El Parlament Valencià premia a Cristina Piris
Cristina Piris se fue, desapareció hace ya cuatro años y nos dejó desconcertados, como deja siempre la muerte a los vivos. Ahora, nos vuelve a reunir para celebrar su nombre y su fuerza en un homenaje de reconocimiento hecho a través del Parlamento Valenciano. Me pidieron que asistiera a la entrega de premios en nombre de Ca Revolta y de Cristina y eso hice. Este es el texto que leí en su memoria. Gracias al Gato, a Teresa, a Carles y a Carolina su hermana.
Valencia, 8 de marzo de 2007. Manifestación.

Sr. Presidente de les Corts Valencianes. Señoras y señores diputados, señoras y señores. Buenas tardes.
Ayer me acosté pensando qué narices podía decir en este acto, para el que la gente de Ca Revola me ha propuesto como su portavoz para recibir el nombramiento de Cristina Piris, como Valenciana del año 2007.
Inquieta, desconcertada, me sumergí en un sueño no demasiado plácido, he de reconocerlo.
Cristina Piris, corrosiva, feminista y revoltosa, amante de la vida, divertida, efervescente y amiga mía no se me iba de la cabeza.
Cristina Piris, valenciana del año 2007. Ahí es nada, un reconocimiento institucional a su perseverancia, a su fortaleza, también a su tozudez en vencer dificultades y sacar adelante imposibles.
Una valenciana del año 2007, que era cántabra; una valenciana del año 2007, que aprendió valenciano para enseñarlo en las escuelas y defender su normalización.
Una valenciana del año, 2007, que allá por los setenta dejó la Facultad y su buena cuna – que expresión tan desafortunada ¿acaso hay malas cunas?– y se convirtió en trabajadora textil en Valencia, para organizar las comisiones obreras, para defender las libertades ante una patronal crecida en tiempos de dictadura, para ganar la democracia desde fábricas.
Una valenciana del año 2007 que peleó durante décadas por los derechos de las mujeres. Una valenciana del año que se empeñó en poner en pie, llegada la democracia Ca Revolta, una casa con espíritu independiente, como el de ella misma, abierta al debate político y cultural, abierta a la creación artística.
Una valenciana del año 2007 que se murió de un cáncer más testarudo que ella, que ya es decir, en el 2003, cuando todavía no había cumplido los años.
Aunque ustedes no lo crean, Cristina vino anoche a verme. Tal vez podría decir que lo soñé, pero no estoy segura. Sea como sea, lo cierto es que Cristina estaba allí, sentada junto a mi cama, con sus ojos enormes, brillantes, mirándome fijamente.
–¡Che Cristina–, le dije– te van a dar un premio! Imagínate, el Parlament Valencia…¡Quien nos lo iba a decir!
¡Cosas veredes Mio Cid, que faran fablar las piedras…
–No te enrolles demasiado–, me dijo. –Ve al grano.
Di que la democracia tiene el más alto valor para quienes amamos la libertad. Di que significa pluralidad y que requiere transparencia.
Di que una sociedad libre debe alentar sus espacios para la creación, para la oposición, para el debate.
Di que resulta imprescindible vencer el miedo a la controversia, a estar en minoría.
Di que la vida política requiere de un amplio espectro de opiniones que reflejen la variedad de intereses de tantos como convivimos en una sociedad próspera como la nuestra; una sociedad que tanto hubieran deseados millones de hombres y mujeres que nos antecedieron, y a quienes tanto debemos.
Diles que recuerden que somos hijos y nietos de quienes se vieron abocados a una guerra terriblemy a vivir bajo una dictadura que trató de eliminar la disidencia.
Di que somos cada cual responsables en defender nuestro lugar en una sociedad libre.
¡Caray Cristina! - le dije–, si lo tienes tan claro, ¿Por qué no vas tú?
–No puedo ir, me dijo. No insistas. Pero ni se te ocurra explicar mi vida fue un camino de esfuerzos, sacrificios ni renuncias. Di que viví a conciencia y disfruté cada minuto porque la vida es riesgo y asumirlos ayuda a crecer, a entender también lo que somos cuando estamos vivos.
El sueño se estaba convirtiendo en una pesadilla, porque no daba abasto a anotar el torrente de sus palabras.
El caso es que cuando me desperté esta mañana, mis notas habían desaparecido y ya no recordaba bien si las había escrito o no. Así que sólo puedo decirles que Cristina fue una mujer feliz que vivió comprometida con la gente con la que decidió compartir su vida,. Que hizo política desde ese lugar en el que militan los ciudadanos que están conectados con sus semejantes, desde el corazón.
Y de que quienes la conocimos, muchos la quisimos, otros probablemente solo pudieron admirar su energía para poner en marcha sus proyectos, que siguen tan vivos, como su espíritu.
Por Cristina Piris.
En nombre de sus amigos, de su familia, de Ca Revolta, muchas gracias.
Muchas gracias a quienes propusieron su nombre entre las candidatas. Muchas gracias a quienes la incluyeron entre esas mujeres imprescindibles en nuestra historia.
Una historia construida con la fuerza, la resistencia y la alegría de millones de mujeres anónimas creadoras y recreadoras de la vida.
Gracias.
Llum Quiñonero. Valencia, 8 de marzo de 2007
1 comentario 12 Marzo 2007
Domingo, 23 de octubre de 2005
ANTE la proliferación de los llamados historiadores que se dedican a tergiversar los hechos y a sustituir el silencio que ha llenado ciertos periodos de nuestra historia por interpretaciones absolutamente falsas, libros como ‘Nosotras que perdimos la paz’, de Llum Quiñonero, nos devuelven la fe en aquellos que recuperan la memoria histórica documentando honestamente lo que describen. Y con esto no quiero decir que aquellos pseudos historiadores no documenten sus historias, sino que los documentos aportados adolecen de la misma falsedad que la propia interpretación de los hechos de los que hablan. Y frente a ellos es bien reconfortante un libro como el que nos ocupa, escrito con sencillez y veracidad, y basado en las palabras de las mismas protagonistas y sus propios documentos y los de las bibliotecas y hemerotecas para que no haya duda sobre su fidelidad a los hechos.’Nosotras que perdimos la paz’ reúne el testimonio de cuatro mujeres: Trinidad Gallego, Concha Pérez, Rosa Cremón y Conchita Liaño Gil, todas ellas luchadoras apasionadas contra el golpe de Estado del general Franco, del que en el 2006 se conmemora el 70 aniversario, y la interminable dictadura que lo siguió. Mujeres de humilde condición que se formaron en los principios de la defensa de los trabajadores, de la democracia y de la libertad y que por ello sufrieron persecución, cárcel y exilio. Estas mujeres nos cuentan su historia y nos dan el testimonio de su lucha clandestina durante la dictadura y las vejaciones sufridas en las cárceles, donde resistieron con temple los sufrimientos de tantos años de aislamiento, y los conflictos familiares y económicos a los que tuvieron que enfrentarse por mantener intacta su ideología. Y hoy, ancianas, con toda la vida hecha, se nos presentan con esta misma ideología incólume, como si la traición de un general no las hubiera despojado de décadas de vida libre y democrática.