicana, defensora testaruda de los derechos de las mujeres, prefirió poner su seguridad personal y la de su madre, que contaba entonces 80 años, a buen recaudo. Detestó la guerra y la violencia y tomó el camino del exilio mientras las aguas volvían a su cauce. Pero la paz no fue posible con el final de la contienda y las fronteras quedaron cerradas para ella.
Y es precisamente por ese mismo Mediterránero de su partida, por el que ahora retorna. Estamos aquí para honrar su recuerdo, su fuerza, para defender también su derecho a disentir de la guerra. El puerto de Alicante se convierte hoy en un cruce de caminos de la Historia. Y ahora Clara Campoamor regresa de su exilio, entre Suiza y Buenos Aires, por la puerta grande, para darle nombre a un barco libre que surcará los mares de la tierra que tanto extrañó.
En algún lugar, entre nuestro cuerpos y nuestras almas, Clara Campoamor despierta una sonrisa. Bienvenida doña Clara. Gracias por sus esfuerzos en defensa de la dignidad y la libertad de las mujeres. Gracias a usted que entendió que no hay democracia sin la participación de la mitad de la ciudadanía. Gracias doña Clara Campoamor: que como una mujer de trapío reunió en su propia biografía buena parte de las habilidades y profesiones que le eran permitidas a una madrileña nacida en 1888.
Murió en 1972 sin que las autoridades franquistas autorizaran su regreso. Soñaba con volver a Madrid, pasearse por Malasaña, colarse por la biblioteca del Ateneo, sumergirse en discusiones sobre lo divino y lo humano con sus colegas, hombres y mujeres. Año tras año anheló su retorno.
Y la hora llegó en una España en la que la igualdad legal comienza a ser un hecho. Donde las mujeres ocupan escaños en el parlamento y carteras paritarias en los ministerios de un gobierno que encarna las políticas que defiende.
Va por usted Doña Clara. Va también por todas y cada una de las mujeres que tenemos la suerte de vivir en esta sociedad que usted tanto anheló.
Su nombre, convertido en buque, recordará a los hombres y mujeres del mundo que la ciudadanía de las mujeres tiene un alto precio y que muchas mujeres como usted lo pagaron para que hombres y mujeres del presente ahora lo disfrutemos.
Gracias doña Clara Campoamor. Se las damos, aquellas que podríamos ser sus nietas, sus biznietas, sus herederas políticas, ciudadanas hoy de un país democrático que vive en paz y en libertad.
A partir de hoy Clara Campoamor dejará los mares de las añoranzas que surcaba en su destierro y enfilará los mares y los océanos.
¡Que le sean los vientos favorables a este buque que luce el nombre de la nieta de una portera del barrio madrileño de Maravillas, de una modista, de una telegrafista, de una maestra, de una abogada, de una republicana y de una exiliada que defendió en solitario y en nombre de la libertad y de la democracia real, la ciudadanía y la dignidad de todas y cada una de las mujeres españolas para avanzar por una senda de hombres y mujeres libres!
Les cedo la palabra ahora a mis amigos y compañeros Rosa Solbes y Mariano Sánchez. Los dos periodistas, los dos escritores, ambos alicantinos comprometidos con la defensa de la libertad; Rosa, fue fundadora y directora de Radio 9, y en la actualidad es columnista de El Pais y editora de los informativos de TVE en Valencia. Mariano Sánchez Soler es un experimentado periodista de investigación y un premiado novelista. Ellos se han prestado a encarnar el debate por el derecho al voto de las mujeres en las Cortes constituyentes republicanas, en 1931. Rosa Solbes será la voz de Clara Campoamor. Mariano Sánchez, prestará la suya para dar vida a quienes con todas sus fuerzas y argumentos se opusieron entonces, por razones tácticas o filosóficas, a que las mujeres irrumpieran en el escenario político de la democracia como electoras.
Entre Ondarroa y Motriku, en la costa Cantábrica vasca, está la playa de Saturrarán. Cuenta la leyenda que allí mismo, vivían dos amantes Satúr, pescador y Arán, que cultivaba la tierra y cuidaba del pequeño ganado familiar. Un día que azotaba la galerna, ese temporal súbito y violento que levanta las olas por encima de los dioses y de las lágrimas, el cielo gris presagió el peor de los finales.
