Encarna, Angeles, María, Emerenciana, Ana, Pilar, Silvia, Victoria, Neli, Rosa, Angustias. El taller se celebró en Andorra, Teruel, y acudieron a él 22 mujeres. Un grupo heterogéneo que enriqueció y dio profundidad a los relatos de cada una. Las mujeres jóvenes y las mayores honraron la memoria de las valiosas hembras que les precedieron. Compartieron las historias que han llegado hasta ellas y hablaron de los silencios, de los secretos que tanto espacio ocupan en las familias. Las que nacieron durante la Guerra y en la dictadura, nos condujeron por senderos estrechos, atravesados con tremendos esfuerzos, con mucha inteligencia y pocos medios. Las nacidas en democracia, hablaron de su deseo de vinculares a quienes tuvieron una vida más difícil y supieron generar recursos para sacar adelante a su gente. Hablamos de partos, de cocina, de suicidios, de costura, de resistencia, de crianza, de trabajo asalariado, de negación de derechos, de aislamiento en los hogares, de aprendizaje, de emigración y desarraigo, de religión, de canciones, de renuncias y de espacios conquistados. Hablamos de vecinas, de tías, de abuelas alegres y tenaces y de mujeres amargas que sobreviviron a su dolor. A todas ellas, les hicimos un hueco en nuestra memoria.Hablamos de miedo y de esperanza.
Estas son algunas de las imágenes que compartimos y que sirbvieron para ir tirando del himlo para construir los relatos de sus vidas. Gracias a todas por compartir con tanta generosidad vuestras historias.
Andorra, la tercera ciudad turolense, es un pueblo próspero, en gran medida, gracias a su central térmica. Su ayuntamiento, a través de la Casa de Cultura y de la Universidad Popular, me invitó a dar una conferencia y a realizar un taller que duró dos intensas jornadas. Unos días de sol y cielos azules que coincidieron con el brillo de la perezosa primavera de este año y los almendros en flor. Gracias por contar conmigo.
Soñé que era posible llevarlo a cabo cuando tras oir las historias de Trini, de Rosa,de Concha Pérez, de Enriqueta Gallinat, de Angelita Rodríguez…pero de qué modo reunir los apoyos para una tarea que parecía no interesar a casi nadie en la vida pública.
Mi búsqueda había comenzado antes. Desde principios del año noventa, andaba yo detrás de los testimonios para construir lo que, entonces, yo quería que fuera un guión de ficción. Mi deseo era relatar el final de la guerra en Alicante con las mujeres mujeres como protagonistas. Comencé a buscar y a encontrar.Y lo que iba a ser ficción se convirtió en testimonio documental. No me sent´capaz de crear una ficción más emocionante que sus testimonios en sus propias voces.
En Barcelona, durante las Jornadas Feministas de 1995, pude conocer a Enriqueta Gallinat, a Rosa Cremón, a Concha Pérez, Victoria Carrasco, Trini Gallego… allí estaban testarudas, viejas, brillantes dispuestas a hacerse oir, cargadas de razones, de historias, de emociones… Nos contaron sus historias y la sala repleta de mujeres, prorrumpió en un aplauso inacabable tras escucharlas, todas puestas en pie, como abrazándolas.
Poco despué pude hablar con Curra Ortiz, que era, en 1998 la directora del programa de TV2 La Noche Temática; le hablé de mi idea y aceptó entusista la propuesta de un documental sobre las mujeres y la guerra que se realizó con un equipo de la TVE y que posibilitó, entre otras, el viaje de la anarquista Conchita Liaño desde Caracas a Madrid y a Barcelona para el rodaje y las entrevistas.
Cuando escribo esto, Trini Gallego, Conchita Liaño y Concha Pérez siguen disfrutando de su vitalidad de nonagenarias. Por ellas y por tantas otras como ellas.
Mis agradecimientos a todo el equipo de La Noche Temática, que se entusiasmo con el proyecto.
Me llega desde Bogotá la magnífica noticia de que a la dirigente política y feminista Gloria Cuartas le ha sido otorgado el Premio Edicto de Nantes, 2008. Un reconocimiento a su lucha en defensa de la paz en Colombia. Es, por supuesto, una nueva de esas que esponja el alma, que conforta, porque abre espacios de luz para quienes, alejados del poder, no tienen más que su propia voz para hacerse oir. Gloria es una de esas mujeres capaces de remover las montañas el la búsqueda de espacios en los que sea visible lo invisible. Posee el arrojo, la decisión, el amor y la inteligencia necesarios para aunar esfuerzos y reunir los caudales de energía que en Colombia se multiplican en la búsqueda de una sociedad pacificada en la que los derechos humanos sean respetados.
El Premio Edicto de Nantes 2008, mira Colombia, ve a esta pequeña mujer de fuerza incalculable y reconoce la multitud de voces que representa. Premiarla es como asegurar el agua al sembrado, ampliar los cauces para que los esfuerzos de quienes creen que otra Colombia es posible amplien sus propios ecos.
Edicto de Nantes, en el Foro de Nantes
Bajo el espíritu de “Paz en libertad”, el Premio Edicto de Nantes, dotado con 15 mil euros, fue establecido en 1990 por el Ayuntamiento de la ciudad, como parte de las celebraciones por los 400 años de la promulgación del Edicto de Nantes (Abril de 1598), instrumento que puso fin al conflicto religioso de 37 años de duración y que causó ocho guerras en Francia, a partir de marzo de 1562.
El Edicto de Nantes está inscrito en la historia mundial de la conquista de las libertades públicas e individuales.
El premio Edicto de Nantes nos devuelve la mirada al siglo XVI, cuando Europa se desangraba en guerras de poder cuyo argumento era la religión. El edito de Nantes fue un paso hacia la paz, hacia la convivencia en un proceso de largo alcance sin principio ni fin en el que todavía seguimos y que entonces enfrentaba a católicos y reformadores. Europa ha construido su convivencia en paz tras siglos de violencias que la agotaron, que estuvieron jalonadas de propuestas de paz en los que la esperanza dejó lugar para la vida. Celebremos el Edicto de Nantes, la tolerancia hacia quienes reclamaban una sociedad en la que el papado y el clero no dominaran las conciencias de todos y la vida de los sin nada. Celebremos la mirada a cada una de las propuestas que tienden nuevos puentes hacia la convivencia posible. Celebremos que el tercer Foro de Nantes nos traiga los aires de las gentes de América que también reclaman –como los hugonotes calvinistas– una paz con derechos.
Enhorabuena, Gloria, gracias por dedicar tu vida a esa ingeniería fundamental para la paz y para la vida que no es otra que la indispensable capacidad de construir puentes para que hombres y mujeres transiten la historia con su propio nombre.
Organizado por la Escuela de Empoderamiento de Arrasate-Mondragón. 23 y 24 de mayo.
Durante el transcurso del taller iniciamos una mirada a la historia colectiva desde la perspectivas de las propias biografías. Pudimos iniciar una senda: La de descubrir quienes somos a partir del contexto en el que hemos crecido. Buscamos en nuestros linajes a las mujeres que han hecho posible nuestro presente; encontramos vacíos, esfuerzos, alegrías y sufrientos. Encontramos dolor, miedo y mucha energía. Nos topamos también con silencios y con mucho desconocimiento.
Una propuesta para ampliar nuestra mirada sobre la historia, sobre la memoria. Un ejercicio de acercamiento que nos ayuda a buscar el lugar de cada cual, a dejar en el pasado lo que al pasado corresponde y afrontar el presente con los recursos que hemos heredado y que están a nuestra disposición.
Una realidad con múltiples vértices susentados por mujeres que se hacen visibles al mirarlas. No hay Historia sin historia individual.