La tempestad se alzó con fuertes ráfagas de viento del oeste al noroeste.Satur y Arán se habían visto por última vez mientras desaparecían diminutos entre sus miradas y los brazos del pescador desplegaban las velas. Arán lo esperó mientras las olas calmaron su furia y aún después. Cuentan que ella no tenía más ojos que para aquel horizonte, que cada día, que cada hora, escudriñaba la raya por la que Satur aparerecía. Vivío mientras tuvo esperanza y eso ocurrió la misma mañana que maldijo a la mar y frente a la playa, le pidió que también a ella se la llevara.
Dicen que esa misma noche se escuchó un estrépito feroz en toda la costa y todos y cada uno de los testigos aseguran que las rocas de aquel pequeño acantilado se transformaron en las figuras de los amantes Satur y Aran para siempre.
Después llegó la historia, las historias
A finales del siglo XIX se construyó en la misma playa El Gran Hotel, con instalaciones que facilitaban el baño con la discreción que las estrecha moral de la época permita a las familias de postin. Tal fue el éxito, que se construyeron tres estableciientos más. La moda duró hasta los años veinte que pasó a manos del Obispado y lo convirtió en seminario de verano y siendo tal, las autoridades eclesiasticas lo prestaron para dar cabida a las mujeres presas del gobierno de Franco que en 1937 ya se había hecho con parte del País Vasco. En 1944, dejó de ser prisión y el Obispado volvió a llevar allí a sus jóvenes pretendientes.
El pasado 1 de abril, en Saturrarán, el Gobierno Vasco convocó un pequeño acto de homenaje a las presas de aquella cárcel cuyo recuerdo ha sobrevivido entre el silencio y el murmullo apagado de la vida de las protagonistas, de los niños y niñas que vieron la luz en aquella playa que ya no eran un hotel de ricos, de los vecinos y vecinas. En Saturraran se dieron cita algunas sobrevivientes, solo cinco ya nonagenarias; estaban también algunas de las nacidas allí, que aparecen en algunas de las fotos vestidas de angelitos , rodeadas por la guardia civil y las monjas mercedarias, encargadas también de su custodia. Y las vecinas, que siendo niñas les llevaban de comer a quienes nada tenían. La que se inclina sobre el mural y en la foto señala alguna de las presas, cuyos nombre aún puede recitar, recordaba la voz de alerta de los civiles cuando ellas se acercaban y mraban la cárcel desde la altura de la carretera:
–¡Centinela, alerta!– gritaba uno.
–¡Alerta estoy!, gritaba otro más allá– mientras les mostraban el arma.
Estaban hijos, hijas, descendientes de segunda y tercera generación que acudieron a la cita de su propia memoria.
En la foto, Maite Arizabalaga, nieta de Teodora y de Felix llevó al acto las fotos de sus abuelos, él militante socialista. Eran de Berriz. Huyeron a Cantabria con sus cuatro hijos tras el bombardeo de Gernika; uno de ellos, el padre de Maite. Cuando cayó Cantabria la abuela volvió con sus hijos al pueblo pero su casa, de alquiler, estaba ya ocupada por otras familia; no tenía nada.
Cuenta Maite que de Berriz, su pueblo, hubo en Saturraran siete mujeres, tres de ellas hermanas, una de ellas, la que fuera sirvienta del cura que murió allí. Maite mostraba la foto de sus abuelos, de aquella familia rota, destruida para siempre. Y sin embargo, generadora de la vida que les sobrevivió entre tantas calamidades. Ella, como tantos otros, estaba en Saturrarán el 1 de abril de 2007 para dar testimonio del valor de su esfuerzo, del intenso y profundo sentido de su sacrificio. Para compartir su propio amor y agradecimiento a su abuela Teodora y a su abuelo Felix .
Añado a esta nota el comentario de Maite que me ha enviado por correo corrigiendo y añadiendo información sobre los suyos.