¿Cómo afrontar la historia colectiva común si apenas nos atrevemos a mirar la propia historia? Nos preguntamos. Y comenzamos el camino.
Buscar la sintonía con nuestra propia historia, ejercitar la percepción más allá de las palabras, escuchando los silencios, lo que dice el cuerpo cuando la voz calla. Hacer un homenaje al linaje femenino del que procedemos.Nuestra propia genealogía abre las puertas de nuestra historia. Nos conecta con ella, con los esfuerzos de las mujeres que nos han precedido. Si construimos las ramas del árbol del que formamos parte, reconocemos el papel determinante de nuestras antepasadas. No hay memoria sin memorias, y estas son las múltiples verdades que llenan de arrojo, de energía, de dolor, también de alegrías cada uno de los momentos de la biografía de quienes construimos este presente del que somos responsables.
Imágenes tomadas durante los tallares celebrados en Ermua y Ondarroa el pasado mes de marzo y abril.
En Ermua compartimos el taller con dos mujeres recién llegadas de El Salvador. Una de ellas, guerrillera durante doce años de guerra en su país, nos acercó a la experiencia de la guerra cercana. La acompañamos en su emocionado y doloroso relato. En cada uno de los talleres, entramos en escenarios de emigración, de epopeyas silenciosas protagonizada por abuelas y por madres y llegadas a Esukadi desde Extremadura, de la Rioja, de Galicia … escenarios de esfuerzos incontables, de búsqueda, de resistencia, de abandonos y de reconciliaciones, escenario de amores realizados y también de amores imposibles.. Recorrimos silencios y relatos incrustados en nuestras vidas; retomamos historias mil veces contadas, y ausencias inexplicables. Les dimos nombres a las mujeres esenciales de nuestra existencia. Una tarea imprescindible para aceptar ser quienes somos, para elegir nuestro propio camino, sin enemigos ni aliados prestados ni heredados.
A través de diferentes propuestas de trabajo en común, tratamos de escuchar el relato de las otras, de contar el nuestro propio, de ser protagonistas y observadoras, en un ejercicio de entender la realidad como un espacio del que formamos parte como sujetas activas.
A través de diferentes propuestas de trabajo en común, tratamos de escuchar el relato de las otras, de contar el nuestro propio, de ser protagonistas y observadoras, en un ejercicio de entender la realidad como un espacio del que formamos parte como protagonistas.
En la memoria de las mujeres de Ondarroa, el mar, como no podía ser de otro modo, está de fondo.
Gracias a todas y cada una de ellas por compartir sus emociones y su propia historia. Gracias por el esfuerzo de hacer posible la construcción de la propia memoria entre la memoria de las otras. Gracias por decir en alto el nombre de las mujeres que son o fueron sus abuelas, sus ayas, sus vecinas y que les dieron fuerza para seguir viviendo.
Puerto de Alicante. 2007. La Comision Cívica para la Recuperación de la Memoria Histórica convoca una marcha desde el puerto a La Goteta. 11h. Domingo, 1 de abril, 2007.
Celebremos que vivimos en libertad.
Manuel Azaña, presidente del la República, Barcelona, 1938. Discurso en el Salón de Cent del Ayuntamiento de Barcelona:
“Es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que se acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordaran, si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres, que han caído embravecidos en la batalla luchando magnánimamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a sus hijos: Paz, Piedad y Perdón”.
Veo en Azaña a mi abuelo Alberto Hernánez Giménez. Siento que se le parecía, aunque no fuera un hombre de estado, ni mucho menos. Solo un maestro metalúrgico; un artesano que defendió su casa y su familia como pudo, un hombre bueno, modesto, enamorado de por vida de mi abuela. Lo imagino a él diciendo lo que dijo Azaña, deseando paz a los que vinieran después, una paz posible, donde los ideales grandiosos no existieran a costa de la vida de los otros. Murió en 1968, había nacido en Argelia, hijo de la emigración que acerca las orillas del mediterráneo. Casó con mi abuela Encarna Estebe en 1923. Se fueron a vivir a la calle San Ildelfonso, donde también tenía su taller que luego, acabada la guerra, pasó a la calle Bazán, 36. En el mismo lugar que fuera la sede de la logia masónica de la ciudad, ilegalizada en los años de la dictadura. El taller de mi abuelo se llamaba: Alberto Hernández Cromados, niquelados, bronceados y baños de plata.
Esta es mi abuela materna: Encarna Esteve Benito, nacida en la partida del Barcarot, el 2 de agosto de 1902.
De mis abuelos, nacieron Encarna Hernández Estebe, mi madre, y mi tío, Alberto Hernández Estebe, además de un primer varón que murió con pocos días. Ninguno de ellos me habló de lo sucedido en el puerto, ni de los terrores de la guerra entre hermanos. Ahora sé que con su silencio nos protegieron, alejando el dolor de nuestra infancia todo lo que estuvo de su mano.
Que la memoria nos ayude a aceptar lo que somos y de dónde venimos. Que valoremos el precio que pagaron por nuestra paz presente los hombres y mujeres que nos han dado la vida.
Faltan Juana Plaza y Vicente Quiñonero, mi abuela y abuelo paternos, de quienes no tengo apenas información. El fue herrero en Nador, Marruecos, cuando era territorio del protectorado español y murió antes de que naciera mi padre. Ella, murió en Alicante.
Mis padres se casaron el 29 de septiembre de 1951, en la iglesia de San Nicolás. Mi padre era entonces ferroviario, interventor en RENFE pero pasó a buscarse la vida con otros proyectos empresariales. Encarna, mi madre, había trabajado desde que acabara la guerra, ayudando al abuelo e el taller mientras estudiaba algunas nociones de contabiliad en la Academia Coch.
Mi madre dió a luz a cinco hijos: Pedro, Mari Luz, que soy yo, Adela, Marián y Silvia.
Mis abuelos tenían huerto entre el Plà y el Barrio Obrero, cerca de la Goteta, en una zona que se llamaba Fondo Roenes, cerca del Campo de los Almendros, como Max Aub titulo el libro donde narró su paso por el puerto de Alicante. Yo pasé mi infancia en ese paisaje.
Esta foto donde aparecen mis abuelos, mi hermana Adela y yo misma, camuflada detrás de mi abuela. Solo asomo la mano y la pierna.
Las imagenes están tomadas en el huerto, en 1961 y 1964. El encargado de las fotos era Vicente, el hermano de Vicenta, la vecina, que eran de Orcheta. Tenía su pequeño estudio de fotografía en la calle San Francisco, casi esquina Castaños; era manco.
Llum Quiñonero en la Escuela Nacional Unitaria. Barrio Obrero. Alicante. 1961.
Hasta llegar a nuestro presente, en el que los hombres y las mujeres que nacimos de aquellos podemos atrevernos a mirar el pasado y respetar su memoria, su dolor, su valor, su resistencia. También su silencio.
Y la historia sigue mientras pienso en Azaña, en sus palabras, paz, piedad, perdón, y me acuerdo también de mi abuelo, muerto en l968 y de mi padre, Pedro Quiñonero Ramírez que murió en 1981, sin que pudiera decirle lo mucho que siempre le he querido.
Esta es la foto de Eulalia, bisabuela de Judith Rodríguez Álvarez. A Judiht la conocí en noviembre en su instituto, cuando fui a dar un pequeño taller sobre la Memoria Histórica. La mayor parte de los jóvenes desconocen en gran medida las peripecias de sus padres o de sus abuelos para sobrevivir. Pero Judhit ha recibido de su abuela algunos relatos de hechos trascendentales para su vida y la de sus descendientes. Esta es la nota que Judhit me envía con la primera foto:
Bueno yo soy una alumna del I.E.S Albarregas, al que viniste en noviembre. Yo soy la que contó la minihistoria de mi abuela. El caso es que dije que mi bisabuelo era maestro pero en realidad era ayudante en el ayuntamiento. He cometido este error porque creí haber escuchado a mi abuela decirlo, pero en realidad no es que fuera maestro, sino que cuando venía a Aljucén (Badajoz) enseñaba a los niños voluntariamente. Mi bisabuelo además era propietario de unos molinos cerca de Las Labores (Ciudad Real). Cuando triunfó la dictadura de Franco tuvo que entregar todas las escrituras y se quedó sin nada.