Me dice: Me gustaria que corrigieras algunas cosas: la primera y la más importante mi abuela Teodora Uribarri no murió en la carcel de Saturraran. La detuvieron a finales de la primavera del 37 con otras 7 mujeres en su pueblo, Berriz (Bizkaia), mi tio, -su hijo- me contó que les cortaron el pelo y las pasearon. Creo que primero la trasladaron a Durango y estuvo en la carcel de Larrinaga (Bilbao) hasta que se abrió Saturrarán a comienzos del 38. Regreso en el 40 a casa, completamente exhausta, con el enorme sufrimiento de haber dejados abandonados a sus 4 hijos entre 6 y 14 años pues su marido, mi abuelo, estaba en el mismo periodo en la carcel de Sancristobal primero y en la de Astorga después. Su desgracia fue como la de muchas otras, inmisericorde, porque nadie se quiso hacer cargo de sus hijos, ni su familia ni la gente del pueblo, les despreciaron y les ignoraron. 7-8 años más tarde murió. 48 años no es edad para morir del corazón pero el de ella estaba agotado. De las que yo creía que eran 7 las encarceladas- ayer mismo me enteré que son 8- habiá tres hermanas muy jóvenes y tres casadas y con hijos y una última soltera, criada del cura, de la que se desizo porque la molestaba.Estos datos tampoco son correctos en tu descripción. Por último , la huída que protagonizó toda mi familia - mis tios, mi padre y mis abuelos- imagino que debió de ser terrible, no sólo para ellos, para casi toda la población. Durango había sido bombardeada el 31de marzo y ese més de abril las cosas iban de pena para los gudaris y los milicianos. Aguantaron lo que pudieron en los montes del parque natural de Urkiola y cuando el 26 de abril bombardearon Gernika todos los que pudieron huyeron hacia el oeste de la provincia; algunos llegaron a Cantábria pero a los míos les detubieron en Zalla (Bizkaia).
Querida Llum, me gustaría que corregieras sobre todo lo de mi abuela, por respeto a ella.
En aquella loca conversación me hablaste de tu libro, bueno ya lo he leído: fantástico.Mi más sincera enhorabuena.
Si vienes por Euskal Herria un día de estos, haré lo posible para acudir a tu cita.
Un abrazo y hasta siempre. Maite Arrizabalaga
En la cárcel de Sarturrarán perdieron la vida 116 mujeres y 56 niños, por fiebres tifoideas, tuberculosis, insuficiencias respiratorias y cardíacas, y otras enfermedades.
El edificio que fuera seminario fue destinado como cárcel de mujeres tras una Orden del día 29 de diciembre de 1937, como respuesta a la saturación de las secciones para mujeres en las prisiones centrales de buena parte del norte de España. Oficialmente, tenía capacidad para 700 presas sin embargo el número de reclusas, además de sus propios hijs, oscilaron entre las 1.500 y las 2.000. Las mujeres procedían de muy diversos lugares de la península: Asturias, Aragón, Andalucía, Cataluña, Extremadura, Galicia, Cantabria, ambas Castillas y del País Vasco.
Ficha de entrada a la cárcel de Enriqueta Gallinat. Murió a los 95 años, el pasado año. Militante de Esquerra Republicana de Cataluña, participó en la lucha por los derechos de las mujeres desde los años 1930. Tuve la suerte de conocerla y compartir con ella muchas horas en donde su historia y la mía propia se confundían. Enriqueta decía que iba a vivir hasta los 114 años, como una tía suya, que ella había conocido y de la que había heredado la fortaleza. Pero se equivocó por poco. Ella es una de las protagonistas del documental Mujeres del 36, para cuyo guión resultó esencial por su memoria, su claridad y lucidez política. (El documental se puede encontrar a la venta ya que se distribuye con el libro Nosotras que perdimos la paz, editorial Foca, 2005).
La web reúne, testimonios, imágenes y una variada valiosa documentación sobre lel edificio, originado en una masía Can Durá,y su historia. A diferencia de lo sucedido con otras cárceles franquistas, se han conservado los libros de entradas de reclusas, las actas de la junta de disciplina y documentos diversos de la prisión de Les Corts, a excepción de los expedientes de reclusas. Toda esta documentación se halla actualmente depositada en el Fondo del Centre Penitenciari de Dones de Barcelona del Arxiu Nacional de Catalunya (ANC).
La prisión de mujeres de Les Corts (1939-1955) fue demolida para levantar un enorme edificio de El Corte Inglés, entre la Diagonal y la calle Europa, cerca del campo del Barça. Prisión y centro comercial, símbolos de dos sociedades estrechamente vinculadas aunque de la primera cueste encontrar los rastros, bajo el ruidoso colorín de nuestra vida actual. Curioso que una se levante sobre la otra; tomémoslo como metáfora. El silencio y el estigma que cayó sobre sus vidas vuelve ahora como reconocimiento para que el presente no nos llame a engaño; ni tampoco el pasado.