Hace poco encontré unas fotos muy antiguas en las que aparecen los hermanos de mi abuela con fusiles. Eran Republicanos. Tuvieron que pasar muchos días escondidos en lo alto de un árbol. Y otras tantas fotos de mi bisabuela con su mandil, su moño… Pero lo que más me ha impactado ha sido encontrarme con una foto de mi tatarabuelo (el padre de mi bisabuelo) vestido con un traje y camisa y también me ha sorprendido encontrarme las fotos en tan buen estado. Es un gusto que mi abuela haya guardado todas esas fotos porque de forma indirecta he conocido a muchos de mis antepasados. Con este e-mail te mando la foto de mi bisabuela que se llamaba Eulalia. A ella le raparon la cabeza y la metieron en la cárcel.
Ayer murió Elvira de Juana Cremón. Solo sobrevivió a su madre 11 meses. Como no tengo ninguna foto de ella, pongo la de su madre, la mujer a cuyo destino ha estado ligada inseparablemente.
In memoriam. Siento que cuando era niña, la escuchaba sin saberlo, entre los almendros abandonados de mi infancia; esos almendros en los que ella vio la luz de un mundo que le negó la esperanza. Su llanto de vida lo he vuelto a escuchar hoy mismo, junto al único almendro testigo de los hechos que sigue en pie.
Elvira se hizo un hueco en la vida mientras pudo; creció con el silencio, los secretos y el dolor como alimento. Hija de presa comunista, vivía en la irrealidad de no ser quien era en ningún lugar salvo al otro lado de las rejas, cuando visitaba a Rosita, su madre en la cárcel de Ventas o en la prision de Segovia y aún allí, ambas guardaban un secreto.
Nació en el campo de los almendros, en Alicante, el mismo día que a su madre la condujeron entre otros miles de derrotados, desde el puerto, donde esperaban los barcos que nunca llegaron.
Creció sin sus padres, ambos comunistas y encarcelados. Su madre, Rosita Cremón, que llegó a España con las Brigadas Internacionales desde Francia, pasó 14 años en las cárceles de Franco. Elvira, creció con su abuela paterna y sus tías, hermanas de su padre; iba a visitar a su madre mes tras mes A veces, lograba llevarle un melón o alguna fruta; mientras fue niña pudo pasar con ella el día de la Merced, en la cárcel. Después, solo la veía en el locutorio.
A ella le correspondio una larga lista de calamidades, soledades por ser hija de Rosa y de su padre, Eusebio. El padre salió pronto de la carcel pero ella siguió viviendo a cargo de su abuela. Trató de ser una mujer independiente y libre, de estar a la altura de una madre que renunció a todo por sus ideas. Trató de encontrar el lugar que le correspondía en la vida pero no estaba muy segura de conseguirlo. Cuando Rosita murió en diciembre de 2005, Elvira estaba con ella.
Que ahora Elvira descanse en paz, se lo merece desde el justo momento que fue concebida.
Hace más de diez años que comencé mi propia investigación sobre lo que significó la derrota de la República. Nosotras que perdimos la paz (Madrid, 2005, edit. Foca) es mi particular homenaje a las mujeres que nos han traido hasta nuestro presente.
El libro va acompañado del documental Mujeres del 36, producido por La Noche Temática y el canal Arte en 1998, en el que trabajé con un equipo de TVE. Duración 82″.